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Se busca joven apuesto Pantherstock

La brecha generacional ya no es un estorbo. Pero, ¿por qué nos gustan los hombres cada vez más jóvenes? Entérate aquí:

Una vez más, como todos los jueves, nos juntamos con mis amigas en la cena de chicas. Esta vez, la consigna era volver a mirar fotos de ex novios. Más allá de las risas y las burlas sobre las vestimentas del pasado (¡malditos ochenta de hombreras!), nos dimos cuenta de que todas coincidíamos en algo:
salíamos con tipos grandes. Sí, Sí, hay una cierta etapa en la que los chicos de nuestra edad atrasan o al menos es la sensación que uno tiene. En ese momento, nos sentimos más adultas que ellos, ja, ja... ¡Pobre de nosotras!

Ahora bien, si salíamos con señores grandes, eso quiere decir que había hombres más chicos que quedaban totalmente en pañales. Es decir, que ellos, al no tener chicas disponibles de su edad, inevitablemente debían buscarse mujeres aún más chicas para salir. Y es ahí, señoritas, cuando les creamos el vicio de buscarse menores. Nosotras rompimos la cadena y les creamos el hábito.

 Nosotras, al buscar chicos más grandes para equiparar madurez, no les dejamos otra salida. Y, después, a ellos, se les hizo costumbre eso de andar buscando pequeñitas por la vida.

Ahora bien, pasados los años, los de ellos, digamos a los 40 y pico, por dar un ejemplo. Cuando empiezan a verse viejos y se quieren sentir más jóvenes, nos dejan por una de 20. Así, cual vampiros, se apoderan de su juventud y comienzan a creerse ellos también de 20 y empiezan a tener actitudes rarísimas, como vestirse de raperos frustrados. Y nosotras, como siempre somos buenas y comprensibles (disculpen la ironía), nos sentimos en la obligación de equiparar la cosa y nos apiadamos de esos jóvenes de 20 que están con nuestros ex maduros, y los adoptamos de puro buenas que somos.

Entonces, resumiendo y pasando en limpio, las mujeres maduras que ahora salimos con niños jóvenes (por citar algunas como Cameron Díaz y Demmi Moore), solo estamos con jovencitos para no romper la cadena y evitarles a esos pobres jóvenes abandonados tanto dolor. Es decir que nosotras, las maduras, no estamos con jovencitos porque se la pase brutal con ellos, porque rinden más que los ex maduros, porque nos hacen sentir vivas, porque se maravillan ante nuestra experiencia, porque está buenísimo salir con un bombón y que las demás mueran de envidia, o porque a ellos la experiencia les fascina y a nosotras nos encandilan sus abdominales. No, no, no, nada de eso. Ahora nosotras impusimos esta nueva moda de jóvenes bellos en nuestras alcobas solo de pura caridad, para no romper la cadena.

Y por eso, hemos llegado a esta realidad: ellos con jovencitas para sentirse jóvenes y nosotras con jovencitos ¡porque está buenísimoooo!. ¡Uy, perdón!, me pasé de efusividad. Me corrijo: nosotras con jovencitos porque... ¡Qué se yo, señoras!, porque somos mujeres y de chicas los queríamos grandes y de grandes los queremos chicos, y así es la vida. Las que nacimos con pelo lacio queremos rulos, las de rulos anhelan el lacio, las de grandes nalgas queremos ‘Pechos’ grandes y las ‘pechugonas’ prefieren caderas anchas como Shakira. Es que en la variedad está el gusto y si de gusto se trata, ahora en mi madurez, un jovencito guapo en busca de experiencia no me vendría nada mal.
                                                             

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