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Sobrevivir a los hijos de tu novio: un reto de grandes proporciones

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Sobrevivir a los hijos de tu novio: un reto de grandes proporciones Pantherstock

Aquello que conocíamos como la familia ‘estándar’ tiene cada vez más combinaciones. Los chicos de hoy se ajustan a padres viviendo en casas separadas, a las novias de papá, a los novios de mamá... y es en estos tiempos en los que nos encontramos con nuevas situaciones, en donde la persona que eliges, ya tuvo alguna experiencia de pareja, y sus consecuencias.

        El amor golpeó a tu puerta y no lo pudiste ignorar. Es un poquito mayor que tú. Un profesional, buen mozo y caballero. Casi perfecto. El ‘casi’ se debe a que el ‘Romeo’, ya tuvo una ‘Julieta’, y tuvieron dos niños. Comienza el juego.

Desde que lo conociste estás en las nubes. Las pasas genial. Es un divino. Pero cuando te informó que tiene una hija de 6 y un varón de 15 años, sentiste que te pusieron el freno de mano. No sabes qué responder y solo atinas a refugiarte en el baño. Te quedas en el lugar, sentada en la loza fría, meditando.

Después de exponer la situación con tus amigas, familiares, la sicóloga, compañeros de trabajo, en un programa de radio y en la cola del supermercado todos coincidieron en que si estás enamorada sigas con la relación. Avanzas, festejando el reencuentro.

Una tarde invitas a los chicos a merendar a tu casa (sí, tienes tendencia a la reincidencia). Meriendan de todo. Por la noche recibes un llamado de la ex para comentarte que tuvo que ir a la guardia del hospital porque la nena vuela de fiebre producto de un terrible mareo y el nene no puede salir del baño por tu merienda. Pierdes la objetividad y te entra un ataque de culpa.

A pesar de los infortunios, la relación sigue y hoy hace un año que están juntos. Lo festejan con una cena increíble. Se desata una tormenta y todo indica que en la habitación también se viene un vendaval. Suena el timbre. Es un taxi, la ex le manda a la nena porque le tiene miedo a la tormenta. Avanzas, por no saltar por la ventana.

Decides asesorarte por profesionales. Visitas a los hijos de una amiga y te pones al tanto de todo. Para la noche, invitas a las chicos y a tu novio a casa. Después de comer, se van los cuatro a la cama con un tazón de golosinas y palomitas de maíz a hacer un maratón de High School Musical, zombis y vampiros. Te despiertas contracturaza, con la pata de uno cruzada en el estómago y hormigas por todos lados. Sigues avanzando, gran estrategia.

Recaída.
Por más que te esfuerces, los chicos no dejan de hablar de la madre cuando están contigo. Y las comparaciones son constantes. ‘Mi mamá hace esto así’, ‘Mamá siempre...’, hasta que en una de esas comparaciones, la más pequeña dice algo genial: ‘Tú eres más linda’. Avanzas aún más sabiendo que tus milanesas no están buenas, pero ¡que tremenda figura que te gastas!

Por alguna razón que desconoces, te llaman del colegio de la nena, citándote porque ella golpeó a una compañerita. En realidad, pones la cara para que una maestra te dé un sermón de 45 minutos y te pone al tanto de que la niña es la tercera encarnación de Satán. A pesar del asunto, guardas el secreto. Y con este simple gesto te ganas el corazón de la pequeña. Avanzas más lugares por buena pata.

Tras unas semanas de separación, hacen una cena en tu casa para presentarte a los ‘angelitos’. Cocinas como una loca todo el día. Después de las presentaciones, se sientan a la mesa, el varón dice que no tiene hambre y la nena, que la comida no le gusta y que quiere hamburguesa. Te quedas sonriente en el lugar pensando que tienes 8 kilos de carne y papas españolas para tirar.

Sabes que no va a ser fácil, así que tomas las riendas del asunto. Te citas con Ana, una amiga a la que no veías hace mucho, pero que empezó su relación igual. Al ver a Ana, te encuentras con una mujer con los nervios destruidos que te dice que huyas, que los chicos son de lo peor; la ex, una bruja, y que el príncipe azul se transformó en un gordo depresivo. Retrocedes.

Te quieres zafar de la recaída, decides ir por un chico a la vez, así que invitas al cine a la nena. Lo pasan genial hasta que en el amontonamiento de la salida se te pierde la niña. Se fue al baño sin avisarte, cuando vuelve, te ve gritando su nombre, con el maquillaje chorreando por las lágrimas, subida en el puesto de golosinas del hall, y cuatro policías intentando bajarte. Te quedas en el lugar en silencio.

Decides ganarte al mayor. Lo pasas a buscar a la salida del entrenamiento de Rugby. Llegas unos minutos antes para verlo jugar. El pobre es malísimo, pero igual le gritas palabras de aliento. Solo logras que se avergüence y los amigos te chiflen y te griten piropos. ¡Genial! Te aseguraste que el chico no te hable por un año. Pierdes la jugada por olvidarte cómo fue tu adolescencia.

Antes de esperar a que las cosas vayan funcionando lentamente y se vayan conociendo, piensas en acortar el camino. Y empiezas a regalarles ropa, juguetes, libros, música, películas, etc. Esto parece funcionar, pero la cruel realidad atenta contra tu necesidad de aceptación y amor de unos niños, y te envía el resumen de la tarjeta. Avanzas un lugar con la certeza de que la plata no llega a fin de mes.

Los angelitos empezaron a mostrar su verdadera cara. Fuiste a cenar y después de que ellos se fueron a dormir te quedaste con él para unos merecidos mimos. Pero en cuanto la cosa se empezaba a poner buena, el mayor se levantaba a buscar algo, o la menor pedía a gritos pelados un vaso de agua... etc., etc. Avanzas dos lugares con la convicción de que esto se va a poner cada vez más difícil.

Es viernes. Tu novio en compensación con tus esfuerzos y paciencia te sorprende con un finde romántico en la costa. Pero en cuanto llegan, él recibe una llamada de su ex diciéndole que puso al varón en un bus, porque no se quería quedar con ella. Piensas en tirarte al mar como Alfonsina Storni. Retrocedes un lugar, masticando rabia.

Llevan al chico a un cumpleaños de 15. Es la primera fiesta a la que va. Te das cuenta de que le gusta una chica. Entonces, lo llamas aparte y le das unos consejos sencillos, tales como ser galante y gentil, cosa que a esa edad ignoran. A la vuelta, cuando lo vienen a buscar, te agradece los consejos, y aunque no lo dice parece que se ligó un beso. ¡Sí! Gran jugada, avanzas dos lugares.

Poco a poco, notas que la relación con los chicos ha cambiado para bien, charlan, y ves una gran aceptación de tu noviazgo con su padre. Misteriosamente, ya no caen un sábado a la noche sin aviso ni ponen más laxantes en tu café ni te esconden los anticonceptivos. Te encaminas triunfante hacia la meta.

¡Ganaste!
Si llegaste hasta aquí, querida amiga, y no has perecido en el camino, se puede decir que pudiste SOBREVIVIR A LOS HIJOS DE TU NOVIO.
                                                       

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