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¿Sufres de bondad crónica? Las claves para no ser un ángel ni una bruja

¿Sufres de bondad crónica? Las claves para no ser un ángel ni una bruja Foto: Thinkstock

Una cosa es ser una “bruja” y otra muy diferente es dejarte llevar por la corriente con tal de cumplir los deseos de los demás. En nuestro afán de ser aceptadas caemos en el grave error de sufrir la enfermedad de la bondad. Hay un punto medio que debes encontrar para que no te “vean la cara”.

Ninguna persona está exenta al incómodo momento de entrar por primera vez en algún círculo social. Todas tenemos que pasar por ese proceso, y en medio de las ganas por acoplarnos, hacer amigos o simplemente estar bien con los demás, actuamos de manera exagerada o damos todo sin importar hasta qué punto pasen por encima de nosotras: con nuestro novio o esposo, con nuestros amigos, compañeros de la universidad o del trabajo, con nuestra familia.

Convertirte en una mala persona no es la solución para curar ese mal de “bondad crónica”. Pero debes establecer límites entre lo que es dar lo mejor de tí y dejar de pensar en tí. La escritora Ana von Rebeur nos propone un práctico test para que identifiques hasta qué punto eres demasiado buena.  

Sufres de bondad crónica si….
Con tus amigos

•    Te sientes sola aunque estés rodeada de gente.
    Siempre te incumplen citas.
    Aunque tu círculo social sea bastante amplio gracias a los contactos que haces con personas del barrio, de la universidad o del trabajo, no tienes alguien en quien puedas confiar plenamente y a la que llames tu “Mejor amiga/go”.
•    Te acuerdas y te apuras por celebrar los cumpleaños de todos tus amigos, pero cuando llega el tuyo todo el mundo parece olvidarlo.
•    Eres la que siempre invita.
    Todos tus amigos te deben plata y te avergüenza pedirla de vuelta.
    Te llaman cuando necesitan un favor.

Con tu pareja
•    Tu novio o esposo no te tiene en cuenta a la hora de tomar decisiones de pareja. Él cree tener la solución a todo, no consulta tu opinión y dejas que él finalmente sea quien decida.
•    En una discusión, siempre eres la culpable.
    Todos tus orgasmos son fingidos.
•    Dejas que todos los fines de semana él comparta con sus amigos y amigas sin importar que cancele planes contigo. Crees que no debes convertirte en una novia cantaletuda de aquellas y que se merece un descanso de tí.
•    Eres la que siempre paga las salidas. No quieres sentirte como una “mantenida”.
    Sigues saliendo con el mismo hombre que te puso los cachos, que te deja plantada y que te grita cada vez que está de mal humor.

Con tu familia

    Ni tu esposo, ni tus hijos ni tu perro te hacen caso.
    No manejas tu dinero.
•    No pides ayuda en los quehaceres del hogar. No hay necesidad de repartir labores cuando tú puedes hacerlo todo sin ayuda.
•    Pedir un permiso para salir con tus amigos y amigas se convierte en una odisea, y eso que lo haces una vez cada dos meses.
•    Sales con el hijo de tu vecina o amigo de tus padres, solo para darles gusto.
    Tu suegra siempre te da indicaciones de cómo hacer las cosas. Juiciosamente, obedeces aunque sea tu casa. Antes que generar conflicto, prefieres callar y hacer lo que te piden.
    Eres la que siempre sirve la comida, levanta la mesa y lava los platos.

En tu trabajo o estudio
•    Tu jefe te tiene para hacer mandados aunque no te ofrezcas.
•    Siempre eres la que le ayuda hacer la tarea a tu amigo enfermo, al que se trasnochó en una fiesta y no alcanzó a presentarlo, a tu amiga que le dio pereza o al compañero que apenas conoces pero que crees necesita de tu ayuda más que nunca.
•    No te atreves a corregir a tu jefe o compañeros de trabajo si hicieron algo mal.
•    Te aburres mortalmente en tu oficina y trabajo. No ves la hora de salir y de eso ya hace más de un año.
•    Siempre te ofreces  a realizar el trabajo en grupo. Crees que te rinde más, no se tienen que sacrificar todos y de igual forma, no tienes nada más que hacer.
•    Dejas que tu jefe te delegue constantemente más trabajo del que te corresponde.

Comportamientos comunes
•    Comes cuando estás angustiada, tensa, nerviosa y de mal genio. Crees que es la forma más eficaz de desahogar tus sentimientos.
•    Tu idea de felicidad es comprar ropa y zapatos.
•    Crees que una cirugía estética te va hacer feliz y  subir tu autoestima.
•    Tienes el garaje o un clóset lleno de basura porque no te atreves a despegarte de ciertas cosas, aunque ya no te sirvan.
    Piensas que no estás capacitada para opinar sobre ningún tema.
•    Nunca puedes decir “no”.
•    Al final del día te duele la cara de tanto sonreírle a los demás.
    Solo te sientes bien si eres útil a otros.

4 pasos para ser exitosamente buena y feliz
La línea entre ser segura y ser una “maldita” es muy delgada. No caigas en errores comunes que te llevarán por la codicia, la ambición y el orgullo, porque finalmente, también terminarás sola o mal acompañada.

1.    Primer paso.
Saber lo que necesitas: Cuando eres demasiado generosa con los demás, es porque desconoces tus deseos propios. Identifica qué es lo que quieres para tu vida. Te pierdes en un mar de deseos ajenos para complacer a los demás. Descubre los que has tenido aplazados por años. Enfócate en dos elementos para identificarlos: qué crees que te sucede y qué requieres para suplir esa necesidad.
2.    Segundo paso. Cambiar de actitud. Cambia los “vicios” y crea tus propias actividades en bienestar de tí misma.  Deja de quejarte por todo, sé más apasionada en lo que haces y  pon una meta laboral o académica; si te preocupa tanto tu estado físico, cuidate pero no te castigues como si ser esbelta y sana implicara un esfuerzo enorme como sacrificio; no te encierres en tu casa si no tienes nada que hacer: busca nuevos hobbies , no salgas por compromiso, hazlo estrictamente por placer.
3.    Tercer paso. Desconéctate de todo lo que te impide ser tu misma: No creas en todo lo que te dicen, impón un carácter propio frente a ciertas situaciones, como, por ejemplo, reconocer quiénes son personas influyentes en tu vida y quiénes no. Busca ser única en vez de seguir los patrones de la moda o de los medios de comunicación y sé feliz con ello. No te apegues a tu pareja como si no existiera nadie ni nada más en el mundo que te pudiera hacer feliz o sentir completa.
4.    Cuarto paso. Encuentra un antídoto para cada persona que te hace infeliz: Si hay situaciones que te hacen infeliz, incómoda, te lastiman o te aburren, deshazte de ellas por muy acostumbrada o apegada que te sientas. Al principio será algo duro y seguramente no serás feliz inmediatamente, pero es cuestión de tener el control sobre lo que haces, quieres y tienes.


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