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Adiós Farrah (y adiós Michael... el próximo post será en tu honor)

Susana y Elvira Susana y Elvira

Adiós Farrah (y adiós Michael... el próximo post será en tu honor) Adiós Farrah (y adiós Michael... el próximo post será en tu honor)
Por: Elvira (con colaboración de Susana)
www.susanayelvira.com
 
Murió Farrah y con ella mis últimas esperanzas de ser una gran diva bronceada, de sonrisa perfecta y pelo abundante.
 

Esta vez mostraré más respeto por la finada, del que tuvo Susana por Corín Tellado, pero aun así tengo que aceptar que Farrah nos jodió a todas las que nacimos en la generación post-ángeles de Charlie. Es que ella se convirtió en un referente difícil de igualar. Por culpa de ella las mujeres comenzaron a tostarse bajo el sol (y las que no quisimos someter nuestra piel a semejante tortura, tuvimos que conformarnos con ser unas ranas plataneras), teñirse el pelo de mono y pasar horas con el secador tratando de sacar esas ondas características.
 

Por su culpa las ‘chicas setenteras’ comenzaron a usar increíbles excesos de bicarbonato de sodio en polvo para blanquear los dientes, y más tarde se demostró que los volvía porosos. Y, para peor de males, Farrah le hizo creer al mundo que su pelo era real, y gran frustración la de la ‘brunettes’ de pelo delgado y liso que tuvieron que aguantar extensas jornadas de peluquería, rulos y laca para ostentar al menos una de sus ondas. Pero no crean, yo, Elvira, tengo una belleza bastante diferente a la de Farrah. Nunca me he tenido que poner extensiones y mucho menos me he asoleado tanto como para terminar con la piel color mueble. Pero aun así soy bella. Unfarrahesque...
 

Farrah es la responsable de habernos hecho crecer con mamás obsesionadas por tener el cuerpo de la chica dorada, haciéndonos testigos de las jornadas interminables de aeróbicos al frente del televisor con bolsa de basura debajo de la sudadera para bajar los gordos. Nuestras madres, sudaban al son de los aeróbicos, mientras envidiaban profundamente a Farrah por tener el pelo que tenía, el cuerpo que tenía, la vida que tenía y el hombre que tenía. Ese galán que tuvo a su lado hasta su último segundo de vida, o por lo menos eso es lo que dicen los periódicos. Vaya uno a saber si en realidad O’Neal estaba en el baño cuando ella tomaba su último respiro. Lo que sí es seguro, es que la peluquera de Farrah sí le acomodó sus ondas hasta el último segundo, y seguro se las acomodará en su féretro. Es verdad, si no me creen que se murió al lado de su peluquera, vean esto que salió en People: “Fawcett died at 9:28 a.m. PST on Thursday at St. John's Heath Center in Santa Monica, Calif. She was with longtime partner Ryan O'Neal, friend Alana Stewart, friend and hairdresser Mela Murphy and her doctor Lawrence Piro”.
 

Ryan O’Neil debe estar muy triste. Farrah consiguió a su príncipe azul con el que envejeció como un par de momias aztecas, y fue odiada por muchas hasta que declararon a O’Neil el peor papá del mundo dadas las andanzas de sus desadaptados hijos.

Se supone que uno no debe reírse de la desgracia ajena, pero es que me parece increíblemente divertida la ironía de pasar de ser el hombre más deseado del mundo (quiero que seas el papá de mis hijos) a ser el peor papá del universo (no te acerques a mis hijos, loco de mierda). Pero el equilibrio y la justicia divina existen. Y los cuentos de hadas, no. Por culpa de parejas como estas, uno creció con la idea de que la familia ideal era una mamá con mucho pelo y unas pintas espectaculares, un papá que sólo se podía comparar con el Ken que desvestíamos y no entendíamos por dónde hacía pipí, un golden retriever, y una casa enorme en la playa o en algún lado con viñedos.
 

Otro de los que debe estar muy triste con el fallecimiento de Farrah es uno de los héroes de la adolescencia de Susana, Johnny Bravo. Él decía que la única persona que tenía un mejor pelo que él era, en efecto, Farrah. (De una vez les anuncio que Susana ya dijo que pronto escribirá todo un post dedicado a este gran galán de las caricaturas noventeras).
 
Farrah también nos jodió la vida. Y a nuestras mamás. ¿Ven por qué esta señora nos puso los estándares tan altos? Adiós Farrah. Dejaste una marca inborrable en todas nosotras.
 

Aquí los dejamos con Farrah en su mejor momento: My name is Charlie
 

 

 
 
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