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¡Demonios! Siento celos de mi ‘fuckbuddy’

Susana y Elvira Susana y Elvira

¡Demonios! Siento celos de mi ‘fuckbuddy’ ¡Demonios! Siento celos de mi ‘fuckbuddy’
Por Susana
www.susanayelvira.com
 
Esta semana crucé la línea prohibida. Mientras escribo este post tengo un látigo en mi mano y me flagelo cada tanto. ¿Por qué estoy sintiendo estos celos infernales por el hombre por el que no puedo sentir nada diferente a atracción puramente sexual? Latigazo. Él es libre y yo también. Cada uno tiene su vida, sus parejas y le cae a quien quiera. Latigazo. Pero antes de ayer lo vi hablando con una mujer. Estaba feliz y el ‘flirteo’ era evidente, le sonreía, se le acercaba y tenía esa cara de Don Juan que pone cuando habla conmigo. Desde la distancia lo vi y estallé en ira. Si él hubiera sido mi novio le hubiera hecho una escena de celos. Pero no pude. Tuve que tragarme mi ira y partir con el rabo entre las piernas sin posibilidad de nada. Latigazo.

Antes de continuar desfogando esta ira que aun siento, tengo que hacer un paréntesis y explicar por qué tanto alboroto. Este hombre sin nombre es mi ‘fuckbuddy’, un hombrecito delicioso con el que tiro hace tres años. No puedo recordar cómo empezó esta bonita historia. Lo único que se, y siempre he tenido claro, es que no puede haber nada entre los dos, diferente a sexo, por supuesto. Si yo fuera una puritana sicorrígida nunca hubiera tenido nada con él, lo hubiera dejado ir porque él nunca será el padre de mis hijos. Somos muy diferentes y él no tiene nada que ofrecerme. Aparte de buen sexo. Pero como suelo dejarme llevar por la hormona libidinosa que tenemos todas las mujeres, tiramos una vez y desde ese entonces no he podido parar. Como telón de fondo de cada encuentro clandestino cada uno ha tenido sus historias aparte. Él sus novias y yo mis novios oficiales, de esos que se llevan a la casa. Cada uno le sirve al otro solo en la cama. Ese fue el acuerdo al que llegamos desde el principio, un pacto que nunca verbalizamos, pero que pudimos asumir en silencio como personas grandes que somos.

Por eso no puedo sentir celos. ¿O si? No, no puedo. Siempre he creído que los celos se sienten por alguien que uno quiere, o que, por lo menos, es de uno. Él no es mío y juro que no lo quiero. Latigazo doble. No he querido verlo desde ese día y no le contesto el celular ni los mensajes que me manda por Messenger. Sigo mortificada y confundida. ¿Será que estos celos son una alerta para retirarme a tiempo? No se. ¿Me estoy sobre actuando? Tampoco se. Latigazo. Vamos a ver qué pasa. No es la primera vez que trato de dejarlo y que pienso que ha llegado el fin. Lo que comenzó como un jueguito interesante ya va en esto. Sigo latigándome, mientras entra una llamada a mi celular, es él. Siento mariposas en el estómago. Pero no voy a contestar. Latigazo, latigazo, latigazo.

 
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