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La cueva de los misterios La cueva de los misterios
Por: Elvira
www.susanayelvira.com
 
Viendo con Susana la foto de Madonna que Christie’s subastará, donde aparece la diva desnuda a su tierna edad de 21 años mostrándole al mundo su plenitud selvática, llegamos a una temible conclusión: se necesitan huevas para entrar en la gran cueva de los misterios.
 
A veces me pongo en los zapatos de los hombres. Y debo aceptar que valoro su coraje. Porque si yo fuera hombre, es probable que mi reacción ante la primera presentación de una querida amiga V. hubiera dejado mucho que desear. Hubiera sido como en ‘La tiendita del horror’, cuando la planta ya está enorme y le exige a Seymour que la alimente: Feed me... FEED ME... Feed me Seymour!, y este pobre hombrecito, parado indefenso frente a este monstruo hambriento, no sabe qué hacer para aplacar sus suplicios. Yo sería Seymour, temblaría del miedo ante la imponente presencia de Audrey Junior y me aterrorizaría la idea de que un buen día, de no darle lo que me pide, me convierta en un bocado suyo y ese sería el fin de mis días.
 
Seguramente mi versión es bastante exagerada, pero es que a pesar de que esa cueva es parte innegable de nuestra naturaleza física, es difícil tanto para el anfitrión como para el huésped, conocerla tan bien como conocemos nuestras manos. O como un hombre conoce a su “amigo”. Porque la diferencia está en que en un hombre what you see is what you get, pero en una mujer lo que se ve es una parte ínfima de lo que hay de aquí p’allá. Así que no queda de otra sino armarse de cojones e ir, como dirían los españoles, a por su conquista.
 
Una vez conquistada, los recovecos escondidos empiezan a hacerse evidentes y empieza la difícil tarea de aprender a manejar esta poco estética central de mando. El operario debe entonces entender la lógica de manejo según las conexiones, ser conciente de la cadena de acción/reacción que puede derivar bajar o no un switch, arreglar los cortocircuitos que puede producir un botón mal oprimido, convertirse un maestro del momento apropiado... y sobre todo, optimizar el rendimiento de las tareas propias de la central.
 
Todo este aprendizaje termina llevando a más preguntas que respuestas. La cueva de los misterios se profundiza cada vez más, y lo peor, es que cada cueva guarda sus propios misterios y no hay dos iguales. Hay cuevas en las que hay paisajes del otro mundo, cascadas, aves de oscuridad y baúles repletos de morrocotas, como en una de las películas de la Historia sin Fin. Pero otras, en efecto, están llenas de murciélagos, algunos muertos hace varios lustros y una que otra estalactita mortal.
 
Y ellos, nuestros machos victoriosos, no pierden el espíritu de la conquista ni mucho menos bajan la bandera. Admiro a todos aquellos que se animan a bajar a la cueva, esos son los verdaderos machos que merecen la venia. Si a uno le cuesta trabajo jugar oralmente con el adminículo del chico que está a la vista y sin sorpresas, ¿cómo será para ellos, que aunque saben cómo luce nunca pueden imaginarse con qué se encontrarán?
 
Sólo esperamos que ellos, nuestros machos victoriosos, no se vengan a dar por vencidos después de centurias de exploraciones en el pozo sur. Y que aquellos que han encontrado o no el cáliz por allá abajo, continúen su tarea exploratoria de la oscura y húmeda cueva de los misterios.


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