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Telas viejas que vuelven a hablarle al mundo

Revista FUCSIA

Telas viejas que vuelven a hablarle al mundo Alejandro Crocker, restaurador de telas

Alejandro Crocker es un restaurador de textiles antiguos que ha hecho de su saber una herramienta para convertir viejos vestidos en piezas de arte.

De niño cuando iba de la mano de su madre, era inevitable no reparar en ese universo de colores y formas, moños y trabillas que llevaba ella en sus zapatos. Pero no solo esos tacones eran particulares, sin saberlo,
recorría el mundo al lado de artistas y diseñadores amigos de esa mujer particular que sería para siempre
su musa.

Así, a la vez que iba aprendiendo lo básico de la vida, el venezolano Alejandro Crocker fue adquiriendo un hábito particular que veía reiterativamente en su mamá: tocar toda tela que le pasaban por el frente, como si en el tacto pudiera descifrar la historia de los mundos fantásticos que albergaban esos textiles.

Heredó muchas otras actitudes de una persona que saboreaba el mundo del estilo, pero la que terminó por
marcar definitivamente su vida fue esa recurrencia, casi manía, que tuvo su madre de colectar telas de todo el mundo. No había viaje en el que no se pararan en un mercado, un bazar o la casa de una vieja dama para conseguir un vestido que siempre olía a años pasados y que recordaba su vieja gloria.

“Recuerdo que de niño, mientras estábamos de visita en una iglesia antigua en Italia, toqué un mantico que estaba en un altar y me largué en llanto para que me lo regalaran y me lo pudiera llevar. No sé cómo conseguí que finalmente los curas cedieran y ese pedazo de tela es hoy, después de años de intervención, parte de una obra de arte”.



Así fue como este artista y diseñador terminó por obsesionarse con los textiles antiguos. A partir del amplio acervo que su madre había colectado, y después, él mismo seleccionando sus propios trajes, Alejandro se adentró en la técnica de recuperar la vida de esas joyas hechas vestido que el tiempo había degradado.

Como todo trabajo de restauración, el suyo requiere de infinita paciencia. “Primero, es necesario despojar lo que más se pueda el vestido del color que tenga, luego empezar hilo a hilo a recuperar las fibras y, por último, volver a teñirlo o intervenirlo”, cuenta el creador que después de tener una vida entre Caracas y Miami, llegó a Colombia justamente en busca de esa riqueza textil y complejidad de tejidos que ostenta el país.

Si bien la restauración de textiles es hoy una técnica difundida en museos del vestido y en producciones audiovisuales que recrean novelas de época, Alejandro ha usado su saber para caminar más bien hacia el arte. Sus piezas, si bien siguen siendo prendas de vestir, después de teñidos, reparaciones, intervenciones con bordados y estampados terminan por ser objetos únicos que son la materia de expresión de sus más
profundos sentires.

“Mi interés es regresarlas a la vida actual con diseños contemporáneos inspirados, sobre todo, en culturas milenarias del continente asiático”. En la actualidad, este tejedor de mundos entre la restauración, la moda y el arte, trabaja en un encuentro bautizado Circuito Arte Moda que abrirá sus puertas el próximo 17 de marzo, en el que un colectivo de artistas se ha unido para trabajar mano a mano e intervenir
el trabajo del otro.

Alejandro se encargará de unos textiles que intervendrá Diana Gamboa, la artista plástica especializada en la técnica del origami. Los resultados de esas alianzas se van a mostrar en diferentes lugares de la ciudad y se convierten de alguna manera en la posibilidad de poner a conversar distintos sentires artísticos. La ropa del pasado se transforma así, en manos de este artista, en un objeto nuevo que renace para contar otras historias que vuelven a hablarle al mundo.

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