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Amelia Toro y sus reinvenciones

Fucsia.co

Amelia Toro y sus  reinvenciones La diseñadora Amelia Toro presentó recientemente una colección rica en sus patrones y construcciones.

La diseñadora presentó una colección en la que despliega como nunca antes su pasión por las matemáticas y la arquitectura. Un vistazo a cómo llegó a esos vestidos que están haciendo historia en la Gran Manzana. 

No importa cuántas veces hayamos visto sus creaciones, cuántas nos hayamos sentado a escucharla, siempre hay algo del interior profundo de Amelia Toro que emerge de forma inesperada en sus colecciones. Es como si ella se construyera con cada una de las prendas que presenta, como si se sorprendiera de sí misma al sentarse una vez más a pintar en el cuaderno y a explorar con la tela. En la reciente colección que presentó en una casa amplia, blanca y de líneas propias de los años setenta, en el norte de Bogotá, Amelia delata su pasión por lo arquitectónico.

Creció entre obras; su padre trabajaba en la construcción y desde niña ella fue testigo de cómo una sucesión de ladrillos tenía el poder de crear líneas complejas que alcanzaban el cielo. En esta ocasión sus vestidos desentrañan esos recuerdos que, sumados a sus viajes por las grandes ciudades y a su tendencia natural hacia las matemáticas, la llevaron a crear una colección angulada, de líneas limpias y construidas, en la que crea una geometría propia: “lograr una prenda es al final puro razonamiento abstracto, un juego de números y proporciones, y como esto es algo que siempre, por naturaleza, me ha apasionado, decidí sentarme a jugar en el taller”, cuenta Amelia Toro.

 Fue así como ideó cuadrículas, cortando cuadro por cuadro. Luego las cosió para crear un entramado perfecto, como es el caso de una falda de vuelo amplio, con mucho movimiento. Luego empezó la adivinanza de proporciones. Hacer una escala de ese cuadro hecho para una talla pequeña a una más grande y lograr que todas las piezas siguieran funcionando de la misma manera no fue tarea sencilla: “siempre cuido del movimiento, es allí donde hago que resida la seducción en mi ropa”, sentencia la diseñadora que recurrió a esta exploración, en parte, también para darle al crepé, la tela que la define y con la que se la puede identificar, otra vida.

“Así como uno reconoce a Chanel por el tweed y a Valentino por el color rojo, dos materiales han atravesado todo mi trabajo: la muselina de algodón y el crepé. Pero este, en particular, es muy plano, así que si quieres crearle texturas tienes que experimentar”. Esa vocación la caracteriza. No importa cuánto haya trabajado con un material, empieza cada colección desde cero, como si el olvido le fuese necesario para crear.

Pero en esta colección no solo hubo un trabajo con la tela, aparecen otras siluetas como pantalones, por ejemplo, no tan propios de una mujer que ha hecho del vestido su impronta, y sacos de tejido de punto en los que quiso traducir esas torsiones y fruncidos en delicados suéteres. 

El mundo de los zapatos también parece consolidarse en Amelia. Insistente como ha sido en intentar que las mujeres estén cómodas cuando la vida demanda confort, la diseñadora, que lleva años creando mocasines, parece adelantarse a los mandatos de una temporada que celebra lo masculino y la ausencia del tacón.

 Pero cuando de la noche y la elegancia se trata, los zapatos, cree ella, deben convertir en un santiamén a esa mujer inquietante en una inolvidable. Por eso, su colección incluye unos delicados pumps que alardean de los verdes menta y rosa, curuba y blanco, en estampados florales que se ven en vestidos icónicos de la colección. “Los zapatos no solo definen un look y hablan de un carácter, sino que determinan la forma como caminas, por eso estas piezas no podían estar ausentes del universo de la marca. Además, yo estudié diseño de calzado y estoy muy metida en los detalles de la horma y la calzadura de cada uno de los tacones que diseñamos. Es un proceso dispendioso de coordinar desde Colombia, pero cada vez lo afianzamos más”, asegura Amelia Toro, que en general parece estar en un ejercicio de conquista de nuevos territorios.

 En el corazón de Chelsea, Nueva York, un barrio de galerías de arte y pequeños restaurantes, la diseñadora colombiana, que ha hecho de las molas de los indígenas kuna la materia prima de abrigos excelsos, tiene hace más o menos un año una tienda en la que despliega su universo, hecho principalmente de siluetas muy femeninas que afianzan la cintura y juegan con los hombros, o de otras más estructuradas, rectas y atrevidas. “Esta tienda no es el resultado de una labor de dos años y medio, mientras encontrábamos el lugar ideal, es en realidad la consecuencia natural de veinte años de trabajo de la mano de un equipo fiel y especializado con el que siempre tuvimos la obsesión de conversar de cerca con el mercado internacional”, explica la creadora, que décadas atrás había conseguido introducir su marca en importantes boutiques. 

Amelia conoce bien el mercado neoyorquino, en parte porque creció y estudió allá y porque, como ella misma lo confiesa, sus raíces son colombianas, pero sus alas son de Nueva York. “Además, cuando creo colecciones no estoy pensando en un territorio, sino en una mujer especial que igualmente puede habitar en Colombia y en Estados Unidos”. Ya en 2001 había emprendido la aventura de abrir una tienda en la Gran Manzana. Para ese entonces sus creaciones estaban desplegadas en una tienda en pleno Soho, pero a tan solo unos meses de inaugurarla fueron derribadas las Torres Gemelas y con ellas sus sueños y los sueños de muchos. Entonces cerró la tienda, Soho estaba herido de muerte y el comercio agonizaba, y Amelia Toro tuvo que ser astuta para lidiar con semejante sacudón que minó profundamente sus finanzas.

Pero tras las lecciones aprendidas y una década después de haber seguido trabajando en los detalles, esta mujer, que ha puesto a dialogar las técnicas ancestrales y los secretos tradicionales de las comunidades indígenas con prendas modernas, levanta una tienda enorme que la consolida, junto con la de Bogotá, abierta hace ya doce años, como una diseñadora que así como refleja en cada colección su espíritu, reinventa la forma como conquista a las mujeres del mundo. 

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