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El desequilibrio de los límites

Revista FUCSIA

El  desequilibrio  de los  límites El desequilibrio de los límites

En Sin Título Galería estará hasta el 15 de mayo la exposición 'Y eran dos o tres cadenas, una luz y un conejo', de la artista bogotana Paula Niño, quien recurre a la escultura y al dibujo para reflexionar sobre cómo siempre estamos a un paso de cualquier cosa.

¿En qué momento se gesta la exposición Y eran dos o tres cadenas, una luz y un conejo?

La exposición partió de la decisión de unir dos trabajos que estaba realizando simultáneamente que abordaban el tema de la búsqueda inconsciente de un fin, pero al mismo tiempo de esa fuerza que hace que no se llegue a tal.


¿Cuál es esa reflexión a la que llega sobre la inestabilidad de los límites?


Eso, precisamente, que cuando uno pretende llegar a algún puerto, hay corrientes que desvían ese barco hacia nuevos puertos, lo que no está ni bien ni mal, simplemente es parte de la naturaleza humana de no querer llegar a un fin.


¿Cómo es su relación con el dibujo?

Aunque cursé Dibujo como parte de mis estudios generales, lo veo más como una herramienta que forma parte de la conceptualización de las ideas, es por eso que en cuanto a dibujo prefiero utilizar medios que tengo a la mano, bien sea un lápiz, un esfero, etc. El material va cambiando dependiendo del desarrollo y de la necesidad del trabajo en sí mismo.


¿Qué ocurre con la escultura?

La escultura me interesa porque me gusta su valor tridimensional. De la escultura me atrae su posibilidad de ser leída desde varios puntos de vista, además de su amplio espectro material.


En su obra los objetos adquieren un nuevo valor…

Creo que ese es un valor inherente al arte moderno. Un objeto en un espacio expositivo pierde automáticamente su valor cotidiano a partir del proceso de contemplación.


¿Cómo ve el panorama actual de la escena artística bogotana?

Es muy prometedor. Los artistas bogotanos se han insertado positivamente en un circuito internacional gracias a iniciativas relativamente recientes como ArtBo, así como a un montón de proyectos colectivos como MIAMI y El Parche, entre otros, que han promovido un diálogo vibrante con sus pares de otras partes del país y del mundo.


Usted estuvo en Arte Cámara el año pasado. ¿Cuál es la importancia de que existan espacios como este en la ciudad?

Creo que Arte Cámara es importante porque funciona como un laboratorio en el cual se desarrollan propuestas emergentes que dentro de un ámbito comercial funcionan como un respiro reflexivo.


Sus tres grandes influencias.

Jonathan Meese, Helio Oiticica y el colectivo de Haris Epaminonda y Daniel Gustav Cramer.


¿En qué está trabajando hoy?


Estoy trabajando con objetos encontrados, esculturas que por su forma crean personajes.

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