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Pilar Calderón, la voz del presidente

Revista FUCSIA

Pilar Calderón, la voz del presidente Pilar Calderón, la voz del presidente

Es madre de dos mujeres independientes. Esposa de un economista e historiador. Maestra de generaciones de periodistas. Así es la nueva ministra asesora de Comunicaciones de Juan Manuel Santos.

No sería atrevido decir que Pilar Calderón terminó en el periodismo por inmadura. Tenía 16 años cuando entró a estudiar medicina a la Universidad Nacional. Y aunque también tuvo la posibilidad de ingresar a la Javeriana, le valió más contradecir a su papá, que la había instado a elegir esa opción. Cansada de estudiar con monjas y sacerdotes en el colegio, se decidió por la universidad pública, donde encontró maestros y compañeros con una férrea ideología ajena a una adolescente consentida –no en vano era la única mujer entre seis hermanos–, cuyas posturas políticas y religiosas no supo enfrentar.

“Si me preguntaban de qué partido era, yo solo pensaba en los partidos de baloncesto de mi colegio. Y además, creía en Dios”. Así que no vio otro camino que retirarse y, con la inmadurez –dice ella–, de no reconocer los errores, le aseguró a su papá que no le había gustado la medicina. No podía complacerlo. Tenía que ganar la batalla. Y sería quizás una de las primeras que emprendería con ese carácter aguerrido y frentero que la caracteriza. El mismo que la llevó a salir de Diners, la revista que comandó por tres años. Pero esa es otra historia.

Entonces se licenció en lenguas modernas en la Universidad de los Andes, después de elegir esa carrera al azar. “Me aburrí como una ostra”, recuerda. Para sobrellevar el tedio empezó a tomar clases de filosofía y literatura, lo que despertó su deseo de escribir. Y aunque no ejerció esa profesión, hablar inglés y francés le han sido útiles para el oficio que hizo suyo tras muchos andares por las aulas: el periodismo, que la llevó finalmente a la Universidad Javeriana.

Pero su formación no terminó ahí, porque luego lo dejó todo para hacer un máster de periodismo en la Universidad de Columbia, en Nueva York, una ciudad que le cambió la vida, le abrió las puertas del mundo y le sembró la necesidad aún latente de coger maletas de vez en cuando, para trascender su contexto y absorber el conocimiento a través de la experiencia. En ese entonces tenía un poco más de 20 años y empezó a salir a la calle a encontrar historias, a afinar ese olfato que le ha permitido ser una de las periodistas más respetadas del gremio, con una carrera brillante en el área política, económica y cultural.

Esa niña que salió huyendo de las posturas políticas de una universidad es hoy la ministra asesora de Comunicaciones del gobierno de Juan Manuel Santos. Su debut en las jefaturas de prensa fue nada menos que con Luis Carlos Galán, cuando era un senador apenas conocido. Tanto así que su trabajo consistía en arrancar las hojas del directorio telefónico, llamar al azar y preguntar al que levantara la bocina: “¿Ha escuchado usted sobre el senador Luis Carlos Galán?”, y dispararse un discurso acerca de las bondades del candidato que había conocido en un programa de radio de la universidad. Eran los años 80.

Pilar tiene tan buena memoria que recuerda cómo en ese entonces Colombia tenía 1001 municipios y a su lado recorrió más de 900. “Era tan amoroso corrigiéndome los boletines de prensa. Fue un maestro maravilloso, un escritor y orador excepcional. Soñé siempre con escribir el perfil de Galán cuando fuera presidente, porque para allá iba. Y tuve que escribirlo para Semana, pero cuando lo mataron. Casi me muero. Me costó un día entero tratar de describirlo en medio de esa circunstancia”.

Luego de eso, fue corresponsal de Semana en Nueva York, y trabajó en televisión en un par de noticieros. Era la época de las masacres paramilitares, del recrudecimiento del narcotráfico y el fortalecimiento de la guerrilla. “Le hice la primera entrevista a Carlos Pizarro después del Palacio de Justicia –recuerda–. Fue una época tan dura como interesante, desde el plano periodístico”, reconoce. Y más tarde “reincidió” en las jefaturas de prensa durante la presidencia de César Gaviria, en plena guerra contra el narcotráfico. “Es difícil describir lo que se siente cuando se es parte de un Gobierno, sobre todo para los periodistas, porque es estar del lado desde el cual se pueden hacer las cosas que nosotros criticamos que no se hacen. Cuando uno está del lado del periodismo no entiende los vericuetos de la administración pública”.

De cubrir temas políticos y conocerse al detalle el mapa del orden público en el país, y luego de trabajar en uno de los diarios más importantes de Panamá, le llegó el reto de dirigir la revista Diners, un referente en temas culturales que estaba anclado en los recuerdos como la publicación de los padres y los abuelos, con 50 años de historia. Pilar asumió el reto de acercar la cultura y los temas de estilo de vida a los jóvenes. Creó una página web, una versión en móviles y tabletas, siempre con el buen contenido como estandarte. Es cierto que la volvió a poner en el panorama nacional como una revista moderna y exquisita. Hasta que las diferencias con el gerente la sacaron del ruedo. Ahí le salió ese carácter que forjó desde niña, y como se enfrentó a su papá para tomar decisiones, lo hizo también esta vez para defender que la información periodística no pasara por un filtro gerencial. Y eso le costó su puesto. Una decisión que, al final, le trajo nuevos y buenos vientos.

Pilar está ahora en su casa, tomando el aire de los cerros que entra por la terraza. Llenando su clóset con las prendas que usará como nueva figura política, y disfrutando a su hija menor antes de que se vaya del país. Sabe que tendrá que concentrarse especialmente en visibilizar el trabajo del Gobierno hecho en las regiones, y resaltar los resultados positivos de esta administración.

Está en un momento de su vida que le permite dedicarse por completo a su trabajo. Ser más workaholic que de costumbre –y así lo reconoce–, para convertirse en la sombra del presidente. Su hija mayor, Lina, está absorbida por los horarios de una estudiante de medicina, y Camila, la menor, acaba de llegar de un año entero recorriendo el sur de Asia en bus y tren, para irse pronto a estudiar Food Science a Canadá. Su familia no necesita estar en permanente compañía para saber que se tienen los unos a los otros. Pilar tiene claro que, de la mano de su esposo, formó a dos mujeres independientes capaces de salir al mundo por sí mismas. No en vano, desde los 5 años Lina ponía el despertador, se levantaba, se bañaba y desayunaba sin la presión de su mamá. “He contado con mujeres que me han ayudado siempre, como mi nana que estuvo conmigo también cuando me casé. Pero eso sí, donde esté y con quien esté, si mis hijas me llaman siempre contesto y si me necesitan salgo corriendo. Ellas saben que siempre estoy para ellas y nunca me he perdido uno solo de sus momentos importantes”, dice con seguridad.

Tiene poca estatura, pero la supera con carácter. Es una mujer de odios y amores; una maestra de muchos que se gana el respeto y sabe ejercer la autoridad potenciando las cualidades y conociendo las debilidades de su equipo de trabajo. Y, a pesar de eso, tiene una ansiedad que le come el pecho, por este reto que califica como uno de los más importantes de su vida. Pero con esa capacidad de decisión que la ha caracterizado desde siempre, así sea para ir en contravía, puntualiza la conversación con una frase certera: “Aquí estoy. Y estoy lista”.

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