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Björk, un corazón roto puede ser también irreverente

Revista FUCSIA

Björk, un corazón roto puede ser también irreverente Björk, un corazón roto puede ser también irreverente

Después de un largo silencio, la inusual artista reinventa la forma en que vemos el amor por medio de su nuevo álbum 'Vulnicur'a. Con el lanzamiento de este disco, vino también una retrospectiva que el MoMa hizo sobre ella, duramente criticada.

¿Dónde estuvo Björk en los últimos tres años? Después del lanzamiento de su álbum Biophilia, que revolucionó la industria musical porque podía ser descargado en forma de aplicación y por su experimentación sonora -hubo instrumentos hechos específicamente para cada canción-, la artista cayó, de forma inusitada, en un profundo silencio, tanto mediático como musical. El mutismo, sin embargo, acabó a finales de enero de este año, cuando tuvo que lanzar de forma intempestiva su más reciente disco, Vulnicura, porque se filtró en la web a los pocos días de que se anunciara que había sido terminado. Entonces, fanáticos y medios empezaron a especular. No por la forma en que se presentó el álbum, sino por la temática a la cual le dio vida: la ruptura sentimental de Björk con el extravagante artista plástico Matthew Barney. Y la especulación se sostuvo, no porque en medio estuviera un rumor de famosos, sino porque desplegó una faceta que poco habíamos visto en la islandesa: la vulnerabilidad. Extrañamente, el nuevo disco de Björk, en vez de posicionarla nuevamente como madre y diosa de lo ecléctico, la acerca a lo humano, a las emociones más femeninas de la pérdida, la reconstrucción y el amor.

Aunque ella misma haya peleado con esta faceta: ”En principio tenía miedo de que el álbum fuera demasiado indulgente -escribe la artista en su blog-. Luego entendí que las pérdidas son universales y tuve la esperanza de que Vulnicura pudiera ser una ayuda para otros al mostrar lo biológico en un proceso de ruptura: la herida y luego la sanación”. El álbum, que tiene un total de ocho canciones y que fue coproducido por el venezolano Arca, funciona también en forma de diario: la primera mitad da cuenta de la relación un año antes de que acabara, la segunda mitad describe los meses después de su fin. Las letras, aunque simples, son punzadas: “¿Hay algún lugar donde pueda rendirle tributo a la muerte de mi familia?”, pregunta en Family. Acompañando estas letras está siempre su voz, que suena como un grito dentro de una cueva, como un triste lamento, como un largo suspiro. La portada del disco es una foto de la artista con una especie de erizo en la cabeza, que termina por esconderla a ella y su vergüenza. Sin embargo, en el video de Family se reivindica este sentimiento al mostrarse, en mitad de su torso, una vagina que ella misma va tejiendo y donde crece el pasto. Por medio de este acto, entonces, la cantante se erige como regeneradora de sí misma y como creadora de la vida.

Pero sin duda a Björk tuvo que costarle haberse abierto de esta forma ante su público: después de todo se ha caracterizado por su temperamento -alguna vez golpeó a una periodista que trató de interceptarla en un aeropuerto-; por su independencia y empuje -sacó adelante su carrera a pesar de ser madre antes de los 20 años y supo dejar la famosa banda The Sugarcubes para lanzarse como solista en los noventa-; por su experimentación, no solo musical sino también estética, ya que la hemos visto en todo tipo de disfraces, desde ese diseñado por Alexander McQueen y que es hecho a partir de pequeñísimas campanas, The Bell Dress, hasta el vestido de cisne que llevó puesto en los Academy Awards del 2001, y que fue una muestra de sensacionalismo y mal gusto.

Estos disfraces, junto con los instrumentos de Biophilia y los robots creados por el reconocido artista Chris Cunningham para el video 'All is full of love', forman ahora parte de una retrospectiva de la artista que se encuentra en exhibición en el Museo de Arte Moderno de Nueva York (MoMa), y que ha sido mal recibida por los críticos. “Caminas entre letras escritas a mano que están encasilladas en vitrinas de vidrio, escuchas fragmentos de canciones, haces un recorrido de cuarenta minutos que te muestra álbum por álbum quién es Björk. Es un desastre (…). El show es un recorrido embarazoso por el pop”, dice el famoso crítico Jerry Saltz para The New York Magazine. Aunque Saltz admite el genio del que goza la artista, insiste en que la exposición carece de significado.

Sin embargo, para el crítico José Plata, quien hoy en día desarrolla listas musicales para Google Play, espacios como los museos sí son viables para mostrar el recorrido de los músicos contemporáneos, “ya que ayudan a establecer un diálogo regresivo sobre lo que ha sucedido musicalmente en nuestra generación”. “Es importante -agrega- develar las distintas facetas de Björk porque su legado tiene que ver con la renovación y la transformación, cosa de la que podemos ser testigos si vemos su progreso en un solo escenario. Ella empezó cantando canciones simples, y luego, cuando comenzó su etapa como solista, se volvió prolífica, propositiva, explorando distintos géneros como el pop y la música electrónica”. En la misma línea, el crítico de los Rolling Stones Latinoamérica y director de Sparta Records, Santiago Higuera, dice: “Björk no necesita estar en el MoMa para resaltar lo que ha hecho. Pero mucha gente no conoce la totalidad de su obra, así que esta exposición es una ventana de instrucción hacia su arte”.

El silencio en el que estuvo Björk durante tres años parece haberse roto de forma definitiva. A finales de marzo la artista hizo presencia en Nueva York, la misma ciudad en la que se encuentra su exposición, para dar seis conciertos que tuvieron lugar en el Carnegie Hall de Manhattan, y en el Brooklyns King Theatre. Cantó las canciones de Vulnicura cubierta por la cabeza de erizo que la esconde, pero vistiendo un traje blanco que denotó luz y limpieza. También la acompañó una orquesta de quince piezas -cinco violines, cinco violas y cinco chelos- que hicieron que las composiciones sonaran góticas y sagradas. En varias entrevistas, Björk ha afirmado que quería, por medio de este álbum, que los sentimientos de las mujeres fueran tomados en serio, y agregó para la revista Pitchfork: “Es invisible lo que las mujeres hacen. Ellas son la goma del mundo, y muchas veces su trabajo no se ve recompensado. Hacer este álbum fue la experiencia más dolorosa que he experimentado y lidié con él al escribir música para cuerdas, yendo más lejos de donde jamás había estado” . Esta artista será recordada, no solo por ser inusual y extraña, sino por demostrar que el pop puede reinventarse a la hora de hablar de amor, que una canción no es solo una canción más, que un corazón roto también puede ser irreverente.

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