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Arte y moda, una promesa de amor eterno

Fucsia.co

Arte y moda, una promesa de amor eterno El artista británico Damien Hirst traslada sus trazos a la moda para diseñar treinta bufandas exclusivas para Alexander McQueen.

En conmemoración de los diez años de la bufanda de calaveras, la firma Alexander McQueen presenta una exclusiva colaboración del artista Damien Hirst. Un recuento sobre las mejores alianzas entre la moda y el arte.

En el mundo de la moda hay prendas excelsas que repiten su ciclo: primero, son creadas por un genio de la moda; luego, llevadas por celebridades; después, repetidas por las tiendas de moda de bajo costo con el propósito de vender masivamente la ilusión de adueñarse de algo exclusivo, y por último, terminan convirtiéndose en infaltables de alguna temporada.

Esto mismo ocurrió con la famosa bufanda de calaveras de Alexander McQueen, que se dio a conocer en la pasarela primavera-verano de 2003. Exhibida innumerables veces por Lindsay Lohan, Mary-Kate Olsen y Nicole Richie como una pieza holgada, que no se amarra sino que cae suavemente sobre el cuello, la bufanda llegó a todos los rincones del mundo para ser un básico obligatorio que ha desafiado el tiempo y aún sobrevive en el armario de miles de mujeres.


Mary Kate con la bufanda de calaveras

Después de una década, esta pieza reclama para sí un nuevo destino. Damien Hirst, el artista británico que convirtió a la muerte en el leitmotiv de su obra, traslada sus trazos a la moda para diseñar treinta bufandas exclusivas para Alexander McQueen que le rinden homenaje a los diez años de existencia de la popular bufanda de calaveras y de la no tan conocida bufanda de mariposas. Si bien los diseños están inspirados en su serie Entomology, que viene trabajando desde 2009 como resultado de una investigación sobre las dualidades entre la vida y la muerte, la belleza y el horror, el deseo y el miedo; lo cierto es que Hirst acude al Infierno de Dante Aligheri y toma los insectos como elementos claves de su reinterpretación para fundirlos en una especie de caleidoscopio que esboza la figura de la calavera sobre la seda.

El tema que hoy los une los ha hecho crear individualmente un nombre en torno a la calavera. Damien Hirst, una de las personas más adineradas en el Reino Unido y uno de los artistas vivos más cotizados, logró la fama por dos grandes esculturas que reviven su pasión por los cráneos. La primera, Por el amor a Dios, es una calavera en platino incrustada con 8601 diamantes que se exhibió por primera vez en 2007 en la galería White Cube de Londres, y que se vendió por 75 millones de euros.


'Por el amor de Dios', Damian Hirst, 2007

La segunda, Miedo a la muerte, presentada en 2010 en una exposición colectiva del museo Maillol de París como una representación de la muerte, es una calavera cubierta completamente de moscas muertas, en la que hasta los dientes son elaborados con las alas. Justamente, uno de los más conmovidos con su obra fue Lee Alexander McQueen, o el “enfant terrible”, quien hizo que sus diseños extravagantes fueran una cruzada entre la belleza y el terror, manteniendo a la muerte como su musa. Fascinado con la idea de que sus antepasados eran excavadores de tumbas en Escocia, y obsesionado con el más allá, McQueen hizo a la calavera uno de sus trademarks, aun después de su suicidio.

A partir del 15 de noviembre, en las boutiques de Alexander McQueen y en su página de ventas online, están disponibles los treinta modelos que cuestan desde 515 a 1175 dólares, precios muchos más asequibles, en comparación con colaboraciones anteriores del artista, por ejemplo con Prada. Con arañas, mariposas, escarabajos y tonos azules, rosas, blancos, verdes, tierras y naranjas, esta colección la define Hirst como perfecta. “Esto es algo que deberíamos haber hecho desde años atrás. Amo a McQueen y este aporte es un matrimonio hecho en el cielo”. La campaña de lanzamiento de la colección fue dirigida por el fotógrafo noruego Sølve Sundsbø, quien hizo un video de un minuto en el que tres modelos usan el mismo estampado de una bufanda que les cubre el rostro, y a medida que avanzan esta se mueve con el viento.

Estos diálogos inquietantes entre moda y arte vienen marcando el destino de muchas marcas de moda que encuentran en la creación artística una fuga a las demandas comerciales y la posibilidad de lograr esa anhelada unicidad de una prenda. Así, mientras se llenan las vitrinas de calaveras y mariposas, otra gran campaña invadió los mostradores de enormes y diminutos polka-dots, como resultado de la alianza entre la firma francesa Louis Vuitton y la artista japonesa Yayoi Kusama para dos colecciones de ropa y accesorios, que se tornaron en verdaderos objetos de coleccionista. Marc Jacobs, quien para entonces fuera el director creativo de la marca, es un fiel admirador de Kusama y juntos le dieron una lectura diferente a la moda, aprovechando que en Nueva York se hacía una retrospectiva de su trabajo. “El carácter obsesivo y la inocencia de su obra me toca”, confesó el diseñador.

Recientemente, la italiana Miuccia Prada sugirió una explosión de color y un mundo de fantasía, valiéndose del arte callejero, en la colección primavera-verano 2014 que presentó en Milán con la canción “Work Bitch” de Britney Spears de fondo. Ligada a un discurso feminista en el que quiere darle mayor poder de acción a la mujer, Miuccia agarró lo más pop del grafiti y puso rostros femeninos en estampados de carteras, abrigos y vestidos. La colección, llamada En el corazón de la multitud, invitó a los pintores muralistas Miles “el Mac” MacGregor, Mesa, Gabriel Specter y Stinkfish; y a los ilustradores Jeanne Detallante y Pierre Mornet a que plasmaran temas relacionados con la feminidad en las telas para que salieran las distintas caras de la mujer Prada.

“El proyecto se materializó con bocetos..., pero sin saber qué iba a pasar exactamente, qué iban a pintar los demás artistas. Al final todos nos colaboramos. Son dos conceptos que siempre han ido de la mano, es otra forma de hacer arte; nos influimos mutuamente y evolucionamos”, declaró el español Mesa al periódico El Mundo. Esta colaboración, una más de las tantas que ha tenido la casa de moda, fue inspirada en el arte político mexicano y en los uniformes de fútbol, que le daban el carácter de juego a la puesta en escena.

Desde la fusión de la archienemiga de Coco Chanel, Elsa Schiaparelli, con Salvador Dalí, pasando por Andy Warhol con Yves Saint Laurent, hasta el creador de Los Simpsons, Matt Groening, con Comme des Garçons, es evidente que el vínculo entre la moda y el arte ha ido en aumento. Sus productos, al mismo tiempo que popularizan el nombre de los artistas y son altamente rentables para las compañías, sacan el arte de los museos silenciosos y nos permite llevarlo encima.

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