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Una ciudad dentro de otra ciudad

Una ciudad dentro de otra ciudad Imagen: Simón Florez.

La editorial independiente Laguna Libros publicó la segunda edición de Chapinero, la novela de Andrés Ospina. El libro, lanzado este año, retrata distintos momentos del barrio, desde la colonización hasta hoy, a través de las miradas de cinco personajes: Lorenzo, Tania, Antón, Higinio y Salvador.

¿Por qué elige Chapinero como escenario de su historia?

Nací y vivo ahí. Suena tonto, pero yo quería una novela que tuviera ese nombre. Me parecía bonito que llevara el rótulo de Chapinero y tratara de resumir la historia desde la colonización española hasta hoy.

Hubiera podido ser otra novela, Puente Aranda, Cedritos, pero tengo un vínculo más cercano con Chapinero y uso el barrio que menos desconozco como telón de fondo.

¿Cree que hay una nueva generación preocupada por definir a Bogotá?

La necesidad siempre ha existido, pero hay una nueva generación que no es precisamente la mía, sino un poco más joven, que ha estado vinculada de una manera muy seria con la ciudad y que empieza a sentirla. En mi caso, mi reacción es por el desprecio de mi ciudad.

Soy hijo de provincianos que vinieron a vivir acá. Crecí viendo muchísima gente que aborrecía la ciudad y quería dignificar su lugar a través de la escritura. Ya sea que alguien se acerque a la ciudad por ser hipster o vintage, me parece simpático que se genere esa conexión.

¿En qué se inspiró para desarrollar las cinco historias que se cruzan en la narración?

Todo el libro surgió de este reloj que era de un ancestro mío llamado Leopoldo de la Pava. Yo siempre lo he tenido y un día pensé en el origen de él y qué representaría para mí venderlo.

Luego vi al esposo de mi mamá utilizar un calzador y se me ocurrió usar dos objetos para contar una historia de varios personajes de distintas épocas. En Chapinero hay lugares que están presentes en las cinco narraciones de los cinco personajes, como el sitio donde nace Chapinero, en la 59 con Séptima, donde está la estación de gasolina y a donde llegó Antón Hero.



¿Antón Hero es un personaje mítico o real?

Hay unos registros del siglo XIX y XX que mencionan como el primer habitante de Chapinero a Antón Hero, un español que venía de Cádiz y hacía unos zapatos que se llamaban chapines, calzado formado por suelas de madera y correas de cuero, que sirve para preservarse de la humedad y el barro. Él se casó con la hija de un señor rico que vivía en Usaquén. Eso es todo lo que dice. Yo quería sostener la mentira, la ficción que estoy contando, lo mejor posible.

¿Su vínculo con Chapinero cambió después del libro?

Sí, con cada libro que he escrito –hasta el momento todos han sido sobre Bogotá- he tenido una nueva perspectiva. Chapinero era la obsesión de la forma como se habita un barrio, los usos que se le pueden dar a un espacio y también un mito familiar, cómo en una misma familia pueden coexistir muchas historias falsas, se convierten en parte del repertorio y casi que se vuelven reales.

Además fue ver cómo un espacio virgen y deshabitado se transforma en algo gris, cómo pasa de la niebla del siglo XVII al smog del siglo XXI. La gente se iba a vivir a Chapinero porque quería estar en un espacio sin contaminación, en una casa de recreo. Era muy periférico y constituía la esperanza de una ciudad nueva. Una ciudad dentro de otra ciudad.

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