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Cien mil años de belleza

Lila Ochoa

Cien mil años de belleza Cien mil años de belleza

Editado por L’Oréal, este libro traza un interesante recorrido que se inicia en la Prehistoria, pasa por el momento actual y termina en una proyección hacia el futuro. Un trabajo sorprendente de la compañía cosmética más importante del mundo.

De la mano de antropólogos, historiadores y filósofos, L’Oréal acometió un riguroso estudio sobre la belleza a través de la historia de la humanidad. Éste afirma que, desde el momento en que el hombre puso su pie sobre la tierra, ha estado obsesionado con la búsqueda de la belleza y que los cánones que de alguna manera transforman el cuerpo han evolucionado con el paso del tiempo. Desde el ‘día uno’, las personas han buscado la manera de decorarse con pintura en el cuerpo, ornamentos, prendas de vestir o peinados. El percibirse bello es una expresión del alma del ser humano, también de su bagaje cultural. Es el reflejo de una era, de un estatus económico, de la diferencia marcada por la edad o el género.

Los orígenes
Las primeras sociedades humanas veían inicialmente un contenido religioso en la belleza. Desde siempre, ésta ha sido asociada con la bondad, el orden, la armonía. La cosmética, término que viene del griego, se ha usado desde entonces para morigerar el paso del tiempo o para destacarla. Las primeras evidencias del uso de pinturas y colores para embellecerse están en las Cuevas de Altamira, cuyas pinturas son una demostración del sentido de la estética que denotaban de estos seres prehistóricos.Lo anterior llevó a establecer un sistema social que separa los sexos y establece una jerarquía social que se refleja en las manifestaciones de la belleza. El Homo sapiens le dedicó mucho tiempo y esfuerzo a su conquista, dándole importancia tanto en esta vida como después de la muerte.


Las civilizaciones de la Antigüedad
Las civilizaciones antiguas asentadas en Grecia, Roma, Egipto, China, India y México crearon una serie de ritos alrededor de la belleza que impulsaron la elaboración de polvos, cremas, perfumes y peinados muy elaborados. Cada cultura, con su propia estética, expresaba una fascinación por la belleza que perdura has hoy. Esa búsqueda de identidad hace que los conceptos de belleza cambien de una cultura a otra, por ejemplo, en India no hay una palabra para designarla como tal, sino un término, alamkara, que significa “decoración, ornamento”.


En China, por ejemplo, la pareja imperial es un símbolo estético, siempre y cuando aparezca junta, el uno sin el otro no significa nada. En Egipto los estándares de belleza física estaban rigurosamente establecidos: tocados de cabeza altísimos, énfasis en la piel pálida y ojos pintados con kohl negro mezclado con grasa.

Con la aparición del cristianismo se inició una lucha en torno al cambio de los cánones romanos. La desnudez era pecaminosa y se hacía énfasis en la transparencia, en la blancura. La nobleza del alma era considerada una manifestación del cuerpo. Los Olmecas de México expresaban la superioridad en lo físico y en la ornamentación, de allí la deformación craneana, que se hacía para que la anatomía concordara con el mito de la creación.

Las confrontaciones de lo clásico
En el Medio Oriente los perfumes y aromas han sido muy apreciados por hombres y mujeres. Las fragancias representan una forma de rezo que expresa su gratitud a Dios, creador de la belleza. Es una cultura que gira alrededor de la poesía y la ciencia. El Zarif Ziryab, célebre músico de la corte musulmana en España, introdujo en la moda el cambio de ropa según las estaciones y la hora del día junto al uso de desodorantes y de una serie de peinados. Los árabes admiraban a la mujer curvilínea, símbolo de fertilidad y voluptuosidad, ojalá de ojos y pelo negros, abundante, y de piel pálida. Para conservar estos atributos, la medicina árabe daba consejos sobre salud y dieta, pero también recomendaba el uso de productos cosméticos.

Desde India hasta el norte de África, las mujeres usaban henna desde tiempos inmemoriales, no sólo para teñirse el pelo, sino para pintarse el cuerpo y las manos. Según ellas, la henna protegía del mal de ojo. El baño era símbolo de refinamiento y una característica de la vida urbana. En la cultura musulmana la higiene corporal estaba relacionada con el ritual de la pureza.

Entre tanto, en Europa, la religión imponía a la Virgen como símbolo de la belleza. La literatura médica medieval incluía un gran número de consejos de belleza y daba recetas para la depilación, el cuidado de la piel, de los dientes y los tintes para el pelo, entre otros. En la cultura japonesa la flor es una metáfora de la belleza. Delicada y perecedera como la imagen de una mujer, representa la perfección. Contrario a otras culturas, para los japoneses la belleza es fugaz. En África el cuerpo era el principal medio de expresión de la estética y servía para inmortalizar al individuo. Este continente es también cuna de grupos étnicos que se sienten muy orgullosos de su historia, arte y cultura. Sus tradiciones orales, música y arte han sido fuente de inspiración para el mundo occidental.
Por otra parte, durante el Renacimiento se redefinieron los criterios de belleza y tanto los poetas como los pintores fueron en cierto modo determinantes en el desarrollo de la industria cosmética.

Modernidad y globalización
Esta es una era que se caracteriza por el individualismo, que permite que la mujer se valore como un ente autónomo. La liberación femenina, la discriminación racial y la homofobia son conceptos que producen grandes cambios sociales, entre ellos, el derecho del individuo a escoger su propio destino. Una sociedad más igualitaria hace que los criterios de belleza se masifiquen y el impacto en la búsqueda de ésta es tanto sicológico como sociológico.

El descubrimiento de los colorantes químicos cambió la historia de la industria textil y de la cosmética. Estos pigmentos surgieron al tiempo que aparecían regulaciones concernientes a los ingredientes tóxicos de la cosmética, gracias a numerosos descubrimientos de laboratorio. El primer esmalte de uñas apareció en 1920, y el primer lápiz de labios en barra, en 1956.

La aparición del primer tinte de pelo cambió la cara de las mujeres, que pasaron del gris al rubio, al castaño, al negro. El cuidado del pelo se convirtió en otro filón de la industria cosmética, con el descubrimiento del primer tinte de pelo en 1913, hecho por Eugène Schueller, fundador de L’Oréal. Aparecieron también los primeros salones de belleza,donde las mujeres descubrieron el placer de sentirse mimadas.
A partir de 1960, los productos de belleza  dejaron de ser un lujo para convertirse en una necesidad. La fotografía y el cine cambiaron los cánones de belleza y las actrices rubias se convirtieron en símbolos. Nombres como el de Jane Harlow, la bomba platinada, o Marilyn Monroe, se volvieron familiares en el mundo. Pero pronto este tipo de mujer voluptuosa fue reemplazada por la flaca, casi anoréxica Twiggy, quien cambió para siempre los estándares de belleza y que le abrió las puertas a otro tipo de mujer: la modelo. La revolución de la moda corrió por cuenta de Yves Saint Laurent, quien posó desnudo para promocionar su primera fragancia masculina.

El futuro
La era digital ha revolucionado el mundo de las comunicaciones, también el de la belleza. El manipular imágenes afecta las expectativas del individuo y de la sociedad. Se puede decir que, en el campo de la medicina y de la ciencia, la belleza es el foco principal. Los innovaciones y descubrimientos científicos alrededor de los productos antiedad, las tratamientos no invasivos, las cirugías plásticas, y otros, conllevan cambios profundos en la sociedad, y la lucha por alcanzar la juventud eterna será una realidad que ponga a pensar a artistas y filósofos, que tendrán que preguntarse cuál es la verdadera estética del cuerpo humano.


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