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De los ex y otros demonios

Odette Chahín

De los ex y otros demonios De los ex y otros demonios

Los ex son tan poco populares como las suegras y los paramilitares, pero no todos son tan malos como los pintan.

Más de una vez me he quedado hablando sola, como autista, en los centros comerciales, porque mis acompañantes, al detectar la presencia de algún ex en la proximidad, se desaparecen a lo David Copperfield, para evitar hacer el oso y tener que verlos a ellos de la mano de una modelito mejor que ellas, mientras que ellas van de la mano de… un heladito de Crepes.

Para algunas, toparse con el ex es más aterrorizante que encontrarse a ‘La Llorona’ en la ducha, porque los ex también son fantasmas, pero vivos, que llaman al pasado y traen consigo una ola de emociones y sentimientos encontrados que les pueden llegar a producir reflujo, taquicardia y hasta urticaria.

Sin embargo, también hay personas que al terminar con sus parejas mejoran sustancialmente su relación, como una de mis mejores amigas, cuyos cumpleaños parecen una convención de ex: cuando se sientan en el mismo mueble suman entre todos diez años de relaciones. Aún no hemos podido determinar si ellos todavía no la han superado o si ella resultó siendo mejor amiga que novia. Algunas personas se refieren a todos sus ex como una bola de malnacidos, pero están equivocadas.

En realidad, existen más categorías… están los ex ‘acosadores’, aquellos intensos que les montan la perseguidora y cuyo único objetivo es cangrejear, estos recurren al booty call nocturno siempre que están borrachos. Están también los ex ‘triple hp’, los que le jodieron tanto la vida, que usted no los quiere ver ni en pintura, si pudiera les escupiría en la cara y cuando se los encuentra aparenta sufrir de Alzheimer avanzado.

Están, igualmente, los ex ‘ideales’, aquellos que aprovecharon la ruptura para evolucionar la relación y se convierten en los mejores amigos, son como una pareja, pero sin el sexo, y les interesa tanto su felicidad, que hasta le presentan prospectos.
 
Finalmente, están los ex ‘descachados’, aquellos que uno ve como un error o como una elección suscitada por una demencia temporal, el único sentimiento que le despierta a uno es vergüenza, y en lo posible negará esa relación hasta su lecho de muerte.
Cuando se está en pareja, se tienen ciertas reglas y acuerdos mutuos, pero cuando la relación termina, el protocolo por seguir es un poco más difícil, porque, aunque está basado en el sentido común, algunos carecen completamente de él. Por ejemplo, es tan de mal gusto comer pan delante de los pobres que chupetearse con el reemplazo delante del ex; al igual que sacarle los trapitos sucios (o videos porno caseros) para dañarle la reputación, y ni hablar de intentar hacerle vudú. Todas estas acciones apestan a celos y a que todavía les duele ese amor.

Hay ciertos ex que desaparecen de nuestra vida, mientras que otros se quedan y se reacomodan haciendo un nuevo papel de reparto, que va del de entrañables amigos hasta el de socios de negocios. Esa transición es normal para usted, pero tal vez no para su nueva pareja, a quien se le prende la alarma naranja cada vez que los ve juntos.
Lo cierto es que la relación entre ex es compleja, es como el arte, sólo sus actores entienden bien su significado, lo que piensen los demás es pura especulación. Una de las personas más maravillosas que conozco, más sabia que Yoda, me contó su teoría de que el break up es la mejor medida de la calidad de una relación; y eso precisamente determinará si se seguirán queriendo y apoyando u odiando y maldiciendo por los siglos de los siglos, amén.

Curiosamente, existen más canciones inspiradas en ex ‘triple hp’. Existe todo un género musical: el despecho, que ha dejado como testimonio hermosas letras como “si no me querés/ te corto la cara,/ con una cuchilla/ de esas de afeitar…”, o “culebra ponzoñosa,/ deshecho de vida,/ te odio y te desprecio,/ rata de dos patas…”, pero muy pocas como Despedida, de Julieta Venegas, que celebran un buen amor que llegó a su final, y que dice “vamos a decirnos adiós/ como se debe,/ sin rencor y sin duda/ de que es lo mejor,/ vamos a brindar por esta despedida…”. En teoría, así debería ser, cortar por lo sano, valorar los buenos momentos y seguir adelante, creciendo como personas, a menos que en la práctica le haya tocado a uno un perro bien perruno, y, ahí sí: al carajo los buenos sentimientos.

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