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Esos detalles que matan la pasión

Arnoldo Mutis

Esos detalles que matan la pasión

Los defectos pesan más que las virtudes a la hora de escoger una pareja sexual, asegura una nueva investigación.

Que sea buen amante”, “que huela rico”, “que tenga éxito en su profesión”, “que me haga reír”, “que sea prudente”. Estas y tantas otras cualidades son mencionadas por hombres y mujeres cuando se les pregunta cómo es su media naranja soñada. Y han sido precisamente todas esas anheladas maravillas el centro de los estudios sobre preferencias de pareja hasta hace poco, cuando el psicólogo Peter Jonason, docente de la University of Western Sydney, en Australia, resolvió observar qué tanto influyen las imperfecciones a la hora de iniciar o seguir adelante con una relación seria o una aventura.

Los resultados no dejaron de ser llamativos, ya que señalaron que los seres humanos sopesan más los rasgos que no soportan que los positivos. En otras palabras, prefieren evitar riesgos que obtener ganancias y, en ese marco, el desempeño en la cama es un aspecto de no poca monta, pues, como lo señala el psicólogo José Alonso Peña Herrera, “el sexo es una de las estrategias de generación de vínculo y de expresión de afecto en una relación”. Jonason realizó su investigación a partir de seis estudios realizados por su alma mater e instituciones colegas, como la University of Florida, la Indiana University, la Rutgers University, de Estados Unidos, y la Singapore Management University. Las pesquisas se valieron de 6500 voluntarios solteros entre los 21 y los 76 años, de ambos sexos, cuyos aportes sirvieron para comprender mejor cómo funciona la toma de decisiones y el procesamiento de la información en el contexto de las interacciones románticas y sexuales, como le explicó Jonason a FUCSIA, en entrevista vía correo electrónico.

Si algo desmotiva a los hombres, concluyó el estudio, son las mujeres con poco deseo sexual, mientras que para ellas la relación es imposible si ellos no las impresionan con su forma de hacer el amor. Así, para el género masculino es más importante la cantidad de sexo que tengan con sus parejas, al tiempo que el femenino le concede una mayor valoración a la calidad de este. Pero ello, como podría pensarse a la ligera, no responde a caprichos de uno y otro sexo, sino a razones que se pierden en los remotos orígenes de la especie y su instinto de conservación: “Los dos sexos tienen conductas diferentes frente al apareamiento, en la medida en que sus obligaciones con la reproducción también son distintas.

A lo largo de la evolución, esas divergencias han enfocado a la mujer en asegurar hombres dispuestos y capaces de ocuparse de ellas y de sus hijos, mientras que, ancestralmente, los hombres se han concentrado en contar con el máximo número de parejas (para una mayor dispersión de su semilla)”, comenta Peter Jonason. Por su parte, el doctor Peña Herrera recuerda que aunque no se puede generalizar, “por mayoría estadística, la valoración psicológica del sexo para los hombres está más asociada exclusivamente con el placer, mientras que en las mujeres se advierte un protagonismo más grande del lazo emocional que se expresa a través de este. Por eso, le asignan un gran significado al cortejo y al juego previo y posterior al acto sexual”, concluye el especialista, egresado de la Pontificia Universidad Javeriana de Bogotá, coach y programador neurolingüístico.

Pero, ¿qué condiciones precisan ellas para no desaprobar a los hombres en la cama y despedirlos de sus vidas? No hay que olvidar las motivaciones fisiológicas que subyacen en todo esto, sugiere el doctor Peña: “El hombre necesita unos 20 segundos de estimulación para llegar a la penetración, mientras que la mujer requiere de 20 minutos. De esta suerte, los preludios amorosos, la coquetería, los masajes y las palabras son de mucha importancia para ser considerado un buen amante”. Eso sí, aclara, esto no sucede en todos los casos, pues en este campo igualmente influyen elementos como la historia personal y la inteligencia erótica de cada cual.

De todos modos, el compromiso en cuestiones de alcoba cobija a ambas partes. “Descuidar la sexualidad, tanto la propia como en pareja, empezará a convertir la relación en un extraño contrato de compañerismo. Ahora bien, el sexo, que proporciona placer y mejora la autoestima, no solo sucede en la cama, sino que igualmente se da a través de las caricias, los besos de buenas noches, los mensajes pícaros. Si todo eso se pierde, poco a poco, se acercará el final. Cuando no hay sexo, la unión deja de ser atractiva”, asegura Peña.

Pero un escaso entendimiento entre las sábanas no es el único “matapasiones”, de acuerdo con el análisis de Jonason, publicado hace poco por el Personality and Social Psychology Bulletin. Aquellos defectos no relacionados directamente con los sentimientos pueden ser más decisivos para que él o ella terminen declarando: “No quiero nada contigo”. Ambos géneros, por ejemplo, coinciden en que es muy poco sexy un pretendiente o amante desgreñado, sucio, perezoso y muy necesitado.

Aunque los juicios al respecto varían según si se busca una ligazón larga o corta, algo de vanidad nunca está de más. “La forma en que tratas tu cuerpo es un indicador de tu personalidad y proyecta inconsciente y automáticamente un mensaje específico. Uno de los grandes enemigos de las relaciones de pareja surge cuando uno de los dos empieza a descuidarse y no se interesa por verse bien. En muchas parejas, curiosamente, ello es coherente con otras actitudes, como bajo interés en la otra persona y en la relación. Es como si estuviera diciendo: ‘Ya tengo asegurado esto, ya no tengo que trabajar por lo nuestro’”, manifiesta el doctor.

Cuando se aspira a un nexo prolongado o de mayor compromiso, la lista de peros intolerables se incrementa dramáticamente, según la indagación de Jonason. En general, resultan muy reprochables para todos el mal genio, haber salido con múltiples personas o ser de poco fiar.

La lista de las deficiencias que las mujeres pueden encontrar en los hombres es más larga que en el caso contrario. Entre ellas se destacan: la falta de sentido del humor, posiblemente, conjetura el estudio, dada la ligazón de este con la inteligencia. Ellas también se desinflan ante hombres sin confianza en sí mismos, los que ven mucha televisión o son muy aficionados a los videojuegos. Los miembros del sexo masculino, por su parte, no encuentran muy excitantes a mujeres que sean más inteligentes que ellos, a las que hablan mucho o viven lejos.

No obstante, queda una gran pregunta no resuelta en esta investigación, en opinión de la doctora Gwendolyn Seidman, profesora asociada de psicología del Albright College, en Reading, Pensilvania: ¿Cómo opera todo esto en las verdaderas elecciones de las personas? “Lo que decimos que queremos en una pareja, no siempre coincide con lo que escogemos (...). A ello se suma, de igual forma, el testimonio de estudios según los cuales las personas a menudo están dispuestas a salir con alguien con defectos si sienten que esa persona es real antes que hipotética. ¿Pueden romper estas faltas un acuerdo en la vida real, o nos inclinamos al compromiso más de lo que admitimos? “, escribió la experta en un artículo para Psychology Today.

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