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Doña Jane y sus tres maridos

Revista Fucsia

Doña Jane y sus tres maridos

Un nuevo libro revela cómo, a pesar de que todos los esposos de la actriz fueron célebres, ninguno dio la talla.

A sus 74 años, Jane Fonda decidió publicar un nuevo libro para hablar de todo un poco: desde sus secretos para tener una vida sexual activa a su edad, hasta consejos financieros. Sin embargo, y pese a sus más de 400 páginas, no es este texto el que revela los detalles más sustanciosos sobre la ganadora del Oscar.

Una reciente biografía, titulada Jane Fonda: The Private Life of a Public Woman, cuenta en detalle el fiasco de sus tres matrimonios: uno con el cineasta francés Roger Vadim, otro con el activista político Tom Hayden, y el último con el fundador de CNN, Ted Turner. Patricia Bosworth, su autora, describe al primero como un buenavida que convirtió a Fonda en su juguete sexual. Al segundo es al que peor le va, lo tilda de cruel, machista y aprovechado, y al tercero lo presenta como un mujeriego empedernido.

Según el libro, de una u otra forma ella fue explotada por sus parejas, siempre se adaptaba a su hombre de turno y trataba de complacerlo al máximo. Su propia hija, Vanessa Vadim, ha descrito a su mamá como “un camaleón”. Peor aun, todos tenían un denominador común: parecerse en algo al legendario actor Henry Fonda, su padre, un hombre frío y distante que solía menospreciarla al tiempo que ella luchaba por su aprobación. Jane creció a su lado, pues cuando tenía 12 años, en un ataque de desesperación, su mamá se suicidó cortándose la garganta.

La autora cuenta que Vadim la despertó sexualmente pese a que durante sus primeros encuentros íntimos él tuvo problemas de impotencia. “Todavía no entiendo la paciencia que Jane me tuvo (…) Pero una noche la maldición se rompió: estuvimos en la cama casi tres días, tenía que recuperar el tiempo perdido”, confesó el ex número uno

Jane tenía 23 años cuando conoció al cineasta, durante una visita de él a Los Ángeles. El agente de la actriz le advirtió que se vistiera sexy para impresionarlo, pero ella, asustada por la fama de mujeriego del exesposo de la sensual Brigitte Bardot y novio de Catherine Deneuve, ni siquiera se maquilló para no dar pie a nada. Y aunque ella sí quedó impresionada con su trato caballeroso, juró no meterse con él ni trabajar para él. No cumplió ni lo uno ni lo otro. Fonda se lo arrebató a Deneuve, se casó con Vadim en 1965 y de su mano se convirtió en un símbolo sexual gracias a películas como Barbarella.

Muy pronto Jane descubrió que su marido tenía una idea bastante flexible de la fidelidad: “Los celos hacen parte de la moral de la clase media que debe ser reemplazada por la libertad sexual. Si tengo relaciones con otras mujeres eso no es traición, porque te amo a ti”. Entonces él decidió que la mejor manera de disfrutar juntos sin que nadie engañara a nadie aparentemente, era que compartieran su cama con otras mujeres. Según Bosworth, Jane fingió disfrutar del primer trío con una prostituta pelirroja, haciendo su mejor actuación con ayuda del alcohol. Y con tal de no perder a su esposo comenzó a buscar ella misma a mujeres de su tipo, preferiblemente jovencitas. El matrimonio sobrevivió hasta 1973.

Pero los tríos y la bebida fueron poco para Jane en comparación con el maltrato de Tom Hayden. Además de engañarla, estaba celoso del éxito de su esposa y quiso convertirla en su esclava personal, en un mueble de la casa. Solía humillarla públicamente y criticaba su capacidad intelectual. Cuando en una entrevista la presentadora Barbara Walters le preguntó a Hayden qué era lo más difícil de vivir con Jane, él respondió: “La atención. Ninguna persona merece tan exagerada atención”.

No siempre fue así. El padre de Troy, su segundo hijo, la sedujo cuando ella empezaba en el activismo político. El radicalismo de Hayden le pareció heroico y no demoró mucho en irse a vivir con él en una humilde casa que no tenía ni aire acondicionado ni lavadora, pues él consideraba que no debían vivir con lujos. Sin embargo, la obligaba a lavar su ropa a mano, labor que no siempre cumplía, pues cuando él no se daba cuenta ella iba a la casa de su exesposo para que le prestara su máquina. En realidad, Hayden estaba quebrado y fue Fonda quien con más de diez millones de dólares de su bolsillo subsidió sus campañas políticas, sin contar el dinero que ella consiguió de sus conocidos. “Oye, consigue un trabajo”, le dijo Peter Fonda a su cuñado, aburrido de que su hermana Jane lo mantuviera.

La biografía cuenta que Hayden fue el responsable de que la actriz viajara a Hanoi durante la Guerra de Vietnam. Allí se ganó el apodo de ‘Jane Hanoi’ y fama de traidora por tomarse la foto donde aparece con un cañón antiaviones, riendo con las tropas enemigas de Estados Unidos.

Después de estas ‘joyitas’, el que sale mejor librado de la lista es Ted Turner, con quien Fonda conserva una buena relación. “Somos muy unidos. Él no puede estar solo. A veces se acurruca en mi regazo como un bebé”, reveló la estrella a la autora, años atrás. El magnate de los medios de comunicación contagió a Jane de su amor por la filantropía y su lucha ambientalista. Pero no pudo soportar sus problemas de atención y concentración que hacían difícil tener una conversación fluida con él, ni los bruscos cambios de humor, producto de su bipolaridad. Tampoco pudo con su enfermiza obsesión por las mujeres.

Cuando se conocieron, Turner le dijo a Jane que el único problema que le veía a ella era su edad: 51 años, uno más que él. Un mes después de casarse, en 1991, ella se enteró de que su marido tenía una novia y lo perdonó con la condición de que no volviera a engañarla y asistieran a una terapia de pareja. Durante ocho años recibieron asesoría profesional y, aunque el magnate aseguró haberse portado bien, los indicios prueban lo contrario.?En la actualidad Jane comparte su vida con Richard Perry, un productor musical de 69 años con quien se divierte caminando, riendo y bailando por lo menos 20 minutos cada noche. Quizá por eso admite en su reciente libro que ya no necesita la aceptación de los demás: “Finalmente siento que estoy siendo yo misma”.

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