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Doris Salcedo y sus memorias

Revista FUCSIA

Doris Salcedo y sus memorias Doris Salcedo y sus memorias

El Museo de Arte Contemporáneo de Chicago inaugura este mes la primera gran retrospectiva que se hace en el mundo de la artista colombiana Doris Salcedo. FUCSIA entrevistó a la curadora de esta exhibición que tardó cinco años en ser concebida.

Hace treinta años Doris Salcedo emprendió su carrera como artista con una convicción que aún hoy la hace seguir creando: el arte tiene la capacidad de elaborar y resarcir un trauma histórico colectivo. “Al igual que lo hicieron Goya o Joseph Beuys en sus contextos, Doris Salcedo está convencida de que el arte aporta una breve semilla para que alguien construya y elabore ese trauma. Cuando uno vive algo muy espantoso suele evitarse hablar de eso, pero cuando algo detona la necesidad de enfrentar ese dolor contenido, ese acto ayuda a lidiar con el dolor acumulado”, dice Jaime Cerón, crítico de arte, gran conocedor de la obra de la artista y quien, además de ser su alumno, fue su asistente.

A pesar de que su obra no es permanente, acarrea tras de sí unos complejos procesos, unos tiempos eternos, unas exploraciones de años enteros en su taller en Bogotá. Sin embargo, nada de esa complejidad es legible al momento de presenciar su trabajo. “Ella dice que el esfuerzo en arte no es una idea importante de comunicar, porque este solo refiere al artista, y el arte es más interesante cuando se transfiere al yo del espectador. Ella busca que el espectador crea que esa obra nació como musgo sobre la tierra”, agrega Cerón.

Así, entre una vehemencia por desentrañar la tragedia de la violencia política a partir de pequeñas experiencias individuales humanas, que ha extraído y puesto en complejas imágenes y, una convicción de que cualquier trabajo artístico requiere de “todo el tiempo, todo el dinero y todo el esfuerzo del mundo”, Doris Salcedo se ha convertido en una de las artistas más remarcables de estos tiempos. Y a esa trascendencia que encierra y encarna su obra el Museo de Arte Contemporáneo de Chicago quiere rendirle un homenaje con la primera gran retrospectiva de su trabajo, una exhibición que además viajará luego al Guggenheim de Nueva York.

FUCSIA entrevistó a Julie Rodrigues Widholm, la curadora y artífice de esta gran muestra, quien además es autora de un vasto libro que intenta comprender los detalles de la obra de esta artista, que después de todo parece inatrapable para el lenguaje.

¿Cómo surgió esta retrospectiva?

Esta exhibición se desarrolla a la luz de un imperativo: Doris Salcedo se posiciona como una de las más influyentes artistas de nuestros días, pero aún no es suficientemente reconocida. Eso nos alentó a resaltar su arte y a trabajar en una exhibición que por primera vez comprendiera todo el cuerpo de trabajo de sus 30 años de trayectoria como artista, tarea que nunca había sido hecha. Madeleine Grynsztejn, directora del Museo de Arte Contemporáneo de Chicago, y yo empezamos a hablar de una exhibición a gran escala de la obra de Doris Salcedo durante un viaje que hicimos a Bogotá, en 2010. Cinco años después, el sentido de urgencia y de significado alrededor de esta exhibición no ha hecho más que crecer.

A lo largo de esta gran empresa, Doris ha sido una fuente de inspiración y conocimiento, colaborando con nosotros en todos los niveles. Su trabajo directo en cada faceta, su tolerancia a nuestras múltiples preguntas e interminables solicitudes han hecho de esta exhibición lo que es hoy. A la final, nuestro mayor reto era que esta exhibición encarnara el mismo espíritu persistente que emana el trabajo de la artista.



La obra de Doris Salcedo estará primero en el Museo de Chicago y luego viajará al Guggenheim, en Nueva York. ¿Cuál es la gran relevancia de la obra de esta artista colombiana?

Las esculturas y las instalaciones de Salcedo, que son creadas por su apasionado estudio de las humanidades, en particular la filosofía y poesía, encaminan algunos de los más inquietantes aspectos de la sociedad. Su trabajo le da forma al dolor, a la pérdida, al trauma, y crea espacios para el duelo individual y colectivo, con un gran compromiso por hacer visible eso que normalmente permanece invisible. A pesar de que su necesidad de encarar esta condición de dolor resulte de su experiencia vital en Colombia, el trabajo, sobre todo de los últimos 15 años, señala una condición global: guerra, expulsión, migraciones involuntarias, racismo, inequidad permanente. La guerra y sus efectos están evidentes en todo lugar hoy, así mismo los ciclos de aflicción y duelo, por lo que su trabajo es más pertinente y elocuente que nunca.

Sin embargo, hay muchos artistas que a lo largo de la historia han abordado con ahínco estos fenómenos. ¿Cuál es esa lectura, esa aproximación de Doris Salcedo en su obra que la hace tan particular?

La obra de Doris evita enfáticamente la representación, prefiriendo una estética que encuentra su lugar en la suspensión. Precisamente por su naturaleza provisional, que no perdura en el tiempo, procesos como la costura, la sutura, la perforación y la punción, pueden revivir en distintos cuerpos de trabajo, ya sea en el empalamiento de las pilas de camisas de yeso que son perforadas por barras de acero; la costura, cruda y quirúrgica, de zapatos encerrados en nichos, como sucede en Atrabiliarios; los orificios perforados en la superficie de cada una de las obras de la serie Unland y de Plegaria Muda, o más recientemente la costura de pétalos de rosa que constituyen la obra A flor de piel. Esta combinación de perforación y remiendo –herir y curar– recapitula visualmente la tragedia, pero no la resuelve nunca. La tragedia es entonces la fuente principal de su trabajo: el lugar al que siempre apunta de forma indirecta. No para que esta sea resuelta, solo para que no sea olvidada.

Sus instalaciones nos recuerdan el riesgo que corre la humanidad cuando sus derechos no son delimitados y cuando las víctimas se convierten en simples estadísticas o titulares. Su trabajo trasciende las nociones simplistas de las víctimas para comprometerse completamente con la complejidad de las personas.



Tras recoger cada una de esas obras y después de trabajar tan de cerca con la artista, ¿se le revelaron cosas inesperadas sobre su obra, surgieron en el proceso nuevas visiones sobre la complejidad que materializan?

Se fue haciendo evidente cómo las preocupaciones primarias de su práctica artística se han mantenido de alguna manera intactas, a pesar de que sus exploraciones formales y materiales han continuado buscando nuevas posibilidades de expresión. Por ejemplo, hay un consistente uso de piezas del mobiliario doméstico, algunos encontrados, otros que pertenecían a las victimas y algunos hechos en su estudio. Es tremendo ir reconociendo con claridad cómo los muebles de madera, simples, sin adornos, que utiliza Doris Salcedo en su obra sirven como una imagen universal. También fuimos testigos de cómo a través de un laborioso proceso que puede tomar años en investigarse y producirse, la artista y su equipo de asistentes transforman materiales comunes en objetos contemplativos que exponen los detalles de incidentes violentos, para llevar a los espectadores a considerar las vidas individuales que se perdieron y las familias que fueron destrozadas.



Mientras se ha realizado todo el trabajo de esta retrospectiva, Doris Salcedo ha venido desarrollando una nueva obra pública en Chicago. ¿Puede contarnos un poco sobre este trabajo?

El trabajo más reciente de Doris Salcedo es una pieza a gran escala, Palimpsest, que será presentada al aire libre, y que dará presencia a los que han muerto por la violencia armada en Estados Unidos. El proyecto empezó con una investigación sobre la violencia y las áreas donde se presentaba la “muerte social” en Chicago. Doris entrevistó a madres de la ciudad que hubieran perdido a sus hijos por este conflicto. Así, sus conversaciones sobre el dolor y el duelo dieron vida al proyecto, que inventa un lugar colectivo, donde se podrá recordar a las víctimas. En esta propuesta la artista usará, significativamente y por primera vez, palabras para dar cuenta de los nombres de quienes murieron. La obra estará presente en el baldío de una ciudad, en donde filas de nombres de víctimas emergerán del agua del subsuelo sobre una superficie de concreto gris, dando representación a una presencia fantasmal y persistente. Los nombres acuosos que se irán formando oscurecerán otros que estarán escritos débilmente en la superficie.

Como lo registré en el libro que acompaña esta exposición, uno puede imaginar que, en algunos días, condiciones ambientales como el viento y la lluvia podrían hacer que los nombres desaparecieran. Pero la misma artista dice: “Recordar y olvidar, ambos estados están presentes en Palimpsest. Una obra de arte debe ser capaz de exhibir experiencias opuestas”.

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