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Dos versiones femeninas del poder

Revista FUCSIA

Dos versiones femeninas del poder Foto: © Jorge Oviedo/14

Una mirada desde un foco más humano a las dos únicas candidatas mujeres para aumir la Presidencia de Colombia: Clara López y Marta Lucía Ramírez. Esto fue lo que nos confesaron.

Clara López y su bandera social

"Querido niño Dios: te pido que en esta Navidad le des paz a Colombia y comida y vestido a los niños pobres de mi patria”. Escritas con una caligrafía infantil, en una tarjeta, esas fueron las palabras que Clara López descubrió guardadas en el misal de su mamá. Ella no recordaba ser su autora, pero tenía 6 años cuando pidió aquel deseo. “Quizá esa es la primera manifestación de mi pensamiento político”, confiesa la candidata a la Presidencia por el Polo Democrático.

Por eso su esposo, Carlos Romero, se lava las manos cuando lo señalan de haber vuelto “comunista” a una mujer de familia privilegiada que estudió Economía en Harvard. “Ya era así cuando la recibí”, bromea el exconcejal, quien ve a Clara como una especie de Pepe Mujica. “Hasta él, que es el menos machista de los hombres, busca un referente masculino. Este país está ansioso de que lleguen los valores femeninos Una mamá estira cada centavo para alimentar a sus hijos y los quiere a todos, hasta al más descarriado”. Si de comparaciones se trata, se identifica con la mandataria chilena Michelle Bachelet, “porque ella no guarda una onza de rencor pese a que sufrió la persecución y el exilio”.

Asegura que por esa misma cualidad eligió a su fórmula vicepresidencial, Aída Avella, de la UP. “Mi papá me decía que si uno le quitara el saludo a todo el que le hiciera a uno alguna guachada, se quedaría sin saludar a nadie”. Su propuesta de paz no contempla “el exterminio, sino la negociación de un cese al fuego con un acuerdo humanitario, y está sustentada en profundas reformas sociales”. Se refiere a que su programa de gobierno incluye un cambio en el modelo económico, que priorice el gasto público pensando en la educación y la salud gratuita, y una pensión básica de supervivencia garantizada por el Estado a los mayores de 65 años.

A Clara le parece un cliché que la encasillen exclusivamente en la izquierda, “estigmatizada con el tema de que no da cabida a lo privado”. Se siente más cómoda al ser vinculada con la bandera social: “No se trata de caridad sino de solidaridad. He ido ganando hijos, niños que eran cuidadores de carros y hoy son doctores”. Se llena de orgullo al recordar que hace unos años una familia se le acercó para mostrarle las calificaciones de un jovencito al que ella le había patrocinado una cirugía de cráneo: “Mire lo que usted hizo, en todo 5”. También saca pecho a raíz de su breve paso por la Alcaldía de Bogotá, convencida de que fue “como levantar un muerto. Por eso, al que me encuentro le pido su voto sin pena. Formo parte de los treinta millones de colombianos que quieren otro camino”. Esa franqueza es sinónimo de coherencia: “Decimos lo que pensamos y hacemos lo que decimos”, es el lema que heredó de su mentor, Luis Carlos Galán. “Uno no puede darle gusto a Dios y al diablo. Si llego a la Presidencia verán que seguiré siendo la misma”. Después de todo, Clara aún se parece a esa niña que espera que una carta navideña se haga realidad.



Marta Lucía Ramírez y su imperio de la ley

La sede de campaña de Marta Lucía Ramírez está llena de una energía juvenil. Muchos de sus colaboradores escasamente superan los 30, lo que dejaría atónitos a quienes catalogan al Partido Conservador de anquilosado. Ese ambiente tal vez se deba a su vocación para formar a las nuevas generaciones.

Sus pupilos la describen como maternal, aunque rigurosa. Al verla en acción, también es natural sospechar que solo los más vitales pueden seguirle el ritmo. Su condición de mujer jugó a favor de tal exigencia: “A los19 años trabajé medio tiempo en la Superbancaria. Era algo bonitica y un empleado me dijo que las niñas como yo no podían hacer nada importante. ¿Entonces había que ser una fea desarreglada? Por amor propio me propuse que no me devolverían ningún concepto jurídico, y los pasaba impecables. A nosotras nos toca demostrar que somos competentes, en los hombres eso se presume”.

Admira a Angela Merkel, quien “hace lo que toca y no lo que le aplauden”. Desde la Presidencia, piensa abrirle campo a las más preparadas de su género. Cuando estuvo a la cabeza del Ministerio de Comercio Exterior lo hizo con el 60 por ciento de los cargos directivos, y al convertirse en la primera mujer al mando de la cartera de Defensa cambió el hecho de que el máximo rango femenino en las fuerzas militares fuera el de coronel. “El ego es más propio de lo masculino. Nosotras no actuamos para que nos reconozcan y a veces el crédito se lo llevan otros”.

Sin embargo, la candidata no es tímida al mencionar sus logros: creó la primera política pública sobre emprendimiento en América Latina, y gran parte de las iniciativas de la seguridad democrática tienen su sello. “Algunos periodistas me tildan de ladrilluda; a mí me enorgullece, por el contrario, estar llena de contenido”. De hecho su esposo, Álvaro Rincón, manifiesta que al poco tiempo de casarse ella le confesó que tenía tantas ideas que no iba a conformarse con ser la abogada de alguna entidad. “Pero la política electoral no me había interesado hasta que siendo ministra conocí las historias de soldados mutilados que me decían que si tuvieran piernas de nuevo, volverían a servirle al país”.

Su bandera es “el imperio de la ley”, poner la casa en orden. “Realizaremos consejos contra la corrupción, un cáncer que el año pasado se comió 9,5 billones de pesos, dos veces el presupuesto del sector agrícola, y estoy convencida de que el progreso en el campo es crucial para lograr la seguridad de las ciudades”.

Le apuesta a que se puede sacar adelante una negociación con la guerrilla en cuatro meses, siempre y cuando deje de reclutar niños y cese los atentados terroristas, entre otras condiciones. Y es que Marta Lucía opera con cronograma en mano hasta para hacer el mercado. En las noches elabora una lista con las tareas del día siguiente, se levanta a las cinco y estira las horas que le alcanzan incluso para jugar bádminton los fines de semana. “Nuestro paso por la tierra es muy corto y hay que vivirlo con intensidad”. 

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