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El cuerpo del arte

El cuerpo del arte

María José Arjona es una de las colombianas con más proyección en el exterior. Su talento la llevó a ser parte de la retrospectiva que el Museo de Arte Moderno de Nueva York hizo a Marina Abramovic, la artista de performance más importante del mundo.

El cuerpo de María José Arjona es el elemento central de todas su obras. En él está la clave para acceder al universo que le permite configurar las relaciones con el otro. “Pienso que en la creación de esas posibles relaciones se afirma la vida”, dice esta artista bogotana que desde niña se interesó por la danza. “Ese fue mi primer contacto con el cuerpo”, cuenta, y luego busca en sus recuerdos de infancia cuál fue su primer roce con el arte. “Las clases de cerámica con Sarita Dávila”, anota, y después confiesa que en ese momento no tenía ninguna intención de ser artista. Sin embargo, a medida que pasaron los años, se interesó cada vez más por el movimiento y el mundo creativo.

Su verdadera vocación la encontró en la Academia Superior de Artes de Bogotá, de donde se graduó como artista plástica. Un día llegaron a sus manos unas fotocopias en blanco y negro en donde salía una foto de ‘Ritmo 0’ de Marina Abramovic, artista yugoslava considerada como una de las precursoras de la performance. Cuenta María José que, aunque no podía ver la imagen, el texto la dejaba entender lo que estaba sucediendo. “Fue un momento revelador. Me di cuenta de que la performance era lo que me permitiría usar el cuerpo de una manera antes impensable para mi”.

Si en ese momento alguien le hubiera dicho que iba a ser parte de una retrospectiva organizada por el Museo de Arte de Nueva York para conmemorar los 30 años de carrera de Abramovic, seguramente no lo hubiera creído. Pero así fue. Gracias a su persistencia y talento la contactó hace alrededor de seis años, y desde entonces comenzó un diálogo entre las dos. El año pasado, María José fue una de las artistas elegidas para participar en ‘The Artist is Present’ (‘El artista está presente’), una exposición en la que varios artistas recrearon algunas obras de la yugoslava bajo su estricta supervisión. El arte de la performance es llegar a los límites del cuerpo, por eso, para ser parte de este selecto grupo, tuvo que ingresar a un taller del que no se podía retirar sin la autorización de Abramovic. Previo a eso firmó un acuerdo de renuncia a lo material en el que se comprometía, entre otras cosas, a ayunar por dos semanas, a no hablar y a no tener ningún contacto sexual. La retrospectiva fue una de las más comentadas del año en el ámbito artístico, y puso a la bogotana en el ojo del arte mundial.

Llegar ahí no fue fácil. Es precisamente la preparación a través de su obra la que le ha permitido poner su cuerpo a prueba y conocer el poder que se esconde dentro de él. Hace un mes los bogotanos pudieron interactuar con la artista en la exposición ‘Vires’ que se presentó en NC-Arte con el apoyo de Gloria Saldarriaga y Omayra Alvarado, dos mujeres comprometidas con la difusión del arte colombiano. Este es un proyecto que María José estaba desarrollando antes de ser elegida por Abramovic, en donde el poder, la fuerza y la influencia son el eje central de la puesta en escena. “‘Vires’ revela las dinámicas del poder en esa relación con el público. La gente debe decidir qué hacer con mi cuerpo”, anota.

La exposición se dividió en tres ejercicios. Uno de los más comentados fue: sobre la fuerza, el deseo y los objetos del deseo, en los que vestida de negro y sujetada a una pared con un arnés que le quitaba movilidad, guardaba un diamante en la boca. Durante las cuatro horas de esta performance, cada asistente tuvo cinco minutos para intentar sacárselo de la boca, en una especie de pelea artística entre quien quiere la piedra, y el poder, la concentración y el dominio del cuerpo del artista. Quien lograra retirarlo se quedaba con él.

Por esa exigencia física intrínseca a cada una de sus presentaciones, María José es tajante al decir que su mayor orgullo no es la serie de éxitos profesionales –ha expuesto en el Moma, en In-Trasit en Berlín, en el Museo Madre en Nápoles, en el Teatro Anatómico en Bologna, en Brot Kunsthale de Viena, en el Miami Art Museum, entre otros–, sino el entendimiento que tiene de su cuerpo después de cada obra. “Es el camino para hacerse a un cuerpo que logre enfrentarse al tiempo. Entender el tiempo y todas su posibilidades: ese es mi mayor logro”, concluye.

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