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El estilo Kate

El estilo Kate El estilo Kate

Desde ya un icono de moda, la Duquesa de Cambridge, Catherine, es objeto de un escrutinio permanente cada vez que se atreve a salir a la calle. Ya sea para criticarla o para elogiarla, se podría decir que el ‘estilo Kate’ está enloqueciendo a las nuevas generaciones.

 
Kate, la cenicienta del siglo XXI, nació en Reading, a las afueras de Londres, pero se crió en Bucklebury, en el condado de Berkshire. Es la mayor de tres hijos. Tiene un hermano, James, que mantiene un bajo perfil, y una hermana, Pippa, a quien le fascina la celebridad. Sus padres trabajaban en British Airways, ella como azafata y él como programador de vuelos, hasta que decidieron independizarse y montar su propia empresa, Party Pieces, que vende artículos para fiestas en la Internet y con la que se hicieron millonarios. Aunque parezca una contradicción, el hecho de que Kate haya sido una niña de clase media es lo que le da hoy en día un estatus de protagonista de cuento de hadas, cuando millones de personas pudieron ver cómo una jovencita común y corriente se convierte en princesa.

Parecería que su suerte la hubiera decidido el destino desde el día en que nació, pues gracias a la buena fortuna de sus padres pudo estudiar en los mejores colegios privados, como el Saint Andrew de Pangbourne y el prestigioso Marlborough College, frecuentados por la aristocracia. Como es sabido, al terminar la secundaria asistió a la Universidad de Saint Andrews, en Escocia, donde se licenció en Historia del Arte. Allí conoció al príncipe William. Su historia de amor se inició cuando él la vio en un desfile de modas con un vestido transparente y cayó rendido a sus pies. Vivieron juntos en una casa cerca de la universidad con un grupo de amigos, primero como amigos, luego como novios.Kate era una alumna estudiosa que hasta el día de hoy no bebe ni fuma, una jovencita tímida que soñaba con casarse algún día con un miembro de la realeza. Tras ocho años de noviazgo y una separación de cerca de un año, finalmente llegó al altar el 29 de abril de la mano de su príncipe azul. Después de terminar la universidad, entre el 2006 y el 2007 estuvo trabajando por un tiempo en Jigsaw, una tienda de ropa para gente joven en Dover Street, como asistente de la compradora de accesorios, hecho que no contaba con el beneplácito de la reina Elizabeth. De su trabajo surgió una marcada afición por la moda. Luego decidió ayudarles a sus padres en el negocio de las fiestas. En ese momento se vestía como cualquier jovencita de su edad, con jeans, camisetas y chaquetas de cuero, siempre con un estilo muy particular.

Pero los días de la vida fácil son ya cosa del pasado. A Kate le tocó cambiar los jeans por los sastres y los sombreros. Según el protocolo, ella debe caminar detrás de William, a quien la reina Isabel II decidió concederle los títulos de Real Duque de Cambridge, Conde de Strathearn y Barón de Carrickfergus, y lo debe hacer sin perder la sonrisa, vestida siempre de falda, pues las mujeres de la realeza no se ponen pantalones en los actos oficiales. Debe estar dispuesta a asistir a numerosas recepciones, a viajar constantemente a los mas recónditos lugares del mundo y a esperar a su marido pacientemente en una casa en medio de la campiña galesa cuando él salga de misión, pues William es piloto de rescate. Como la Reina, tendrá que tener una vida transparente, como en vitrina, a la vista de todos. Los fotógrafos la van a perseguir constantemente y su vida será la comidilla de la prensa del corazón. Sin embargo, tiene la suerte de que el Príncipe lleva grabada en su corazón la experiencia que tuvo que soportar su mamá y que está dispuesto a protegerla con su vida. Hasta ahora Kate sólo se ha dirigido a la prensa el día en que William anunció el compromiso.

Aunque se sabe muy poco acerca de ella y para la prensa es una especie de página en blanco, Kate es una megacelebridad que nunca ha estado en un reality show, no tiene página de Facebook, no ‘twitea’ y no está preparada para revelar su vida íntima a un biógrafo. Ella es como las actrices de Hollywood de los años 30: una mujer misteriosa que pone a soñar a la gente. Poco a poco se fueron revelando los detalles del día de la boda, aunque la verdad no se supo sino el 29 de abril a la madrugada.

Mientras tanto, el mundo entero se mantuvo en vilo, todos querían saber quién era el diseñador del vestido de novia, cómo la iban a peinar, qué zapatos usaría y otros detalles. Según Karl Lagerfeld, ella es una linda persona con un cuerpo espectacular: “A mí me gusta mucho su nariz”, dijo en una entrevista. Él piensa que el hecho de que ella no tenga sangre real va a beneficiar a todo el mundo: “Será mejor para la generación que viene. Ella es muy diferente de la princesa Diana y parece una persona equilibrada y feliz”. El emblemático diseñador de la Casa Chanel, quien vio por televisión el matrimonio, no está seguro de si éste será un amor que dure para siempre, pues no cree que exista el amor eterno.

En cuanto al peinado, la novia llevó el pelo suelto, tal y como lo había pronosticado su peluquero, Richard Ward. Según él, el peinado de una novia debería reflejar su estilo en la vida diaria y, como Kate es antes que nada una joven muy natural, no necesitaba peinados complicados. Aunque se habló de que hubiera querido maquillarse ella misma, finalmente decidió que lo hiciera un maquillador profesional.

El vestido de la novia constituyó el secreto mejor guardado de la realeza británica, que tiende a favorecer a los diseñadores ingleses. Tanto la reina Elizabeth como la princesa Margarita se casaron con vestidos diseñados por Norman Hartnell. Lady Di escogió a David y Elizabeth Emmanuel para crear su controvertido, pero icónico vestido y, finalmente, el de Sarah Ferguson lo hizo Linka Cierach. En el caso de Kate, se especulaba sobre tres posibles diseñadores: Sophie Cranston, quien trabajó con Alexander McQueen y hoy diseña para su propia marca, Libélula; la brasilera Daniella Helayel, quien diseñó su vestido de compromiso, y Sarah Burton, asistente de McQueen, quien tomó las riendas de su firma después de su fallecimiento, y quien fue finalmente la persona elegida para el gran acontecimiento.

Se podría pensar que esta elección es un homenaje a Alexander McQueen, cuya Casa ha sido, junto con la de Charles Frederick Worth, la más sobresaliente de la historia inglesa. A Worth se le recuerda bien como el diseñador de la emperatriz Eugenia de Montijo, de Sissi, emperatriz de Austria, y ahora el fallecido Alexander McQueen pasa a la historia como el de la Duquesa de Cambridge, quizá futura Reina de Inglaterra. El traje fue elaborado enteramente por las costureras de la Casa McQueen y de la Casa Real de Alta Costura.

Hay que anotar que el estilo muy personal de Kate ha evolucionado en los últimos ocho años de las chaquetas de tweed y las botas hasta la rodilla hacia los vestidos de un solo color y los sastres de falda con tacones bien altos. Su vestido de compromiso, hecho por Daniella Helayel, ya entró a la lista de la historia de la moda como lo hará esta vez el de novia, de Sarah Burton.

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