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El síndrome  de la mujer abusada Lila Ochoa , Directora Revista Fucsia. (Foto: Juan Antonio Monsalve)

El síndrome de la avestruz afecta a las mujeres que se someten al maltrato de los hombres.

Por: Lila Ochoa

En pasados meses el tema de conversación fue el escándalo del Bolillo Gómez, exdirector técnico de la Selección Colombia, y la violencia contra las mujeres. Se han escrito ríos de tinta al respecto, pero quisiera tocar el tema desde el punto de vista de una mujer, pues la senadora Liliana Rendón no sabe, desde luego, de qué está hablando cuando lanza opiniones como: “Nosotras fregamos mucho, somos muy necias y manipuladoras (…) alguna cosa hizo ella que provocó su reacción. Si mi marido me casca, yo algo hice.

Uno no se gana milagros de pereza, tuve que haberlo jodido mucho”. Uno piensa que la Senadora tiene un problema frente a sus congéneres por cuanto reacciona de esta manera, y si yo viviera en Antioquia no votaría por ella, porque, ¿cómo puede pensar una mujer que está bien que para pertenecer al club de los hombres y el poder haya que traicionar a sus hermanas? Parecería que la señora Rendón tuviera una obsesión por congraciarse con el sexo masculino y que eso le da licencia para faltarle el respeto a las mujeres.

Pero, pasando al tema que de verdad nos ocupa, tal parece que hasta ahora nadie ha hablado con la víctima, que ninguna persona se ha atrevido a escribir sobre lo que piensa y siente la mujer que ha sido objeto de una agresión de esta naturaleza. Para empezar, los hombres que golpean a las mujeres tienen un complejo de inferioridad grave. Se sienten dueños de la mujer y no quieren por nada del mundo perder ese poder. Por eso las amenazan, las intimidan, las humillan y, finalmente, las golpean.

Y muchas mujeres tienden a confundir ese comportamiento con el amor. Piensan que esta violencia se genera a causa de los celos y con el tiempo entran en un estado de negación que yo llamo “el síndrome de la avestruz”. La mujer tiene miedo de que le quiten el apoyo económico, sufre pensando en que va a perder la custodia de los hijos y, lo más grave, empieza a desarrollar una inseguridad que la deja en estado de invalidez mental y la obliga a meter la cabeza en la arena para poder sobrevivir. No se atreve a denunciar porque, en primer lugar, nadie toma en serio la violencia contra las mujeres, pues, como la senadora Rendón, las autoridades piensan que ella se buscó esa situación, que es una persona necia, que desesperó a su pareja o que entre los dos hay un problema de infidelidad.

Los sacerdotes piensan, por su parte, que está en manos de las mujeres impedir que las cosas se salgan de madre y que con paciencia y resignación se soluciona la violencia. La mujer tampoco comparte su situación con el resto de su familia, pues el matrimonio corre el riesgo de acabarse si cuenta la verdad.

Aunque no pienso que se tenga que crucificar a nadie, creo que el Bolillo no es un ángel de la guarda, basta con leer su libro, Golpe a golpe. Es un mujeriego que engaña y abusa de su esposa o de su novia. Eso es ser deshonesto y no se trata de que el suyo sea un asunto personal, es un problema de valores, de carácter. Lo que Gómez necesita, ante todo, es un sicólogo, pues realmente requiere ayuda, como la necesita la mujer golpeada, ya que solamente en la medida en que uno se respete a sí mismo lo van a respetar los demás. Es un trabajo largo, pero necesario; los problemas del alma y de la mente también necesitan de un profesional. Hay que volver a reconstruir con valores fundamentales. Uno no puede pretender que alguien lo mantenga, primero, y segundo, hay que poner límites claros en toda relación, sea ésta con los hijos, el novio o el marido.

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