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“El posconflicto tiene que tener cara y liderazgo de mujer”

Revista FUCSIA

“El posconflicto tiene que tener cara y liderazgo de mujer” Foto: Paloma Villamil

Paula Gaviria Betancur es la directora de la Unidad para la Atención y Reparación Integral a las Víctimas. Su cargo le ha brindado la oportunidad de conocer de primera mano las realidades de las víctimas, muchas de ellas, mujeres.

Por Julia Alegre

Es la cabeza visible al frente del proyecto más ambicioso de la política nacional. Así se lo hizo saber el presidente Juan Manuel Santos cuando la llamó para encargarle el puesto de directora de la Unidad para la Atención y Reparación Integral a las Víctimas que ostenta desde enero de 2012. “‘Esta política va a tener un impacto en el mundo, y quiero que usted lidere su puesta en marcha’, me dijo. Fue un voto de confianza mutuo, porque en esta entidad está puesta la esperanza de un país”.

Nieta del expresidente Belisario Betancur, Paula Gaviria Betancur, abogada y especialista en periodismo, opinión pública y marketing político, ha vinculado su carrera profesional desde sus inicios al aparato estatal, con cargos en la Corte Constitucional, la Defensoría del Pueblo y la Dirección Nacional de Promoción y Divulgación de los Derechos Humanos de la misma entidad. Sin embargo, es ahora cuando le toca liderar un proyecto que apenas empieza a dar sus primeros pasos y, con la responsabilidad añadida de atender y reparar a más de seis millones de víctimas que ha dejado al día de hoy el conflicto armado, en cumplimiento de la Ley de Víctimas y Restitución de Tierras (Ley 1448 de 2011).

El organismo que dirige cifra en 485.000 las víctimas reparadas hasta el momento en términos de indemnización, rehabilitación, restitución de tierras y garantía de no repetición. También adelanta 300 procesos de reparación colectiva que aglutina a más de cinco millones de víctimas. “El país está en deuda con estas personas, y no puede sentir que ya cumplió. Tampoco el Gobierno. Tenemos muchos años por delante, muchos más de los que imaginamos, en los que tendremos que insistir en la legitimidad de un Estado que no estuvo para las víctimas o que estuvo para hacer daño”.

A pesar de sus aspiraciones, tiene los pies en la tierra y se muestra tajante cuando asegura que las expectativas puestas en la Unidad son “más grandes que las posibilidades (...). Hay que fortalecer la Unidad y rodear mucho más a las víctimas para que cumplan un rol protagónico en el proceso de construcción de acuerdos y en el posconflicto”, lo que pasa inevitablemente por destinar un mayor monto de las arcas públicas a la entidad. “Ya llevamos casi 18 billones de pesos invertidos, pero, según nuestros cálculos, para lograr una reparación integral a las víctimas, la institución tendrá que ser fortalecida en su presupuesto”, advierte.

La directora también considera una prioridad reconocer las deudas que tiene Colombia con sus mujeres y la necesidad de visibilizarlas como figura fundamental en el proceso de reconstrucción del país: “Lo que hemos aprendido estos tres años es que debemos escuchar más a las mujeres y actuar más para protegerlas. Una gran fuerza de apoyo que rodea el proceso está liderada por ellas. La visión particular que tienen de la política, de la justicia, de la vida, del amor, de la libertad, es algo que en este momento del país necesita para que los grandes cambios puedan hacerse. El posconflicto tiene que tener cara y liderazgo de mujer”.

Este trabajo le ha brindado la posibilidad de encontrarse de frente con “lo peor y lo mejor de la humanidad”, como ella misma indica. “Descubrir en una misma historia todo el dolor y desesperanza, y toda la grandeza del ser humano que a pesar de eso sobrevive y logra resistir y transformar eso en cosas hermosas”. Dice sentirse muy pequeña cuando habla con las víctimas, pero que hoy se siente capaz de todo.

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