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Érase una vez… Érase una vez…

Cuando sus relaciones del pasado aún pesan en el presente, no hay espacio para un futuro con alguien.

 
Por Odette Chahin
 
Se conocieron en un bar, hablaron, coquetearon y, sin darse cuenta, terminaron entrepiernados en la cama. Al día siguiente, ella se da cuenta que él tiene un tatuaje de Elmo en el culillo, lee a Coelho y que lo tiene del tamaño de un bocado de nigiri; invariablemente ella suspira extrañando la virilidad de su ex. Entretanto, él se asusta pensando que se acostó con un travesti porque ella tiene pelos en las axilas, voz de anunciante de detergentes y no tiene tetas, e invoca con nostalgia y cariño las siliconas de su ex.

Cuando uno conoce a alguien con potencial para pareja, es imposible apagar el chip comparador, aquel que hace un detallado balance comparativo del nuevo prospecto en relación con todos sus ex –¿es más cariñoso, es más exitoso, lo tiene más grande?–; un balance que muchas veces tira por la ventana cualquier posibilidad de futura relación. Hoy existen pastillas para eliminar desde la celulitis hasta el resultado de un revolcón sin condón, sería fabulosísimo si la ciencia pudiera inventarse una pastilla que le borrara a uno la memoria colectiva con la pareja cuando cada quien decide coger (literalmente) por su lado, esto nos haría la vida un poco más amable.

Y es que las comparaciones son odiosas, si no que lo diga el hermano menor de cada familia, es un deporte patológico que tiende a arruinarlo todo, para la muestra alguna evidencia. Caso 1: Usted está feliz porque por fin pudo bajar dos kilos, pero se le atraviesa una de esas flacas talla cero devorándose un helado, y automáticamente se le daña el día. Caso 2: Usted está feliz con su sueldo hasta que se entera de que su hermano menor gana tres veces más. Caso 3: Usted está feliz con su novio hasta que conoce el de su vecina y se da cuenta de que al suyo sólo le falta la nariz roja para ser un payaso. Creo que todos seríamos más felices si fuéramos ciegos y no pudiéramos ver lo que tienen los demás.

Los humanos nos diferenciamos de los animales por tres cosas: nuestro raciocinio, usamos papel higiénico para ir al baño y somos inconformes, esa es nuestra esencia, por eso, es que uno no ve a los elefantes quejarse de lo grande que tienen el trasero o a las jirafas deprimidas por tener el cuello tan largo. Nosotros, los humanos, jamás estamos conformes con lo que somos o tenemos; los gordos quieren ser flacos y los flacos quieren engordarse, los solteros quieren casarse y los casados quieren divorciarse, y siempre quieren algo diferente al postre que se están comiendo.
 
Esta inconformidad se refleja de manera diferente en la forma como los hombres y las mujeres abordan las relaciones. Ellos siempre están pensando en hacer upgrades: cambiar de carro, de computador, de celular y también cambiar de mujer por otra mejor, como si se tratara de cualquier otro gadget. Las mujeres, en cambio, tienen el afán de mejorar lo que tienen, no mudarse sino hacer renovaciones, arreglar sobre lo que ya existe y lo mismo hacen con los hombres, tratan de mejorarlos para que queden como nuevos, aunque a veces los mejoran tanto, que desafortunadamente se los quitan otras.
Pero creo que la lección más importante para ser felices, es saber que no existen amores perfectos estilo comedia romántica hollywoodense, ni nadie es perfecto (a menos que haya nacido en Argentina), lo importante es que la persona amada tenga más atributos que defectos. Muchas personas entienden esto y, por eso, llevan años en relaciones que los hacen parcialmente felices con lo mejorcito que pudieron encontrar. El resto de idealistas que persiguen un amor perfecto y que no se conforman con príncipes casi azules que eructan y prefieren ver fútbol que a ellas, son las que en su eterna búsqueda se quedaron solteronas por ser tan exigentes e ilusas, porque la perfección sólo existe en las películas, y ni siquiera: porque hasta la escena del beso perfecto requiere por lo menos 20 tomas.

Ojalá uno pudiera ‘construir’ su propio Frankenstein del amor con partecitas de todos los ex para armar a la pareja perfecta, pero aún la ciencia no ha llegado tan lejos; mientras eso sucede, nos toca conformarnos y ser felices con lo que tenemos y no mirar al lado para que no se nos dañe el día.

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