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"La moda fue mi lugar de empoderamiento"

revista FUCSIA

"La moda fue mi lugar de empoderamiento" CATALINA HERNANDEZ

La bloguera barranquillera Geraldine Lustgarten ha sabido transgredir los estándares típicos de belleza y encontrar en el vestir, una forma de mostrarse ante el mundo, debido a las alteraciones en su rostro producto de una enfermedad congénita.

Es común que las niñas exploren los armarios de sus madres. Podemos imaginarlas montadas sobre pequeños bancos, tratando de alcanzar la ropa que, con algo de suerte, cae. Verlas recogiendo chaquetas que se probarán y que les quedarán anchas y largas, para luego caminar con cuidado, pendientes de que la tela no se enrede entre sus pies.

Esta escena la repitió la estudiante de diseño de modas y bloguera, Geraldine Lustgarten, una y otra vez. Las prendas que encontró en el armario de su madre la llenaron de aliento: un sastre Dior de los años sesenta, chaquetas vintage de estampados coloridos y todo tipo de tacones. También se encontró con revistas que le mostraban piezas que nada tenían que ver con lo que usaban las mujeres de su natal Barranquilla. Ciudad que dice da cuenta de una gran creatividad, aunque solo tenga un tipo de clima la mayor parte del año.

Por una enfermedad congénita Geraldine sufrió, desde pequeña, problemas fisionómicos que afectaron su salud. También su rostro. Tuvo que hacerse varias cirugías y, por cada una de ellas, pasar por un proceso de recuperación que le tomaba como mínimo un mes. Siempre se las hizo en distintas ciudades, con médicos que le recomendaban salir a la calle, dar un paseo para sentirse mejor. Salir como estaba: con vendas en la cara y gafas. Sin embargo, ella no se dejó intimidar por las miradas de desconocidos. En cambio, les sacó provecho. Cada vez que se operaba compraba ropa nueva, intentando siempre buscar prendas llamativas, abrigos de pieles, vestidos o faldas cortas.

La moda, dice Geraldine, “siempre fue el vehículo para sentirme mejor”. Es una terapia. “No me hice estas cirugías para complacer los gustos estéticos de la sociedad, sino porque las necesitaba tanto para mi salud como para mi bienestar. Mientras estas sucedían, la moda se convirtió en mi lugar de empoderamiento. Fue y sigue siendo la forma como decidí mostrarme ante las miradas curiosas, a veces inoportunas, sin seguir por ello los estándares típicos de belleza. En ella he encontrado un punto de complacencia, de satisfacción personal”.

Geraldine siempre supo que la moda, más que una forma de vestir, era un arte que quería estudiar, y por eso, a sus dieciocho años, se inscribió en The New School of Design, en Nueva York. Con los años sus gustos cambiaron. Le quedó, de la feminidad de las mujeres de Barranquilla, los colores fuertes que usan al vestir, las prendas cortas, las uñas siempre pintadas y el pelo largo.

Pero abandonó la ropa apretada o la idea de que el negro implicaba el luto. Empezó a caminar la Quinta Avenida y a entrar con frecuencia en los almacenes de lujo. Conoció de cerca las piezas de sus diseñadores preferidos Victoria Beckham, Stella McCartney, Raf Simons, entre otros, inspirándose en ellas para llevar la sofisticación que le imprimía a sus propias colecciones, siempre dentro del marco del ready-to-wear. “Nueva York es una ciudad agresiva. La gente que camina en ella se siente como uno más del montón, casi un fantasma, así que la moda puede hacer que alguno sobresalga”, afirma.

Mientras su proyecto personal se materializa, Geraldine es conocida por ser crítica de moda y bloguera. En su página web y en sus cuentas públicas de Instagram, Facebook y Twitter, donde tiene más de cinco mil seguidores, comenta siempre los vestidos que pasan por la alfombra roja, hace seguimientos detenidos de las semanas de la moda en Nueva York, París o Colombia y se toma fotos de la ropa que usa diariamente, para que los interesados puedan aprender o buscar piezas parecidas.

Responde también inquietudes de sus seguidores, quienes usualmente le preguntan qué se ve bien o qué se ve mal para su tipo de cuerpo. Pero lo más interesante de Geraldine aún está por verse. Es una colección que está en proceso, que será su tesis de universidad y que se asimila a proyectos como el de la modelo y atleta Aimee Mullins, quien, por tener las piernas amputadas, hace arte de las diferentes prótesis que usa, para desafiar los preconceptos que se tienen de la incapacidad y la belleza.

La poesía, dice Mullins, eleva lo banal y al objeto abandonado lo convierte en arte. Y eso está haciendo Geraldine: “La colección contará la historia del proceso transformativo por el cual ha pasado mi cuerpo desde el día en que nací hasta el día de hoy. El cambio físico ha sido muy notorio, y por ello es más difícil de representar. Además, hablar del tema es algo que nunca se me ha dado fácil. Pero decidí contar lo sucedido a través de la ropa, y espero que eso inspire a las mujeres que se sienten inseguras con lo que son y con lo que han sido”. A esta diseñadora, entonces, la estaremos esperando.

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