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La metamorfosis del maniquí

Revista FUCSIA

La metamorfosis del maniquí La metamorfosis del maniquí

Próxima a cumplir un año la primera tienda abierta en el país, el vicepresidente de la compañía brasileña Expor Maniquís, Guillerme Andrade, da cuenta de un mercado que vale alrededor de US$15 millones y que se rige por el realismo de la figura humana.

Antes de que aquella película de comedia romántica protagonizada por Kim Cattrall fuera un éxito comercial en 1987, la posibilidad de que un maniquí cobrara vida, literalmente, parecía una idea fantástica que se alejaba de las verdaderas vitrinas. Si bien el maniquí nació en pleno siglo XVI como una reforma a las muñecas de tamaño natural que promovían la moda francesa en el extranjero, han sido el tiempo y los avances tecnológicos los que le han dado un toque de autenticidad, tanto en sus facciones como en sus posturas.

Hace 45 años, la empresa brasileña Expor Maniquís irrumpió en el mercado como la primera en Latinoamérica que se arriesgaba a desarrollar prototipos dignos de ser exhibidos en los escaparates. Hoy continúa desarrollando un negocio que impacta el 85 por ciento de la decisión de compra de un potencial cliente que tiene ocho segundos para sentirse atraído por un concepto que va en lineamiento con los patrones del sector textil.

 “Los maniquís están muy conectados con el tema de la moda y por eso permanecen en constante evolución. La industria ha pasado por dos grandes cambios en lo que respecta al diseño: el tamaño y los materiales. Si se observa una pasarela de los años setenta, las modelos eran completamente distintas a las actuales, mucho más delgadas. Esto pasó también con los maniquís, mientras que la tecnología hizo que se pasara de hacerlos de yeso a fabricarlos en fibra de vidrio o resina de poliuretano, más resistentes y livianos”, asegura el vicepresidente de la compañía, Guillerme Andrade, quien abrió el primer showroom de la marca en Bogotá, en septiembre del año pasado en la Car. 14 # 85-68 local 1 y 2.

Otro de los cambios que afectaron la manera de producirlos fue la iniciativa que, hace una década, llevaron adelante cadenas de hipermercados como Éxito y Jumbo, de tener sus propias colecciones de ropa. Esto implicó pensar en un formato diferenciado al de las vitrinas, que incluyera entre sus materiales el plástico, porque la gente iba a estar en constante contacto con ellos y podía golpearlos. Lo que siguió en todas las tiendas del mundo fue una preferencia por los maniquís realistas, luego por aquellos sin cabeza y más tarde por los de pelo esculpido o pintados de blanco.

 Hoy, la única tendencia que se mantiene es la de mostrar una figura en concordancia con el lenguaje de la marca. “Por ejemplo, Zara trabaja con maniquíes estilizados; Chanel y Dior exhiben maniquís realistas con pelucas; Michael Kors, con un crecimiento increíble, expone maniquís sin cabeza, y todos están bien”.

Según explica Andrade, hay dos elementos que las tiendas o compañías de moda deben reconocer: qué tipo de maniquí va a agradar más a su comprador y cuáles son las herramientas con que cuentan como compañía. Si la marca quiere presentarlos con peluca debe saber que la ambientación de una vitrina así es mucho más costosa y exige mucho más trabajo que una con maniquís sin cabeza. “Por lo general, los que llevan peluca necesitan de un peluquero detrás que elabore el peinado, de lo contrario parecerán espantapájaros y la marca necesitará mano de obra extra. No tengo duda de que el maniquí realista es más impactante porque la gente se identifica con él, pero resulta a la vez el más complicado de trabajar”.

Después de haberse hecho presente en un stand de la pasada edición de Colombiamoda, Expor Maniquís abrió su franquicia en el país para trasladar lo hecho mundialmente con marcas como Nike, Lacoste, Tommy Hilfiger, Calvin Klein, Esprit y G-Start a la escena local en firmas como Color Siete, Studio F, Chevignon y Army, entre otras, pues Colombia se perfila como el tercer mercado latinoamericano más promisorio antes de Chile y después de Brasil y México, con maniquís que cuestan de $500.000 a $1.400.000 la unidad.

Darle forma y aspecto a un maniquí conlleva no solamente un trabajo arduo de producción sino un proceso artístico que se ha venido colando en las vitrinas colombianas
, donde la figura ha dejado de ser estática para mostrarse en posiciones tan reales como las de besar, abrazar, agacharse, saludar, desvestirse, sentarse o practicar yoga. Además, se les imprimen los rasgos fenotípicos de cada raza o etnia, como el chino, el europeo, el afro y el suramericano. “La figura femenina representa el 70 por ciento del negocio, en definitiva, porque las mujeres compran más. Desde el punto de vista estético, creo que tienen más detalle y las posturas son más complejas que las del hombre”, asegura Andrade.

La planta principal de la compañía está en Brasil, donde se elaboran alrededor de 320 maniquís diarios, y tiene otra en China, que produce un promedio de 400, según pertenezcan a sus propios proyectos o a líneas especiales que se conceptualizan en conjunto con las marcas a partir de bocetos. Una de sus propuestas más ambiciosas la realizaron para uno de los ángeles de Victoria’s Secret, que estaba lanzando una colección en Brasil bajo su propio nombre, y a quien se le hizo una réplica de sí misma a través de escaneo en 3D. Se trataba de maniquís idénticos a ella que exhibían sus diseños.

A grandes rasgos, se puede decir que la tecnología ha revolucionado tanto la apariencia como la durabilidad y resistencia de los maniquís. La compañía cambió su proceso de pintura y ahora todos son pintados por robots, que tiñen cinco veces más rápido que una persona, utilizan 25 por ciento menos de materia prima y al final del proceso le aplican un barniz que no cambia el acabado final y le da una protección adicional para facilitar su mantenimiento en las tiendas.

“Otra cosa que nos ha ayudado es que la fast fashion ha crecido muchísimo, lo que se traduce en que marcas como H&M, Forever21 y Zara han adquirido un porcentaje muy amplio del mercado. Internamente creamos el fast maniquí, ideal para vender fast fashion, que es más novedoso y llama mucho la atención pero tiene una vida más corta, no a causa de su durabilidad sino del impacto que produce. Las tecnologías que tenemos aseguran que las marcas no cambiarán de maniquí porque esté viejo o desgastado sino por imagen. El maniquí está mudando junto con la moda”.

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