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Haider Ackermann. A flor de piel

Haider Ackermann. A flor de piel Haider Ackermann. A flor de piel

Karl Lagerfeld ha dicho que cuando se retire aspira a que lo reemplace en su cargo de Director Artístico de CHANEL Haider Ackermann el diseñador del momento que es de origen colombiano. Pilar Castaño lo entrevistó en exclusiva para FUCSIA.

La melancolía y la nostalgia son permanentes en la inspiración y creación de este gran artista de la moda. Ama a las mujeres. Inspirado en ellas, en embellecerlas y mostrarlas más largas, más efímeras y frágiles, las envuelve con materiales mágicos y colores contrastantes, para liberarlas. No inventó el minimalismo en la moda, pero lo aplica constantemente en sus cortes y líneas.

Su carrera comenzó después de graduarse de la Academie Royale des Beaux Arts, de Amberes, Bélgica, cuna de talentos como Ann Demeulemeester y Martin Margiela. Trabajó con John Galliano, Wim Neels y otras marcas, hasta llegar a Mayerline. En el 2001 presentó su primera colección en la Semana de la Moda de París, y llamó la atención de la Casa Ruffo, especializada en vestimentas de alta gama y mucho cuero. Desde entonces, lo sigo con especial atención, no solo por su talento, sino por sus orígenes.

Nació en Bogotá hace 41 años y fue adoptado por sus padres franceses, cartógrafos. Sus primeros años los pasó en París y luego lo llevaron a vivir a lugares distantes y exóticos como Etiopía y Argelia. Haber sido un nómada es lo que más lo ha marcado, como se aprecia en sus colecciones mutantes, errantes, alucinantes.

La historia de su visita a Colombia, el próximo 28 de mayo, comienza después de mi asistencia a la presentación en Bercy, París, de su Colección Primavera-Verano 2012, donde las más serias editoras y críticas de moda del mundo, como Suzy Menkes y Anna Wintour, lo calificaron como el sucesor de Lagerfeld o el nuevo Saint Laurent. Presencié una puesta en escena impecable y asombrosa, no solo por la lentitud del movimiento de las modelos, que iban apareciendo al ritmo de una música que retumbaba como los latidos del corazón, sino por la belleza y el colorido de las prendas. Único, andrógino, inolvidable. No lo dudé, me movió la emoción de haber presenciado una verdadera historia de moda. En el backstage encontré a un hombre cálido, de piel color aceituna, anteojos diminutos, redondos, y pelo muy negro, vestido como un cantante pop o un obrero urbano, con pantalones anchos, casi bombachos. Lo invité a venir a Colombia, su país, para que recorriera sus orígenes.

Desde ese momento han pasado muchas cosas. Conocí a sus padres, quienes aceptaron la invitación. Después de mucho trabajo, junto con las cabezas de Marca País, Claudia Hoyos, e Inexmoda, Carlos Eduardo Botero logramos financiar la visita de Haider a Colombia, donde descorrerá el velo misterioso de sus orígenes sin hablar una palabra de español.

El presidente Juan Manuel Santos lo recibirá en el Palacio de Nariño. La Primera Dama lo invitará a conocer la casa de huéspedes ilustres de Cartagena. Dictará una conferencia magistral con diseñadores y estudiantes de diseño en la Universidad Jorge Tadeo Lozano. Asistirá a un almuerzo en la residencia de la Embajada de Francia ofrecido por Cartier y adornado con alstroemerias de Don Eloy. Se alojará en el hotel B.O.G., donde recibirá a la prensa. Pocos en nuestro país saben quién es Ackermann. El 22 de julio del 2013 será la estrella de la gala de los 25 años de Inexmoda en Medellín.

Sus padres siempre han estado en primera fila desde el 2002, cuando presentó su primera colección. ¿Son su amuleto, su fetiche, sus aves de buen agüero?

Son mi equilibrio, me ponen los pies en la tierra. Vivo absorto diseñando y tenerlos a mi lado, cuando los he relegado a causa de mi trabajo, me parece indispensable. Soy muy familiar, me gusta sentirlos, pedirles su opinión, oír cómo les pareció todo. Es un asunto de balance personal.

A pocos días de llegar a Colombia, donde nació hace 41 años y de donde partió cuando tenía 9 meses, ¿qué sabe de su país?; ¿ha investigado, ha leído, ha escuchado nuestra música?
Es un tema que he mantenido distante, pero que mueve mis sentimientos más profundos y los quiero sacar a flor de piel. He leído lo que he podido de García Márquez, he escuchado la música de Shakira, pero quiero dejarme sorprender cuando llegue a Colombia, descubrirla con mis propios ojos, a mi ritmo. Soy muy introvertido y, digamos, lento, y quiero que en Colombia sea de la misma manera. Presentía que regresaría algún día. No sabía cómo y gracias a usted lo logré. Ya en camino, con las maletas hechas y un pie en el avión, no puedo describir lo emocionado que estoy, lo que está sucediendo dentro de mí.

¿Qué lo llevó a aceptar esta invitación?
Hacer las cosas en el momento preciso ha sido mi filosofía. Mis padres saben que se involucran demasiados recuerdos y misterios. El viaje es ahora y, si antes no estaba preparado, ya lo estoy. Voy con ellos, con mi hermano, con la gente más cercana a mí, rodeado del amor que tengo a mi lado. Es algo tan desconocido, pero al mismo tiempo tan propio, mis raíces, el lugar donde nací. Y gracias a esa carta que usted me entregó, escrita por doña María Clemencia de Santos, donde dice querer conocerme, de que su esposo, el presidente Santos, quiere verme, hacerme un homenaje, me siento honrado, casi abrumado, no estoy acostumbrado a tantos honores. Además, estoy pasando por un buen momento, por un periodo delicioso, fructífero. Y tengo la fortaleza para asumir un reto que me va a convulsionar, a afectar. Estoy decidido, pero eso no quiere decir que no esté temblando, que no me produzca cierto temor.

Vamos a echar hacia atrás en la máquina del tiempo. Comencemos por donde creció, por su infancia…
Nací hace 41 años, el 29 de marzo. A los 9 meses salí de Colombia hacia París, en los brazos de mi madre. Mis padres eran cartógrafos. Pasé mis primeros años allí y luego me fui a vivir a Chad, Etiopía. De ahí viajé a Bélgica, donde crecí, y después regresé a París. Volví a estudiar a Bélgica, un país muy cercano a mis afectos. Todas mis decisiones han girado alrededor del amor. Estudié cerca de las personas que me producían ese sentimiento. Después volví a París detrás de un amor. El amor es la fuerza que me impulsa.

¿Quién lo ha marcado?, ¿qué diseñador ha influenciado su trabajo?
Muchos, realmente. Pensaría en madame Madeleine Vionnet y, desde luego, en Yves Saint Laurent, una de las grandes influencias en mi carrera. Me ha tocado profundamente.

Leyendo e investigando, veo que va y vuelve con la chaqueta de motociclista. Cuénteme el porqué de esa prenda…
Es una chaqueta para alguien como yo, una persona evasiva que prefiere estar a la sombra, esconderse, es ideal porque te hace soñar, te transporta a lugares distantes. Guarda correlación con una moto en la que quisiera escapar, es un tema recurrente en mis colecciones. Pero también es una chaqueta para montarse en un avión, un barco, un carro, un caballo. Una prenda para todas las edades, para todos los climas.

Usted es un hombre misterioso, en permanente rebeldía, y al mismo tiempo libre. Sus mujeres añoran la libertad, caminan a un ritmo lento, con esa música especial, como en slow motion. ¿Es eso lo que quiere trasmitir?
Acaba de hacer mi radiografía, eso es, no pertenezco a ninguna parte, estoy en un país, pero no nací en él, no soy ni francés, ni holandés, ni belga, ni colombiano, pero hago parte de todos estos países. Por eso, porque no me pertenezco, mis modelos son mutantes, van a un cierto ritmo, transformándose, siempre de viaje, cambiantes, y una libertad enorme se traduce en todo esto.

Sus colecciones son siempre historias que usted mismo va tejiendo, bordando. ¿Cómo prepara las pasarelas?
El tiempo es un lujo de hoy. Busco que la gente que ve mis colecciones se transporte, se olvide de todo, se escape de la cotidianidad. Suelo presentarlas los sábados a las diez de la mañana, y siento que la gente que está ahí, respirando mi atmósfera, quiere compartir conmigo. Le cuento una anécdota: Marruecos es uno de mis lugares favoritos. Allí, un historiador me invitó a su casa y me preguntó si tenía tiempo. Le dije que sí, y me senté en el suelo, en un cojín, a escucharlo mientras me leía durante 45 minutos. Eso me conmovió, y trato de que la gente que ve mis desfiles se sumerja en la moda, los colores, las texturas.

Usted habla mucho de sombras, pero en su Colección Otoño-Invierno 2012/2013 hay mucho color, brillo, un cuero fantástico, delgado, mórbido, satín y tafetán, una mujer más cosmopolita, que quiere verse más de día. ¿Está ella saliendo a la luz?, ¿escondiéndose menos? , ¿es menos taciturna?
Es cierto, estaba sombrío. Ahora paso por una etapa alegre, positiva, soy más extrovertido y eso se nota en mis mujeres, menos tortuosas, deprimidas, ensimismadas; más extrovertidas, diurnas, urbanas. Esto se nota en el brillo de mis telas, en la sensualidad de mis mujeres. Me siento más generoso y entiendo mucho más a la mujer Ackermann. La prensa las llama “las guerreras de Ackermann”. No las veo así, sino muy frágiles. Tal vez porque las envuelvo como detrás de una armadura es que las ven como guerreras, pero siento que mi mujer actual se siente mejor dentro de su piel.

Tal vez usted no inventó el movimiento minimalista, pero es uno de los que más lo refuerza, y este va unido a lo andrógino, ¿es un diseñador eminentemente andrógino?
Sí, definitivamente, soy minimalista y busco una masculinidad en la feminidad. Las mujeres son misteriosas y es imposible entenderlas, soy hombre, pero sé que les atrae mucho el tema masculino y por eso las visto en esa línea, con chaquetas, solapas, babuchas marroquíes, pantalones amplios. Creo que si el mundo estuviera gobernado por mujeres sería más humano, ellas tienen algo intangible y maravilloso. Por eso me encanta vestirlas bajo un aspecto masculino que les da poder.

Karl Lagerfeld, el káiser de la moda de Chanel, lo nombró su heredero. Dior lo ha perseguido para que reemplace a Galliano, con quien usted trabajó. Suzy Menkes, del International Herald Tribune, lo nombró “el príncipe de ?la moda”. ¿Cómo se siente frente a estos halagos?
El tema me agobia al punto de que llego a mi cuarto, me pongo audífonos y oigo a Shakira a todo volumen. Siento que estoy soñando, no puedo digerirlo. Sentir el respeto y la admiración de las personas que más respeto y admiro, como el señor Albert Elbaz, de Lanvin, el señor Karl Lagerfeld, de Chanel, o el señor Alaia, es algo que no había esperado. Me siento con la madurez suficiente como para aceptar estos halagos, pero si esto hubiera ocurrido al comienzo de mi carrera, habría sido la perdición. El mundo de la moda es cambiante, vertiginoso, y uno tiene que tomar esa marea alta con calma.

Tilda Swinton, Lady Gaga, Angelina Jolie, Victoria Beckham llevan su ropa, ¿qué tanto tuvo que sacrificar, dejar de su estilo propio para ser comercial?
Me interesa que las mujeres se sientan bellas, que se envuelvan en mis prendas, adquieran fuerza, poder, autoestima. Si hay divas dentro de ellas, qué maravilla, porque los medios lo registran. Me inspiro con una chaqueta, una camisa, un pantalón, una transparencia, un escote y, de pronto, como por arte de magia, lo veo sobre el busto, sobre la espalda de una mujer. Sí, hay que sacrificar cosas para vender, pero ver los sueños convertidos en realidad vale la pena.

Uno ve cómo muestra los materiales, los combina, los drapea, los cose, a veces casi que con costuras ‘invisibles’, ¿cuál es su material?
La seda y el cuero, dos materiales totalmente opuestos que no se pelean, sino que, por el contrario, producen sensualidad. La suavidad de la seda y la textura salvaje y animal del cuero son mi sello personal, logran una fuerza inusitada que, más que moda, es un estilo, el estilo Ackermann.

Usted ha dicho que si aceptara trabajar para una Casa de moda, solo consideraría a dos de ellas. ¿Qué pasaría con la marca Haider Ackermann si se fusionara con otra Casa de Alta Costura?
Estoy viviendo el día a día y no he considerado el tema. Mi interés es seguir con mi equipo, con mis asistentes. Si llega una propuesta, algo que no podamos rechazar, ya veremos, pero lo consultaré con ellos. Entre tanto, continuaré en mi camino, abrazando la vida como en la canción Gracias a la vida (lo dice en español), de Mercedes Sosa.

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