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Hay vidas como ‘reality’ y otras como ‘stand up comedy’

Por Samuel Giraldo

Hay vidas como ‘reality’ y otras como ‘stand up comedy’ Hay vidas como ‘reality’ y otras como ‘stand up comedy’

Los que tienen hijos o sobrinos nacidos del 2000 para acá, se han dado cuenta de que son gente de otro siglo; que hablan con textos prediseñados aportados por los medios de comunicación.

Poco a poco emerge en el país una nueva clase de jóvenes que, en mi opinión, es la ‘generación pantalla’, caracterizados por evidenciar que han pasado sus cortas existencias pegados a la pantalla de un televisor, de un computador, de un celular y de un Game Boy. O de todas las anteriores. Esos chiquitos son radicalmente diferentes a los que ya están pasando de moda en esta primera década del año 2000. Me refiero a los de las generaciones X y Y, que se identificaban por su alto consumo de productos digitales de los comienzos del siglo XXI y de objetos ya obsoletos de los 90, como el Walkman.
A los de la ‘generación pantalla’, dejémoslos tranquilos por ahora, que crezcan un poco más, para ver con qué resultan. En unos meses habrá tiempo suficiente para hablar de ellos con gran amplitud, especialmente de sus nuevos convencionalismos que cambiarán al mundo irremediablemente.
 
Hoy, concentrémonos en los que están pasando de moda y ya están entrando en los años serios. Son los nacidos del 70 para acá. Son seres, que no necesariamente siguen siendo jóvenes, pues están ubicados en una franja de edad que va de los 20 a los 45, y que tienen características muy definidas en su roles sociales, dado que ya entran en la época de terminar estudios o de trabajar duro para realizar sus proyectos de vida madura o senil.

Por lo general son personajes que viven sus vidas con comerciales. Tal como lo anuncian en el Canal E: “Porque la vida es más interesante con comerciales”. Es decir, amanece y sienten que una cámara de televisión los persigue desde la levantada hasta la acostada. Están convencidos de que van al baño a hacer popó y chichí, pasan comerciales que patrocinan sus vidas; y como tal, sobreactúan y se expresan; lo que dicen y lo que hacen es absolutamente preelaborado. Su postura frente a la vida es absolutamente naif. Todos creen que serán ricos y famosos porque su generación aspiracional es de iconos millonarios y reconocidos en todo el mundo.

Sus raciocinios son básicos en su totalidad. Un simple técnico de computadores presume que puede llegar a ser un Ballmer, un Gates, un Zuckerman o un Page. Es como si a un campesino francés de 1750 le hubiera dado por ser como alguno de sus reyes Luises. Se han tragado el cuento de que “querer es poder”, un patético consejo que ha sido usado para vender muchos violines y miles de cursos de equitación, ballet o esgrima. Hay talentos y destinos que son ineludibles en las vidas simples.

Si es un aficionado a cantar jingles se cree un Mraz o una Rihanna. En cada segmento hay un agrandado, tal como lo dirían los argentinos. Nada más aburrido que tener que aguantarse a un personaje de estos que no se ha ubicado en la vida. Hoy no saben si quieren ser actores en Hollywood o practicar surfing en las playas de Sydney. Así son casi todos los diseñadores de ropa de Medellín, Cali o Barranquilla, que se creen la reencarnación de Gianni Versace.

Los que son menos artistas, van más allá de pensar que su existencia es un reality show, pero son peores porque creen que su interlocución con los demás es un stand up, unos comedy o otros tragedy. No sé si tienen conocidos que no paran de hablar de sus experiencias, que adoban sus conversaciones con chistes y chascarrillos, que se olvidan que repiten las mismas historias y que les encanta ser el centro de atracción, o por chistosos o por sufridos. Esos son los que ven pasar su vida con comerciales, pero desde un stand up, no desde un reality.

Seguro que habrá otros que viven en un documental de Nacional Geografic y hasta los que habitan en el Reino de los Zuricatos de Animal Planet.=

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