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8 hombres que le dijeron sí a una mujer inteligente

Revista FUCSIA

8 hombres que le dijeron sí a una mujer inteligente Marie y Pierre Curie.

Historias de personajes seducidos por la inteligencia femenina.

"Nada es tan necesario para un hombre como rodearse de mujeres inteligentes”, escribió Tolstói. Al preguntarles qué requisitos debe cumplir su pareja soñada, la mayoría de caballeros contesta: “Sentido del humor y un gran intelecto”. Pero en la práctica, todo indica que por sentido del humor solo esperan que su compañera se ría de sus chistes, y la inteligencia está bien, mientras no perciban que supere la de ellos. Una cosa es lo que dicen desear y otra lo que en realidad desean.

Así lo demostró un estudio publicado recientemente en el Personality and Social Psychology Bulletin en el que pusieron a prueba a un grupo de universitarios: en un primer escenario les preguntaron qué tanto les atraería una mujer dependiendo de su puntaje en un examen de aptitud matemática y lenguaje, y en general “revelaron mucho interés en las que exhibieron mayor capacidad que ellos”. Sin embargo, en una segunda etapa, cuando los participantes tuvieron la oportunidad de estar frente a frente con ellas, no solo se mantuvieron distantes, sino que dijeron sentir poco deseo de dar el paso hacia una cita real. “Nuestro hallazgo más relevante es que las preferencias románticas de los hombres varían dependiendo de cuán cerca o lejos psicológicamente esté la mujer que resultó más inteligente que ellos. En tanto fue hipotética o imaginaria, mostraron gran atracción, pues en teoría se buscan parejas que tengan cualidades ideales.

En el mundo real hay una menor influencia de estas preferencias y rigen más las emociones. Por eso, cuando una mujer les gana en un terreno que a ellos les importa,como la inteligencia, se ven amenazados”, explicó a FUCSIA la doctora Lora E. Park, psicóloga social y líder de la investigación. “Para ellos, atributos que forman parte del sentido de masculinidad, como la competitividad y las habilidades analíticas, se ven afectados”.

Pese a que el trabajo no analizó la reacción de participantes femeninas, la especialista señala que las mujeres, por el contrario, suelen evidenciar interés en los hombres más inteligentes, en especial “las que aceptan los roles tradicionales de género”.

En 2012, 34 por ciento de mujeres alcanzó una mayor educación que los hombres y se estima que esa cifra se disparará al 43 por ciento en la próxima década. Lo curioso es que cerca de la mitad de las solteras cree que sus triunfos intimidan a sus potenciales parejas. En 2002 la economista Sylvia Ann Hewlett demostró, en un informe, que las profesionales de alto perfil que llegaban solteras a los 30, tenían menos del 10 por ciento de oportunidades de casarse. Y es que las mujeres exitosas son acusadas de problemáticas, arrogantes y mandonas. En su libro Have Him at Hello, la coach de relaciones Rachel Greenwald anota que la principal causa de que un caballero no pase de una primera cita es el “síndrome de la dama/jefe”. Otros analistas aclaran que no es que ellos las prefieran brutas, sino que muchos quieren a su lado a una mujer que les dé el estatus de “prioritario”.

Aun así, hay expertos que consideran estos datos teorías conspirativas en contra del empoderamiento femenino. En el best seller Why Smart Men Marry Smart Women, la socióloga Christine Whelan sostiene que aunque el estereotipo fue válido para las generaciones pasadas, hoy las mujeres con carreras prominentes, por decisión, prefieren postergar el matrimonio. Además, considerar la inteligencia un atributo esencial, es pura cuestión de biología, por cuanto es una forma de garantizar una descendencia con mejores genes.

¿Que un hombre se sienta intimidado ante la mente de una mujer brillante no será más bien su problema? Para la psicóloga Park, aquellos que están cómodos frente a una dama inteligente son más seguros de su masculinidad, una sensación que algunos solo consiguen con la madurez y la experiencia.

1. Hillary y Bill Clinton

“Dos presidentes por el precio de uno”, fue la oferta de campaña de Bill Clinton para llegar a la Casa Blanca. Cuando lo logró, en su círculo de gobierno bromeaban con que no tomaba ninguna decisión sin consultarla con la primera dama. En una ocasión, a su hija Chelsea le preguntaron quién sería mejor jefe de Estado, y sin pensarlo eligió a su mamá. Y es que en la época en que ambos estudiaban derecho en Yale, Hillary era la estrella, a quien se le auguraba el mejor futuro.

Pese a los eternos rumores de separación, dicen los allegados a la familia que la pareja disfruta sus conversaciones sobre política y que en su casa no se trata otro tema. Al parecer genuinamente los dos están convencidos de estar casados con la persona más inteligente que existe. Una anécdota cuenta que cuando la mamá de Bill le preguntó por qué se casaba, él le respondió: “Necesito a alguien con quien pueda hablar”.

2. Gisele Bündchen y Tom Brady

Desde que, a finales de los años 1990, Gisele Bundchen protagonizó la llamada invasión brasileña en el mundo de las pasarelas, la modelo ha sido omnipresente en portadas (solo en las distintas ediciones mundiales de Vogue supera las 125), vallas publicitarias y comerciales. En 2004 se convirtió en la modelo mejor pagada y nadie ha podido quitarle esa corona. Y para terminar de cimentar su estatus de superestrella, no solo de supermodelo, en 2009 se casó con Tom Brady, figura del fútbol americano. Ambos se volvieron blanco de los tabloides desde que su relación empezó, principalmente porque llevaban pocos meses saliendo cuando se enteraron de que la exnovia del deportista esperaba un hijo suyo.

Pero nada se interpone en el camino de la despampanante rubia que ha consolidado su nombre en toda una marca. Ni siquiera la noticia de su retiro de los desfiles hizo mella en su fortuna: el último año sus ganancias fueron de 44 millones de dólares (unos 120.000 dólares diarios), con lo que superó en 13 millones las de su esposo.

3. Janet Yellen y George Akerlof

“¿Cuántos nobeles trabajan en la misma disciplina que su esposa, pero son menos famosos que ellas?”, esa es la broma con la que sus allegados molestan al economista galardonado George Akerlof, quien pese a haber recibido el codiciado reconocimiento en 2001, no tiene una cara tan conocida como la de su señora, Janet Yellen, presidenta de la Reserva Federal de Estados Unidos, la primera mujer en ocupar esta posición.

4. Amal y George Clooney

“Es fabuloso rodearse de gente más inteligente que uno... De todos modos para mí la barra está bastante baja. Amal está muy alto. Es brillante”. Con esas palabras el galán de Hollywood elogió a su esposa, una abogada experta en derecho internacional, del bufete londinense Doughty Street Law Chambers, que estudió en la Universidad de Oxford, en la Escuela de Leyes de la Universidad de Nueva York, y que ha tenido clientes de la talla de Kofi Annan.

Ella logró lo que parecía imposible: que el antaño soltero de oro perdiera la apuesta de 100.000 dólares que había hecho tiempo atrás con la actriz Michelle Pfeiffer de que nunca volvería a casarse, luego del fracaso de su primer matrimonio.

5. Marie y Pierre Curie

Cuenta la leyenda que cuando Pierre Curie fue arrollado por un carruaje, su devota esposa, Marie, conservó sus ropas ensangrentadas y seguía hablándole a través de un diario. Pero la mejor forma de honrarlo fue continuar su legado al ocupar su lugar como cabeza del Departamento de Física de la Sorbona, algo que parecía impensable por tratarse de una mujer.

Sin embargo, ella no era una simple sucesora del científico francés, ni mucho menos había vivido a su sombra: fue pionera en el campo de la radiactividad; en 1903 la pareja ganó el Nobel de Física, y ella repitió galardón en 1911, pero esta vez lo obtuvo sola y en Química, y se convirtió en la primera persona en recibir dos veces la distinción, y en dos disciplinas diferentes. Isaac Asimov una vez expresó: “Pierre Curie, un científico brillante, se casó con alguien aún más brillante, madame Curie, y es el único gran científico en la historia que se identifica constantemente como el esposo de alguien”.

6. Simone de Beauvoir y Jean-Paul Sartre

“Si su aprobación me faltara, todo se desmoronaría y yo iría a la deriva”, le escribió Sartre a quien fuera su amante durante medio siglo. De Beauvoir era, como ambos acordaron, su “amor necesario”, los demás, que se daban la libertad de tener, eran solo “amores contingentes”. El filósofo siempre fue bien correspondido: “Hasta ahora, los hombres que me habían interesado eran de una especie diferente a la mía. Me era difícil comunicarme con ellos sin reservas. Sartre era el doble en quien reencontraba, llevadas a la incandescencia, todas mis manías. Con él podía, simplemente, compartirlo todo”.

7. Virginia y Leonard Woolf

Un héroe, un marido abnegado o un codependiente. Quizá Leonard Woolf fue todas estas cosas a la vez. Desde que conoció a Virginia quedó enamorado incondicionalmente: “Tu destino está marcado. Debes casarte con ella”, le escribió un amigo. “Es la única mujer en el mundo con suficiente cerebro. Es un milagro que exista. Pero si no eres cuidadoso, perderás tu oportunidad”. Leonard le hizo caso a ese destino, aunque esto implicó vivir un matrimonio prácticamente célibe, porque ella había sido víctima de abuso sexual en su infancia.

También aceptó el hecho de que no tendrían hijos y relegó su promisoria carrera de periodista y político para cuidar las múltiples crisis de locura de su esposa. Creó con ella una editorial y la rodeó de un ambiente tranquilo en el que surgieron las joyas literarias de la escritora. Por eso, antes de acabar con su vida, Virginia quiso tranquilizar la conciencia de su devoto marido: “Si alguien hubiera podido salvarme, ese alguien hubieras sido tú”.

8. Amelia Earhart y George Putnam

Cuando Amelia Earhart aceptó casarse con el reconocido editor George Putnam, después de que este se lo propusiera seis veces, ella se negó a llevar el apellido de su esposo. En cambio, él se acostumbró a ser llamado “señor Earhart”. La prominente aviadora, famosa por ser la primera mujer en sobrevolar el océano Atlántico en solitario, fue también una abanderada del feminismo: se refería a su relación como “una sociedad con control dual”. También le exigió que tuvieran un matrimonio de prueba: si no eran felices en su primer año, se dejarían en libertad. La pareja permaneció unida hasta que ella desapareció durante su intento de viaje aéreo alrededor del mundo.

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