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El nuevo lienzo de los Toledo

Revista FUCSIA

El nuevo lienzo de los Toledo El nuevo lienzo de los Toledo

Isabel y Rubén Toledo colaboran con M·A·C Cosmetics para crear una colección que entiende el maquillaje como una forma de arte. La pareja habló con FUCSIA.

Esta es una historia de amor. El retrato de un encuentro. El relato de una relación que lleva caminando, de la mano, por las calles de Nueva York varias décadas. Siempre juntos. Una relación que decidió crear un nosotros, una sincronía, una suerte de sinergia de la que cada individuo es parte sin olvidar nunca las individualidades, las realidades y los mundos que hay detrás de cada uno.

Una pareja que decidió hacer de la familia un negocio, del amor una acto creativo y del arte del otro el elemento que mantiene viva la pasión. Después de verlos, de imaginarlos, y de saber que están juntos desde hace más de 30 años, uno solo puede desear para sí mismo o para quien sea que lea esto una suerte de amor como este. ¿Puede ser o debería ser el amor de otra manera?

Esta es la historia de Isabel y Rubén Toledo, una pareja que decidió pintarse un mundo propio e irse a vivir en él.

Ella.
Isabel. Una mujer de belleza atípica, de un cuerpo que no puede esconder un antepasado genético latino de caderas anchas y espalda firme. Un cuerpo que viste con sus propios diseños, que ha convertido en modelo y en manifiesto: “El derecho a ser excéntricas y tener la libertad y la posibilidad de disfrutar de la moda siendo de cualquier constitución corporal” se ha convertido en una especie de leitmotiv para esta cubana de nacimiento, que estructuró su cabeza en las aulas de Parsons y el Fashion Institute of Technology, y que afinó el ojo al hacer inmersiones en las aceras y los circuitos artísticos de Nueva York.

Como traída de otra época, Isabel valora la elegancia, ama la geometría y apuesta por la practicidad y el confort, sin dejar nunca de lado el color, ni los juegos y universos que puede proponer una tela. Isabel usa el hula hula como dinámica de ejercicio y meditación. Señala el estilo de sus diseños como un “victoriano singular”. Trabaja por amor a lo que hace y no siguiendo los regímenes del comercio, ni siquiera los del clima. Vistió a Michelle Obama con un emblemático sastre color lima durante la posesión de Barack Obama como presidente de los Estados Unidos, y a la hora de vestirse ella misma son los zapatos aquellos elementos que de alguna manera definen su outfit, un juego estético que vuelve más contundente con el maquillaje: “Querrás pintar de rojo tus labios o poner amarillo en tus ojos para que resalten del resto de tu look, como un acento”.

Él. Rubén. Una suerte de Toulouse Lautrec contemporáneo, un hombre menudo con ganas de arrancarle a pincelazos o mordiscos un suspiro al mundo. Bohemio como su mujer, se ha hecho un espacio en la escena estética, artística y estilística global a través de sus ilustraciones y pinturas, que imaginan mundos y personajes surreales, fashionistas y pop. Su estilo, una especie de ménage entre Mucha, René Gruau y Keith Haring, presenta, parodia y reflexiona sobre el mundo del estilo y de la moda. Rubén, cubano también, inició su carrera como ilustrador para libros clásicos y de lujo en la editorial Penguin, hizo también su propio filme sobre la moda en Francia, llamado Fashionation, y actualmente, además de crear escenarios y sketches con mujeres que se salen de los cánones, con características particulares exaltadas para su mujer, también trabaja para marcas como Louis Vuitton y Nordstrom, entre otras.

Rubén dice amar las cosas raras y “cuanto más feas, mejor”. Su guardarropa está compuesto por trajes que hace Isabel a su medida. Para él hay muchas formas en las que alguien se puede convertir en un creador, pero dicho proceso requiere un cierto tiempo de fermentación para que pueda lucir. En sus ilustraciones usualmente empieza por los ojos. “Si los ojos no me hablan, entonces vuelvo a comenzar. Necesito capturar esa esencia en los ojos, en donde están el misterio y el alma”, dijo recientemente el artista en el marco de la presentación del empaque de la nueva colección de cosméticos M·A·C, en el que él y su esposa participaron.

Nosotros.
Isabel y Rubén. Una dupla que se define a sí misma como “creadores”, como hacedores de sus propias realidades, en un diálogo en el cual la moda y el arte se encuentran y triunfan. Pareja desde que estaban en el colegio en Nueva Jersey, los Toledo han encontrado en el otro la musa de sus trabajos. Isabel hace patrones y corta formas de vestidos referenciada por los dibujos de Rubén, el cual a su vez crea sketches para las colecciones de su mujer proponiendo cuerpos, cabellos y cinturas que se desmarcan y se desembarazan de todo aquello que cabe en la etiqueta de común.

Unidos en amor, trazos y lazos de tela, esta pareja lleva a cabo constantes actos estéticos y colaboraciones con marcas. Su más reciente proyecto, de la mano de M·A·C, la famosa casa de cosméticos reconocida por poner sus productos en conversación con diversos artistas, los condujo a trabajar, como lo expone la misma Isabel, “sobre el mejor lienzo de la historia y una de las más contundentes maravillas naturales”: el rostro humano.

“La belleza es arte para nosotros”. Fue la premisa de la que partió la pareja para abordar este proyecto, en el cual entendieron el maquillaje no como un adorno, sino como una forma de arte que ha sido utilizada por las más diversas culturas, durante muchos siglos, como una forma de expresión.

“Quisimos crear maquillajes que lucieran como esculturas, que tuvieran un look tridimensional”, aseguran los Toledo, quienes además revelan que la potencia de su trabajo se debe a que ambos se acercan a un proyecto partiendo siempre desde ángulos diversos. Crear líneas que no simplemente embellecen, sino que se conviertan en declaraciones, fue una de las guías a través de las cuales se enfrentaron a este desafío, en el cual ellos mismos decidieron que colores como los amarillos, verdes y lilas fueran los principales narradores, resaltando los ojos y creando una variedad de poderosos rojos para la boca. Una gama amplia que según Isabel iba desde los tonos “psicodélicos, pasando por lo futurista, hasta llegar a lo absolutamente romántico”.

Así, en medio de ese nosotros artístico, vertiginoso y estilizado que conforman Isabel y Rubén, una nueva gama de colores, texturas y composiciones que ayudan a esculpir, dibujar y transformar el look de las mujeres hace la venia e invita a tener un acercamiento diverso al acto de maquillarse, no como un proceso de adornamiento, sino también como una creación artística que se lleva cotidianamente sobre ese lienzo supremamente relevante que es el rostro.

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