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La antítesis del galán

La antítesis del galán Foto: sidewalkhustle.com

Actores como Adam Driver, Adrien Brody y Javier Bardem se han convertido en ejemplos de cómo están cambiando en Hollywood los cánones de belleza. Atrás quedan los rubios de ojos azules y lisura abdominal para darles espacio a hombres más reales.

En la historia del cine y la televisión, las celebridades han sido musas en las cuales se inspiran atuendos y peinados, figuras transformadoras de una época (como lo fue Jennifer Aniston en la serie Friends), que con sus personajes en pantalla contextualizan los prototipos masculinos y femeninos. “Desde la época dorada del cine era común que los hombres estuvieran sometidos a un canon de deseabilidad similar al de las mujeres.

Pero es claro que el modelo de belleza ha variado; lo que no cambia tanto es el hecho de construir una cierta mistificación de los actores. La ‘polémica’ acerca de los ‘feos guapos’ ha acompañado el cine desde el star system. Basta con recordar a Humphrey Bogart, un ‘feo’ con una voz nada armoniosa que, sin embargo, se convirtió en todo un ícono de la masculinidad”, opina el analista político, consultor en comunicaciones y docente de la Universidad Javeriana, Richard Tamayo.

Así como Humphrey Bogart era la estampa del hombre de su momento, Adam Driver, a sus 30 años acreedor a una nominación a los Premios Emmy por su papel de Adam Sackler en la serie Girls, que transmite HBO desde 2012, se transformó en un símbolo sexual atípico que encarna el perfil del hombre joven, hipster, torpe emocionalmente y con problemas para socializar. Driver no representa la belleza estandarizada por Hollywood, pero sí genera una identificación con el público.

Su mérito, que traspasa la discusión de lo que es bello o no, es englobar las ambiciones, los miedos y las frustraciones de la generación que actualmente está atravesando sus 20 y que aboga por apropiarse de una identidad única a través de la proyección de una imagen.

Mucho antes de formar parte del elenco de Girls, Adam Driver estaba prestando servicio militar en el Cuerpo de Marines de Estados Unidos para servirle a su país. Después de los ataques del 11 de septiembre de 2001, cuando tenía apenas 17 años y había sido rechazado por el famoso conservatorio de artes de Nueva York, la Juilliard School, el actor encontró su propia manera de hacer patriotismo y escapar de Indiana, donde había crecido y se ocupaba de vender aspiradoras para mantenerse. De regreso a casa, el joven, que no había creído posible vivir de la actuación cuando interpretaba personajes en las obras escolares, les dijo a sus papás que había vuelto para convertirse en actor e intentarlo otra vez. En esa oportunidad, la Juilliard le daría el sí para que estudiara arte dramático y luego de algunos años el mundo se obsesionara con su imagen.

Si bien Adam Driver participó en películas premiadas como Lincoln (2012), Frances Ha (2012) e Inside Llewyn Davis (2013), ha sido su papel de Adam Sackler en la exitosa serie Girls, ya en su tercera temporada, el que lo tiene en la cima. Llegó a este rol a través de su mánager, tras una audición que buscaba literalmente un carpintero guapo. A medida que avanzan los capítulos de las temporadas, Adam Sackler ha dejado de ser el extraño chico que no se comprometía con nada y orinaba a la protagonista Hannah Horvath en la ducha, a ser alguien un poco más sociable, que se enloquece de amor y deja entrever su dulzura mientras persisten sus rarezas. “Él es un poeta, mitad rinoceronte, mitad Neandertal”, había declarado el actor a The New York Times.

Lo interesante entre Adam Sackler y Adam Driver es que su imagen poco convencional, de acuerdo con los cánones clásicos de belleza de Hollywood, representa un modelo de hombre diferente. De todas formas su físico es atrayente, hasta el punto de que la prensa norteamericana le ha otorgado el calificativo de ugly hot, un feo atractivo gigantesco, de rostro asimétrico, cara muy grande, frente amplia, nariz alargada, boca ancha y orejón. Aun así, la fotógrafa Annie Leibovitz lo captó para la revista Vogue, y la marca de ropa Gap lo eligió para su nueva campaña publicitaria “Back to blue”. ¿Cuál es, entonces, su imán?

En opinión de la asesora de imagen Irene Jordan, “las celebridades actúan como amplificadoras de tendencias, ya que tienen la capacidad de ser vistas por millones de espectadores, y por tanto, siempre van a influenciar los fenómenos que vemos en la calle.

En este momento, afortunadamente, los íconos de belleza son más diversos. No se limitan únicamente a la actriz delgada de piel blanca y ojos azules o al actor acuerpado y alto. Hoy, tener un look natural, real, acompañado de una excelente personalidad y talento, logra más seguidores que una fisonomía perfecta. Artistas como Lady Gaga, y shows de TV como Glee y Girls, se han encargado de reforzar el hecho de que ser feo, nerd y poseedor de un look un tanto extraño se haya convertido en algo cool. Celebridades como Jennifer Lawrence, en The Hunger Games, y Adam Driver, en Girls, se han vuelto un referente digno de imitar.

Son sex symbols reconocidos internacionalmente, sin necesidad de tener un cuerpo extremadamente delgado o una cara perfecta, pues por ser así son más creíbles, más alcanzables, en virtud de su mezcla de belleza, humor y talento”.

Este fenómeno, del que también forman parte actores como Adrien Brody, Benicio del Toro, Javier Bardem, Rhys Ifans, Vincent Cassel y Willem Dafoe, no solo afecta el mundo del entretenimiento. En los últimos años, el cambio de reglas también ha impactado a la industria pornográfica, donde cuerpos más reales invaden sitios web como YouPorn y Cam4. Con la posibilidad de subir a Internet videos grabados desde la casa, los actores amateurs y las personas comunes y corrientes protagonizan desnudos ante una cámara para darle cabida a la heterogeneidad. Ya no hace falta cumplir con las exigencias de medidas o rasgos que la sociedad ha tildado secularmente de perfectos. La satisfacción depende ahora de lo diferente y lo natural. Un triunfo más de esa “otra belleza”.

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