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Paola Turbay, la reina de la intensidad

Revista FUCSIA

Paola Turbay, la reina de la intensidad Paola Turbay, la reina de la intensidad

La exseñorita Colombia no le teme al paso del tiempo. Desde su reinado ha sido presentadora, actriz y jurado de reality. Ahora lanza su fragancia y asegura tener planes hasta los cien años.

Nada más revelador del temperamento de Paola Turbay que, horas antes de que naciera su primera hija, se encontraba presentando el Concurso Nacional de Belleza para el Noticiero CM&. Al mismo tiempo estudiaba teatro y hacía su tesis de  grado en psicología para la Universidad de los Andes. “Nunca he tirado la toalla pero casi me quedo sin cartón. Se me ocurrió meterme en un tema ambicioso con las microempresas que la Comunidad Europea quería apoyar. Pensaba hacer algo que tuviera impacto pero tuve a Sophia y decidí no terminar el trabajo de grado”, cuenta con su habitual naturalidad.

La conciencia le pudo. A los quince días de haber dado a luz se obligó a acabarlo y finalmente su director le dio un 5. Ella, quien se precia de no llorar por ningún motivo, ni siquiera cuando recibió la corona o se casó, confiesa que no pudo evitar hacerlo cuando tuvo el diploma en sus manos.

Desde entonces es muy poco lo que ha cambiado de ese talante. “Es la reina de la intensidad”, se burla delante de ella Sophia, hoy de 16 años. De una manera más diplomática, Paola prefiere que su perfeccionismo sea entendido como parte de su lema de vida: “maximizar”. “Es mi mantra. Lo aprendí de mi profesora de yoga y se refiere a que siempre hay que dar un poco más y sacar el mayor provecho de cada situación, en el trabajo, en tu relación de pareja, con tus hijos”. No es casualidad, entonces, que por estos días pareciera haber recibido el don de la ubicuidad. Acaba de terminar las grabaciones de la versión latinoamericana de la exitosa serie Nip Tuck, una coproducción de Warner y Caracol. De hecho no aceptó el papel protagónico por su compromiso como jurado en 'Colombia tiene talento' y su participación en la quinta temporada del programa norteamericano Royal Pains, que la ha llevado a moverse entre Bogotá, Nueva York y Los Ángeles.


En 1991, Paola fue elegida Señorita Colombia y al año siguiente se convirtió en Virreina Universal de la belleza.

Ha estirado el tiempo para empezar a desarrollar su nueva faceta de diseñadora y empresaria con una línea de productos dedicados al cuidado femenino, un proyecto que comparte con su esposo, Alejandro Estrada. Su primera apuesta en este campo es un perfume que lleva su nombre y que lanza este mes de la mano de Avon en Colombia, Perú y Ecuador. Juliana Botero, jefe de fragancias de la marca, fue testigo de lo meticulosa y exigente que es Paola: “Ella cuida muy bien cada detalle de su imagen y por eso es una figura de alcance internacional. Al comenzar el proyecto, queríamos encontrar a una celebridad que pudiera satisfacer la necesidad de identificación de nuestras clientes, y en todos los estudios que hicimos, ella resultó ser para el público la número uno en categorías como talentosa, auténtica, glamorosa y cercana”.

Esas cualidades sirvieron de inspiración para el perfumista, de manera que su carisma fue traducido en la pera y la bergamota, y su elegancia y toque sexy quedaron plasmados en el ámbar.

Para Paola fue como crear una receta. “Con los expertos olí un sinfín de esencias y quise quedarme con esos aromas al estilo del jazmín que me evocan mis viajes por el Medio Oriente, esa cultura tan distinta, de evolución espiritual, que carga un halo sensual. Siempre he sido de olores cítricos y florales, y buscaba que la creación fuera lo que soy, desde su contenido hasta su envase, y que a la vez le agradara a jóvenes de 18 y a mujeres más maduras”, comenta “la reina del siglo”, como la identifican sus compatriotas. Por eso las primeras pruebas las hizo en ella misma para ver qué tanto gustaba el aroma entre sus conocidos. “Me reuní con todas las personas que forman parte de la multinacional, con los operarios y las gerentes regionales, porque soy muy mala para delegar y si voy a ser la cara de algo me gusta encargarme del proceso completo”.


Entre sus proyectos, Paola está trabajando en una línea de productos dedicados al cuidado de la mujer. También espera hacer teatro musical.



Luego de esta apuesta hay más planes en su lista: no descarta escribir un libro de consejos para un mejor vivir y sueña con hacer teatro musical, pues se precia de ser afinada a pesar de los sonados chistes que se hacen en torno a su voz. “Quisiera una cápsula que me permitiera recuperar siete horas de sueño y leer más sobre temas investigativos, psicológicos y novelas urbanas, y ver más documentales. Espero vivir más de cien años porque tengo todo programado hasta esa edad”.

Es una expectativa apenas normal para alguien que se describe como “gitana” por su capacidad para adaptarse a los cambios: “En los casi veinte años que llevo casada con Alejandro hemos vivido en trece casas distintas”. Y también para quien se ha reinventado a lo largo de su existencia.

Hace solo un año aterrizó nuevamente en el país con la intención de que sus hijos fortalecieran sus raíces y su identidad. “Quiero que vean los contrastes de otra realidad, que sepan que no todo es perfecto. Acá es más fácil que se sientan motivados a participar en labores sociales y ya han estado involucrados en obras de educación y vivienda para personas de bajos recursos”. Al igual que Sophia y Emilio, Paola creció en Norteamérica. Nació en Houston donde sus papás se especializaron. Llegó a estas tierras a los 11 años siendo toda una gringuita que a  duras penas hablaba español. Pero no tardó en convertirse en una líder en su colegio y en grabar varios comerciales. Todavía recuerda, aunque sin ninguna pose de diva, las palabras que la entonces directora del Gimnasio Femenino, doña Ana Restrepo del Corral, le dedicó en su anuario cuando se graduó: “Será una persona importante para Colombia”.

La profecía inició su curso cuando su mejor amiga, María Andrea Lara, que la tenía aburrida con el cuento de que fuera señorita Bogotá, le mostró fotos de Paola a la directora del Instituto Distrital de Cultura y Turismo. “Nunca quise ser reina, me parecía ‘lobísimo’. Pero me convencieron con el argumento de que iba a poder hacer labores comunitarias. En todo caso, tenía claro que no encajaba en el estereotipo de participantes muy medidas en sus poses y comentarios”. Así hoy suene a cliché decir que ella partió la historia del certamen de belleza en un antes y un después, por esos años no era políticamente correcto que una candidata expresara sin rodeos: “Mi favorita soy yo”. Fue noticia la respuesta que le dio a un periodista que le hizo la típica pregunta corchadora de qué haría si fuera presidente: “El ridículo”, manifestó la soberana, “lo mismo que un presidente que compitiera para ser reina”.


Paola protagonizó la serie norteamericana Cane junto a Jimmy Smits. También participó como antagonista en la exitosa True Blood. Regresó a la televisión nacional con el reality Colombia tiene talento.



Con ese mismo desparpajo y gracias a su entrenamiento, se ganó un espacio en Hollywood. Quizá por su desbordado optimismo describe a la meca del cine como un lugar idílico que, lejos de ser un ambiente pesado, le produce paz debido a que funciona con una disciplina estricta en la que ella encaja muy bien. Se ha mantenido libre de escándalos y nunca habla de discriminación, aunque reconoce que la ausencia de acento latino la ha favorecido para interpretar personajes de orígenes diversos. Tampoco le han tocado celebridades insoportables. Para Paola,  Madonna, a quien conoció en una fiesta, es simplemente “regia”. A David Duchovny, con quien trabajó en Californication, lo califica de “genial”. “Adorable y elegante” son los adjetivos con los que se refiere a Anthony Hopkins, pues así lo percibió mientras ensayaban para un cortometraje. Y de Javier Bardem y Penélope Cruz dice que una noche le “dieron el chance” a la salida de una rumba.

Admite que al principio era frustrante perder un papel para el que casi estaba elegida, como le ocurrió con las exitosas series 24 y Lost. “O era muy bajita, o muy joven o muy vieja... Aprendí a fresquearme cuando el productor de Cane, una vez fui seleccionada para protagonizar el show me dijo que su equipo siempre quería que a los actores nos fuera bien porque eso les resolvía el problema de seguir buscando, que si no obteníamos el trabajo era porque el personaje simplemente no era para nosotros”. La lección surtió efecto a tal punto que en True Blood y Royal Pain los libretistas extendieron su participación y en cinco años no ha dejado de estar al aire en la televisión norteamericana.

La madurez no la asusta. Confiesa que con los 40 se ha relajado más y que, en su caso, cuidarse con una alimentación vegetariana y haciendo pilates es más cuestión de salud que de vanidad. “No hago mi trabajo por la fama, esta es solo una consecuencia inherente a una profesión que disfruto”. Sabe que su popularidad no depende de que pierda kilos sino de su cercanía con un público que ha seguido cada uno de sus pasos y siente como si la conociera de toda la vida. Porque los colombianos consideran a Paola Turbay un producto nacional. A eso se debe la reacción que hace unos meses tuvo la multitud que se aglutinó para ver una sesión de fotos suyas en la calle. Cuando los organizadores trataron de evitar la avalancha de besos y abrazos, uno de los ofendidos espectadores se atrevió a gritar: “Ella es nuestra”.

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