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La esencia de la moda

La esencia de la moda La esencia de la moda

FUCSIA estuvo presente en las pasarelas de los mejores: Chanel, Louis Vuitton, Dior, Jean Paul Gaultier y Marithé+François Girbaud. Este es un resumen de sus propuestas para el 2011.

 
Una semana en la que la lluvia acabó con la ilusión de los últimos días de verano y, como los estudiantes resolvieron tomarse las calles, el tráfico se paralizó y el caos se tomó la ciudad. Con París hay que tener paciencia, pues las cosas no siempre son fáciles. Otra temporada, otras propuestas, aunque no tan claras como en otras ocasiones, pues parecería que los diseñadores tuvieran una imagen de mujer en la cabeza totalmente divorciada de la realidad. La presión entre la tradición y la innovación hace que los diseñadores de las grandes Casas asuman retos cada vez más difíciles y, por salir cada temporada con una novedad, se les olvida que la ropa es para usarla, para ir a la oficina, para trabajar y no solamente para lucir en las fiestas junto al marido, como mujeres florero. Por ejemplo, lo punk, como en Balmain, ya no representa una rebelión, sino más bien, la repetición de la repetidera.
 
Pero así como a unos se les gastó la fórmula, a otros, como Karl Lagerfeld, se les iluminó el bombillo. Sin lugar a equivocación, el desfile más espectacular fue el de Chanel. Los 250 mil metros cuadrados del Grand Palais fueron transformados en los jardines de Versalles donde las modelos caminaban entre los setos y las fuentes como cualquier visitante del palacio. Todo al ritmo de una música llena de nostalgia y muy romántica que interpretaba en vivo una orquesta. Millones de dólares gastados para un show de 20 minutos, pero mejor inversión no habría podido hacer esta gran marca. Lagerfeld, quien dice que se inspiró en la película de los años 30, Este año en Marienbad, hizo una reinterpretación de los clásicos de materiales en tonos pastel, tan ligeros como motas de algodón y embellecidos por las manos expertas de los talleres de artes y oficios que elaboran los bordados, la aplicación de flores y plumas característicos de la inolvidable mademoiselle Coco. Un desfile memorable que hará las delicias de sus clientas.

Como ya es usual en Marc Jacobs, su desfile para Louis Vuitton fue el último de la temporada, pero no por eso menos impresionante. Dos gigantescos leopardos disecados servían de guardianes en el escenario y de alguna manera presagiaban el tono del espectáculo. El desfile empezó exactamente a la hora prevista y duró menos de 20 minutos. Un derroche de color se vio pasar como un raudo corcel, o más bien un raudo leopardo, por la pasarela de espejo. Una colección inspirada en China, con vestidos pegados al cuerpo con grandes aberturas laterales que dejaban al descubierto las larguísimas piernas de las modelos, cuellos estilo Mao, botones de seda, encajes y transparencias, y unos estampados imitando piel de tigre, muy originales y fruto de la colaboración con el diseñador Kansai Yamamoto. Toda esta inspiración oriental parecía dedicada al mercado chino donde LV tiene puestos los ojos para crecer. Una noche de bares en Shangai con mujeres misteriosas de ojos rasgados y labios rojos podría ser el resumen de lo que vimos.

John Galliano para Dior no se podía quedar atrás y también elaboró su propia fantasía. La famosa película de Marlon Brando, On the Water front, de 1954, fue el motivo de inspiración para su colección, llena de color, alegre y divertida. Transformó la pasarela en un muelle como el de una base naval en el Pacífico Sur y a las modelos en una especie de Betty Paige, la pin up girl de los 50. El show lo inició Kate Moss, que entró al recinto junto con un batallón de escoltas que la protegían de los fotógrafos. Cuando finalmente ocupó su puesto en primera fila, al lado de los altos ejecutivos del grupo LMHV (Louis Vuitton Moët Henessy) empezó el desfile. Las modelos salieron a la pasarela con gorra y pantalón marinero, corales bordados sobre las prendas, flores exóticas en los estampados. Pero esta no fue una colección romántica, al contrario, estaba cargada de un contenido sexual, provocador y agresivo. Amarillos chillones, fucsias, violetas y aguamarinas mezclados con azul marino y blanco, como sirenas listas a embrujar a los marineros.

Jean Paul Gaultier mostró sus colecciones en el salón de baile de su casa matriz, un salón de los años 20 que se transforma como por arte de magia en pasarela. La cantante Beth Ditto fue la encargada de abrir el show, una artista gordita, con una voz maravillosa que electrizó el ambiente. Una colección con referencias al punk de los 80 con toda la técnica y conocimiento que Gaultier ha acumulado en estos últimos 25 años. Las primeras prendas estaban estampadas en 3D y en teoría había que ponerse los anteojos especiales para poder apreciarlos, pero como las modelos pasan tan rápidamente, nadie logró ponérselos a tiempo. Chaquetas de cuero con hombros muy marcados, corsés y brasieres sobre camisetas, vestidos que dejaban translucir los calzones; y, desde luego, las gabardinas, que nunca pueden faltar. El resultado final fue más agresivo y retador que alegre y divertido.

Para los jóvenes, Marithé+François Girbaud mostró su colección con su estilo personal de siempre. Se vieron prendas de materiales de alta tecnología, como el dénim Wattwash, un material amable con el medio ambiente, telas con tratamientos en láser y algunos estampados. En cuanto a colores, dominaron el gris, el azul marino y unos cuantos toques de amarillo bandera. Prendas con personalidad para jóvenes vanguardistas.

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