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La ‘madame’ del modelaje

Revista FUCSIA

La ‘madame’  del modelaje La ‘madame’ del modelaje

La fundadora de la agencia norteamericana Ford Models, Eileen Ford, falleció a los 92 años después de haber mejorado la imagen de la industria y de lanzar al estrellato modelos como Naomi Campbell. Seis décadas entre el decoro y el escándalo.

Antes de que Eileen Ford convirtiera la carrera de las modelos en una profesión de supermodelos, había crecido idílicamente en un barrio de Nueva York junto a su mamá, Loretta Marie; su papá, Nathaniel, y sus tres hermanos. La familia tenía una firma que se encargaba de determinar las calificaciones crediticias de las empresas y gozaba de una estabilidad económica en la que nunca le negaron ni los suéteres de Brooks Brothers, ni los zapatos de Spalding, ni cualquier cosa que ella deseara. Como si se tratara del prólogo de su vida, tuvo todo lo que quiso.

Aunque a Eileen no la educaron para hacerse a una carrera o entrar a la universidad, su mamá le sugirió que fuera a Barnard, una institución privada neoyorkina de artes liberales para mujeres, en la que estudió psicología mientras modelaba en vacaciones para la agencia Harry Conover. “Mi familia creía que yo no podía hacer nada malo. Probablemente esa es la razón de que tenga una absoluta confianza en mí misma, incluso cuando no debería hacerlo. Conseguía todo lo que quería de mis padres”, había dicho en una entrevista para People Weekly.

Más que un pasatiempo, o la repetición de la historia de su mamá, modelando también, la industria de la moda y lo que giraba en torno a ella le parecía fascinante. Sabía todo acerca de la etiqueta, amaba la ropa, pero jamás contempló hacer algo rentable de eso.

Si bien durante un tiempo trabajó como estilista fotográfica para el estudio Eliot Clarke, así como copywriter y reportera de moda, fue cuando conoció al amor de su vida, Gerald “Jerry” Ford, que las cosas tomaron sentido. Él era un estudiante y jugador de fútbol en la Universidad de Notre Dame, y después de tres meses de relación se fugaron a San Francisco a contraer matrimonio. La ilusión se quebrantó en el momento en que a él lo reclutaron para combatir en la Segunda Guerra Mundial y a ella le tocó retornar a Nueva York, donde trabajaría como estilista en un par de tiendas de la Quinta Avenida. La mirada aguda que la definiría años más tarde apenas estaba formándose.

Cuando Eileen Ford fundó su agencia de modelaje estaba embarazada de su primera hija –tuvo tres mujeres y un hombre– y vivía en la casa de sus padres. Era 1946. Jerry acababa de regresar de la guerra y ella ejercía como secretaria de dos modelos amigas que se sentían frustradas de sus agencias. En ese entonces, era muy difícil cobrar los honorarios del modelaje. Tanto fotógrafos como agentes se aprovechaban de las jovencitas que soñaban con volverse profesionales y fue allí donde la aparición de Ford Models marcó un quiebre entre el modelaje, que era concebido como el pasatiempo previo al matrimonio de las niñas de la sociedad norteamericana, y el modelaje convertido en un negocio global de miles de millones de dólares.

“Fuego en los ojos”, dijo una vez. “Fascinante energía, inteligencia, un ‘yo sé a quién estoy mirando’. Es una cualidad elusiva, mejor descrita a través de las palabras carisma, emoción, magnetismo”. Estas eran las características que buscaba Eileen Ford en las modelos que cazaba para su agencia. Aunque comenzó con su esposo haciendo books para menos de treinta niñas en un pequeño espacio de la Segunda Avenida de Nueva York, poco a poco ganó renombre en un mercado liderado por las agencias francesas. Era tal su devoción que a muchas principiantes las hospedaba en su casa y las llevaba a su residencia de campo, donde ellas la ayudaban a arreglar los jardines, hasta que podían establecerse en la ciudad por sí solas. “Cenan conmigo cada noche. No quiero tener que decirle nunca a una madre que no sé dónde está su hija a las dos de la madrugada”, contó en una entrevista con la revista Forbes, en 1984.

Quizá un poco anticuada con respecto a las reglas y estricta pero, ante todo, una madre, Eileen Ford hacía de la experiencia de las aspirantes a modelos un verdadero entretenimiento en el que no solo importaba la belleza sino la personalidad y la forma de comportarse. A Grace Kelly la rechazó porque no tenía ninguna devoción al modelar, a Kim Basinger no la dejaba salir si no terminaba su tarea de francés, y regañó a Christy Turlington por tratar de engañarla con que iba a lavar la ropa, cuando en verdad iba a escaparse para dormir en otra casa. Con la premisa de que las modelos eran negocios y debían tratarse a sí mismas como tales, la mujer que algún día quiso ser abogada estableció las pautas más importantes del modelaje.

Mientras su marido se enfocaba en mejorar las condiciones de pago de las modelos, Eileen hacía el scouting donde fuera, incluso en los supermercados y centro comerciales, tanto de Estados Unidos como de Europa. Ella le daba mucha importancia a la longitud de las piernas y era conocida por hacer renunciar a sus sueños a las de baja estatura. La modelo Ford era predominantemente alta, delgada, rubia, de ojos separados, nariz recta y cuello largo. Sus parámetros definieron una generación completa de belleza americana, sin embargo, en algunas situaciones se salía del estereotipo. Por ejemplo, aceptó a Lauren Hutton, una jovencita constantemente rechazada por su nariz bulbosa. Eileen transformó esa nariz en la imagen de una marca, Revlon, y obtuvo portadas en Vogue y Glamour.

Para ese instante, el crecimiento era evidente. Jerry y Eileen Ford lograron que las modelos pasaran de ganar 25 dólares por una hora a obtener multimillonarios contratos, especialmente con las casas cosméticas y haciendo comerciales. Establecieron el 20 por ciento de comisión, la mitad de este porcentaje para la modelo y la otra para la organización que la contrataba, y estipularon las minucias del tipo de trabajo que podían o no hacer y lo que sucedía en caso de alguna cancelación. Fueron, ante todo, visionarios.

Elevar el modelaje a algo con mucho glamour, como lo dijo en People Weekly, se hizo posible gracias a su continuo rechazo de campañas publicitarias de desodorantes o brasieres, que involucraran baños de tina o que obligaran a exhibir el busto. Eileen estaba aferrada a la idea de que las modelos debían ser un ejemplo de altos estándares y que la disciplina las haría más grandes. Lo que sucedería, en efecto, es que llegaría la competencia.

En los años setenta, John Casablancas, quien tenía una buena relación con Eileen cuando era representante de modelos en París, fundó la agencia Elite en Nueva York. Esta sería la más grande rival de Ford Models porque proyectaba una imagen con tintes europeos y un estilo de vida más alocado que iba acorde con la edad de quienes querían modelar. Casablancas se popularizó por cortejar el talento de otras agencias y Eileen, además de demandarlo en innumerables ocasiones, le envío un ejemplar de la Biblia resaltando en color rojo fragmentos referentes a Judas, por haber contratado a miembros de su equipo. “Creo que nuestro éxito proviene de la energía de Eileen y de su franqueza y, en cierta medida, de su comodidad con la confrontación”, declaró Jerry Ford a USA Today en 1997.

A pesar de la envidia de sus detractores, para 1970 Ford Models representaba a 180 modelos y cambió el paradigma el día en que decidió incorporar además de mujeres como Christie Brinkley, Kim Basinger, Jane Fonda, Ali MacGraw, Candice Bergen, Beverly Johnson y Suzy Parker, a hombres, personas mayores de 30, modelos de tallas grandes y niños. Brooke Shields sería ícono de la agencia, a la que ingresó de 8 años y donde permaneció hasta que su carrera como actriz se disparó.

Con los años, Eileen Ford se constituyó en el nombre que convirtió el modelaje en una carrera respetable y codiciada en Estados Unidos. Ya fuese tildada de rígida, por no perdonar a las modelos que llegaban tarde a las citas agendadas, o de completamente maternal por estar pendiente de las necesidades de las modelos de su firma, supo leer la época en la que se movía, aun cuando en los noventa tomó un rol más pasivo y nombró a su hija Katy como la CEO de Ford Models. Esta señora impecablemente vestida, que murió el 9 de julio a causa de un tumor cerebral, siempre será la razón de que millones de niñas anónimas sean hoy estrellas.

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