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La tara de los gays Foto: Revista Fucsia

El destino está lleno de paradojas, por ejemplo, que los homosexuales estén buscando el matrimonio justo en el momento en que la moda en el mundo heterosexual es separarse.

 
Ninguna está más revaluada que la institución del matrimonio, no es sino que haga un breve focus group entre sus más cercanos para que se dé cuenta del montón de separaciones, divorcios y, lo peor, de la inconformidad generalizada con ese vínculo entre parejas. La verdad sea dicha, el matrimonio pasó de moda como fórmula para montar un hogar. Entonces, la pregunta obligada es ¿por qué los gays quieren que les legalicen el matrimonio?

La realidad social es que casi todos los homosexuales en edad de merecer viven con sus parejas y que ya cuentan con muchos avances legales que sólo se obtenían de la vida conyugal. Creo que lo único que buscan sus promotores es la reivindicación social del sagrado vínculo a manera de venganza contra una sociedad colombiana especialmente homofóbica. Dejémonos de bobadas, permitamos que los gays se casen y adopten. Dejemos que ellos mismo se estrellen con ese asunto maluco que es mamarse a una persona toda la vida y criar chinos que un buen día se largan.

Y no crean que estoy de acuerdo con el matrigay simplemente por el montón de fiestas que se me vienen, aunque para ser sincero, me encantan las parrandas de parejas gay. Bien fiesteros, amables y elegantes que son mis amigos homosexuales, pues qué mejor que legalicen sus concubinatos y empiecen sus bodas. Apuesto a que nadie había cogido el tema por el lado de las fiestas. Aquí todo es urgente, pero nada es importante, y así las cosas, no seamos tan circunspectos con el tema del matrigay, miremos el asunto por los festejos que disfrutaremos y lo buenos que serán. Tengo amigos homosexuales que viven en pareja desde hace años y que no se animan a gritarle al mundo su amor, pues ahora no sólo podrán hacerlo, sino que deben hacer fiesta, entrega de regalos, showers y demás. Lo bueno es que, como todos mis afectos son sofisticados, ninguno incurrirá en la lobería de invitar y hacer “lluvia de sobres”.

Sólo hasta este punto los gays ya se habrán enterado de que el asunto de legalizar sus concubinatos es un lío. Qué pereza todo lo que tendrán que lidiar con el temita de la unión matrimonial. Lo principal es tener que contarle a todos sus cercanos los motivos de su inminente separación. No es sino casarse para que les caigan a las parejas una cantidad de situaciones sociales muy aburridoras que agrietan cualquier relación. Basta con casarse para que empiece el tira y afloje por las labores más simples de un hogar. Pero los gays lo quisieron y lo tendrán.
Lo primordial en todo este rollo tiene que ver con la felicidad. La de despertarse todos los días para ser más preciso. Uno puede acostarse con cualquier persona, pero levantarse, sólo con un tipo especial: el que lo hace feliz. Y si hay un montón de colombianos a quienes los hace feliz levantarse con una persona de su mismo sexo, por lo general es el episodio del día más importante y la parte más importante del matrimonio, allá ellos.

La tara de los gays a la que me refiero es a esa, que si ya se despiertan al lado de alguien que los hace felices y hay normas legales que protegen la pareja, no hay ninguna razón para desgastarse en matrimonios, lo único realmente válido sería la fiesta.

El tema gay no es antinatura como muchos ignorantes lo plantean, lo que realmente es complejo de entender y va contra la corriente es querer casarse en un mundo con tanta oferta de felicidades. Siempre pensé que los gays eran diferentes, pero no. Salieron igualitos que mis tías.

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