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Las damas de la cultura

Revista FUCSIA

Las damas de la cultura

Esta esa una serie de retramos que celebran esa belleza que no caduca. Presentamos las historias de estas damas de la cultura han hecho posible que Colombia no se olvide del todo de su acervo y de su identidad.

En sus rostros se ven los rastros del tiempo, rastros que cuentan historias, que evocan momentos de dificultades y también grandes triunfos conseguidos con una única convicción: un país como el nuestro necesita tener viva y palpitante su cultura.

Esta es más que una serie de retratos que celebran esa belleza que no caduca, que es expresión de almas comprometidas; este es una especie de manifiesto que FUCSIA ha creado para homenajear a esas mujeres que han creído que la cultura nos humaniza, nos libera. ¡Celebremos con ellas su belleza!

Alejandra Borrero
Actriz, cofundadora de Casa E y líder de estrategia Ni con el Pétalo de una Rosa



Yo tuve una casa donde el arte era parte de nuestras vidas. Mi padre era pintor y nos despertaba por las mañanas con óperas y jazz. Eso era lo que me robaba el alma, lo demás no me interesaba. Yo no podría vivir sin el arte, creo que es lo que hace sublime al hombre, que es su tabla de salvación, el arte siempre florece cuando hay desigualdad, cuando hay injusticia, habla por los que no pueden hablar y nos ayuda a definirnos como sociedad.

Por supuesto, pronto supe que los problemas de dinero siempre iban a ser recurrentes en la elección que había tomado hacia la cultura
, pero más allá de eso, de esos difíciles presupuestos que nunca se consiguen, sabía que tenía que lidiar conmigo misma, con mi inseguridad, con mis miedos. Ese iba a ser mi verdadero reto. Los artistas, o por lo menos así lo veo yo, viven entre el pánico y la felicidad.

Sin embargo, mi carrera sí tuvo un punto de quiebre, en el camino me encontré con una mujer maravillosa, Katrin Nyfeler, mi socia en Casa E, que asumió mis sueños como propios.
Gracias a su capacidad visionaria, este proyecto es mucho más de lo que siempre soñé. Creo que es una unión perfecta. Ella le dio piso a mis sueños.

Después de estos años de trabajo en el teatro y la actuación quisiera que me recordaran como una mujer amorosa, como una mujer entregada, una defensora de los derechos de las mujeres, que creyó en el cambio de este país y que puso su granito de arena para que eso sucediera.

Alicia Mejía
Impulsora de sectores, textiles, moda y artesanías



Cuando a los 17 años llegué a París y empecé a caminar por sus museos, calles, vitrinas, iglesias, monumentos, librerías y mercados de frutas sentí que mi mundo tendría que estar relacionado con lo estético. Con el detalle. Con la perfección de las cosas.

Desde entonces no importó cuán grande e imposibles parecieran los proyectos, cuán difícil fuera conseguir patrocinios, siempre venía a mi cabeza un escrito de mi abuelo Gonzalo Mejía que no me dejaba desfallecer: “Sueño que mis descendientes dejen siempre a su paso la imagen de hombres recios, soñadores y a veces locos. Que tengan un sentido del deber y la justicia”.

Por eso, el día que aterrizó el inalcanzable e imposible Oscar de la Renta en Medellín para hacer su primer desfile en Colombiamoda me terminé de convencer de eso en lo que mi abuelo siempre me había alentado a creer: todo es posible.

Así, parte de mi vida ha estado atada a la realización de eventos alrededor de la moda, la gastronomía, la identidad y la memoria, y con ellos he constatado la infinita capacidad que tienen los seres humanos de recibir con pasión todas estas manifestaciones.

Espero solo así que mis nietos me recuerden como una abuela bacana, mis hijos como una madre comprometida y mis amigos como una compañera de aventuras.

Anamarta de Pizarro

Directora del Festival Iberoamericano de Teatro de Bogotá



Desde niña he estado vinculada a las artes escénicas, tanto que mi primera presentación como bailarina la hice en el Colón cuando tenía 5 años. Después utilicé una oferta de un grupo español de danzas para presionar a mi papá para que me permitiera estudiar en la Nacional. Era eso o me iba de gira con los españoles, naturalmente cedió. Pero todo se consolidó cuando Fanny Mikey me ofreció trabajar con ella en el Festival Iberoamericano y luego en el Teatro Nacional, eso selló mi destino.

Con ella aprendí a ver teatro por todo el mundo. Y a verlo en polaco, ruso, con ojos de festival. Además me introdujo a todo el mundo que rodea el teatro. A su lado no fue difícil entonces irme dando cuenta de que la cultura, entendida como algo dinámico, abre horizontes nuevos, más universales, que nos sacan de nuestro encierro secular sin perder las raíces ni el respeto por las tradiciones; permite tener una mente más abierta para entender no la diversidad sino la importancia de la diversidad; y exige creación, con lo cual aleja el conformismo y abre las puertas para nuevas y más eficaces soluciones.

Así, desde la partida de Fanny la convicción que no me ha dejado desfallecer es que el Festival es parte integral de Bogotá y de Colombia. Que lo que crearon ella y Ramiro Osorio en 1988 ha sido crucial para ponernos en el mapa teatral del mundo y que cada dos años tenemos una fiesta que trae lo mejor del mundo de las artes escénicas al mejor público del mundo.

Después de todo, solo espero que me recuerden como alguien que luchó a brazo partido no por mantener una leyenda, sino por darle a esa leyenda, que es muy importante, un nuevo sentido acorde con el mundo que estamos viviendo.

Olga de Amaral
Artista



Cuando me fui para la Academia de Arte de Cranbrook descubrí que el arte era mi camino. Estando allá tuve la visión del color. Mi proceso ha sido muy fluido. No tuve obstáculos, pero sí dificultades inherentes al trabajo, como su soledad.

Sin embargo, siempre encontré en la libertad del proceso creativo un soporte para no desfallecer. Darme cuenta de mi propia fuerza a través de mis obras, esa sensación de descubrimiento permanente es algo que siempre me ha mantenida altiva. Creo que mi obra es el más fiel testimonio de mi vida.

Mi esposo, Jim Amaral, ha sido también pieza fundamental en todos estos años. Hemos hecho una vida juntos alrededor del arte. Su mente creativa y su búsqueda permanente me han estimulado siempre. De su mano ha sido posible develar cómo la cultura nutre lo más humano en nosotros. Cómo es un agente para entender y procesar las dificultades de un país como Colombia y también para apreciar su belleza.

Pilar Castaño
Periodista especializada en moda, asesora, conferencista y escritora



La primera pulsión que me hizo pensar que mi destino estaba inexorablemente ligado a la cultura provino de mis padres. Desde mis primeros recuerdos en casa, había siempre gente en la biblioteca, escritores, pintores, directores de cine rodearon mi infancia.

Mi mamá, Gloria Valencia de Castaño, fue mi apoyo y compañera permanente desde que escribí mi primer artículo para la revista Cromos. Llevo más de 20 años dedicada al periodismo de moda, con la idea de que la imagen de cada persona es el principal detonante para reinventarnos cada día, gracias a ella.

En realidad, verlos a ellos dos, transmitiendo la cultura a través de la H.J.C.K, y tratando, con mucho esfuerzo, de conseguir patrocinios para su proyecto radial hizo que a la vez que me fascinaba con este camino, me fuera dando cuenta de que en Colombia la cultura no formaba parte importante del presupuesto de las empresas, que era, y lamentablemente sigue siendo así, vista como la Cenicienta, sin tener vestido para ir al baile.

Pero a pesar de esos caminos duros que tuvimos que sobrellevar, siempre persistió en mí una convicción, la de que la cultura nos rescata, nos humaniza, nos vuelve sensibles. Es la búsqueda de lo perdido y, al mismo tiempo, la que nos abre las alas para volar. La cultura en Colombia debe ser el contrapeso de la violencia, florecer en las calles como la moda.

De todos estos años de trabajo solo espero que perdure sobre mí un recuerdo de alguien que a pesar de la globalización nunca perdió su identidad. Una persona que entendió el arte en todas sus manifestaciones. Que siempre escribió con la mano y no con las teclas del computador. Que siempre buscó respuestas. ¡Y amó mucho!

Diana Uribe
Filósofa, periodista e historiadora. Fundadora y directora de la Casa de la Historia



A mí me ha gustado la historia toda la vida. En el colegio estudié durante cinco años la Guerra Civil Española, aunque no hubiera mucha gente con quien conversar sobre el tema, por eso no deja de conmoverme saber que terminé viviendo de lo que tanto he amado.

Con los años fui consolidando una de mis grandes convicciones, que es que la cultura es de las cosas más importantes que tiene un país, porque le da reconocimiento e identidad. Para nosotros en Colombia es muy importante construir un sentido de propia valía, porque tenemos un sentimiento de fatalidad colectiva, no creemos que juntos seamos capaces de grandes logros.

La génesis de estas creencias las sitúo entre la separación de Panamá y la Guerra de los Mil Días, pero esto es una construcción artificial, un video que nos metimos en la cabeza, que no es verdad. La cultura puede revertir eso. Yo sí creo, y lo creo firmemente, que no hay pueblos condenados, que no hay ningún pueblo que no esté en capacidad de resolver sus propios destinos y transformarse.

El camino, claro, tampoco lo he recorrido sola. Todo ha sido en parte posible gracias a mi compañero durante 30 años, Ricardo Espinosa, mi esposo que murió en el 2011, junto a quien creé un gran equipo y fue fundamental para ir tejiendo las historias. Me acompañó el tiempo suficiente para que se pudieran dar muchas cosas en mi vida.

Al final de todo solo espero que me recuerden como un espíritu libre, como una persona capaz de trascender las barreras del tiempo en el que vivió, quiero que me recuerden a través de la música, porque la música es la esencia de la vida, y bajo el lema de Paz y Amor.

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