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El éxito de ser inseguro

El éxito de ser inseguro Foto: Ingimages

Un nuevo libro asegura que el exceso de confianza en sí mismo es autodestructivo, e, incluso, es nocivo para la salud. Mientras que quienes tienen baja autoestima triunfarán. FUCSIA habló con su autor y estas son sus razones.

A quién no le han dicho alguna vez frases del tipo: “Cree en ti mismo y conseguirás lo que quieras”. Y quién no ha recibido la típica palmadita en la espalda seguida de la expresión: “No te preocupes por tus problemas, mantente positivo. Cuando las cosas vayan mal, solo recuerda lo grandioso que eres sin importar lo que los demás piensen de ti”.

La industria de la autoayuda, valorada en más de 11.000 millones de dólares gracias a la inagotable venta de libros, CD y seminarios, ofrece los secretos para una mejor vida amorosa o lograr la promoción deseada en el trabajo, mediante una palabra mágica: seguridad, la cualidad más codiciada a la hora de alcanzar cualquier meta. Sin embargo, para el doctor Tomás Chamorro-Premuzic, experto en sicología de los negocios y profesor de la University College of London, se trata de una característica sobrevalorada.

Considera que en lugar de los clichés optimistas, el mantra que debería repetirse es: “No importa qué tan bien vayan las cosas, sigue preocupándote. No eres tan grandioso como tú y los demás creen. Sentirse bien no aumenta la probabilidadde ser bueno”. En su versión invertida de la historia, el autor del libro Confidence: The Surprising Truth About How Much You Need explica que a  los convencidos no les termina yendo bien, y que en cambio los inseguros, lejos deser unos “perdedores”, tienen mejor pronóstico, pues para obtener el éxito se necesitaría probar las hieles del fracaso.

En este sentido no habría que avergonzarse de las dudas, sino más bien alentarlas: “Tener la autoestima baja es una señal de que hay que mejorar algún aspecto de nuestras vidas. Cuando te sientes poderoso, invencible o especial, en realidad eres vulnerable. Y si, por el contrario, aceptas que eres vulnerable, tienes mayores incentivos para fortalecerte”, comentó el experto argentino a esta revista. De hecho, llegó a tal conclusión después de diez años de estudios sobre la personalidad en cuarenta regiones del mundo y se sintió inspirado por lo que encontró en su país de origen en cuanto al proverbial ego de sus habitantes, “lo cual en lugar de traernos éxitos, nos ha dado una reputación –totalmente justificada– de soberbios e insoportables”. Agrega que entre sus compatriotas abundan los encantadores pero charlatanes y, para echarle más leña al fuego, ejemplifica su punto con la célebre “mano de Dios”, el cuestionado gol de Maradona en el Mundial de 1986, “que todavía se celebra como el más grande hito deportivo.

Es necesario incentivar la humildad, como lo han hecho en Asia durante los últimos cincuenta años y los resultados están a la vista”. Al mismo tiempo, tilda a Estados Unidos de ser el principal exportador de la epidemia narcisista que se ha expandido globalmente. Según su investigación, las personas que sufren de baja autoestima son una minoría, pues calcula que el 70 por ciento de la población padece de exceso de confianza, lo que se hace evidente en las conversaciones entre dos individuos: en el 80 por ciento de los casos cada uno habla sobre sí mismo.

El mito de la autoestima

Siempre se ha dicho que los empleados que exhiben mucha seguridad llegan a puestos más altos. Estudios realizados por las universidades de Melbourne y de California encontraron que cuando los participantes habían alardeado de sus habilidades desde temprana edad, más recompensas recibían en su vida profesional. Se detectó que estaban motivados por un deseo de alcanzar un estatus más alto y que en su búsqueda incasable obtenían tales beneficios.

Pero Chamorro-Premuzic estima que la seguridad no es la variable fundamental en la ecuación: “La correlación entre esta última y el éxito profesional es de 0,30, lo que indica que si medimos la confianza de alguien para establecer qué tan bien le irá, solo seremos un 15 por ciento más acertados que si adivinamos. Y este es el vínculo más significativo que se ha reportado”, escribió el sicólogo.

La clave radicaría entonces en esforzarse para lograr ser realmente competentes, lo que se traduciría luego en mayor seguridad, no al revés. “Hay que fomentar la ambición, la motivación y el trabajo duro, no la confianza”, sentencia el autor. Considera que los beneficios de una exagerada autoestima solo están presentes a corto plazo: “Podemos convencer a los demás de que somos brillantes, evitar nervios y ansiedades”.

Le llama la atención que cuando se le pregunta a las personas qué tan bien conducen, cantan o dirigen a otros, más del 80 por ciento responde que son mejores que el promedio. “El mundo, entonces, está lleno de personas que son más confiadas que competentes”, que saben venderse, y el error estaría en confundir estas características.

La única ventaja de no ser consciente de las propias limitaciones estaría en poder ocultarlas temporalmente, pero no ante el ojo acucioso de un jefe calificado. Por el contrario, es larga la lista de los perjuicios de la alta autoestima. Quienes la “padecen” no son realistas e ignoran las críticas y prefieren las mentiras piadosas. En consecuencia se ve afectado su conocimiento personal y al no ser conscientes de sus debilidades no pueden mejorar. En el lugar de trabajo los empleados sienten poco respeto por los directivos arrogantes. Estos suelen subestimar a sus rivales y tener poca ética laboral. Al respecto, el especialista señala que los hombres son más engreídos y que desafortunadamente muchas de las mujeres que llegan a altos cargos asumen esa actitud “macho”, y envían el mensaje equivocado de que hay que practicar el bullying para alcanzar tales posiciones.

Los súper seguros reportan mayores intenciones de engañar a sus parejas, según un reciente estudio realizado en los Países Bajos. Son centrados en sí mismos, se sienten poseedores de la razón y tienden a intimidar a los demás. Además, les gusta tomar riesgos innecesarios, se creen capaces de pagar cualquier crédito y muchas veces tienen un estilo de vida que no pueden sostener. Son propensos a caer en adicciones al trago, a las drogas y a la comida porque están convencidos de su fortaleza para dejar cualquier vicio cuando quieran.

Y están los confiados al volante que sufren más accidentes. Aun así, aclara que no debe entenderse la seguridad como un valor absoluto. “La confianza varía de un momento a otro, hay cosas que nos sentimos capaces de hacer bien y otras que no”. Su discurso tampoco pretende aplaudir el exceso de baja autoestima. Verse constantemente como un perdedor incompetente, además de “generar insomnio”, tendría el mismo efecto de ser en extremo confiado: carecer del empuje para renovarse.

En ese sentido Chamorro-Premuzic establece cuatro perfiles, unos más peligrosos que otros:

Tener alta confianza y baja competencia es peor mezcla incluso que poseer pocos niveles de ambas. Los que tienen una confianza basada en su verdaderacompetencia deben evitar caer en la complacencia y el estancamiento. Las empresas exitosas muchas veces dejan de ser innovadoras mientras sus adversarios siguen creciendo, y por eso pueden ir directo a la primera e indeseada categoría.

Quienes son más competentes de lo que piensan y pese a que deberían tener más confianza en sí mismos, al ser sus más duros críticos siguen esforzándose constantemente. Los jóvenes serían más propensos a experimentar crisis de megalomanía. “En nombre de la felicidad de sus hijos, muchos padres intentan construirles una autoestima que es artificial y no basada en sus logros o aprendizajes, porque sienten un temor inmenso hacia el fracaso, y fracaso no es que pierdan el trabajo cuando sean adultos, sino que la profesora los regañe porque no hicieron la tarea”, opina la sicóloga educativa Mariángela Rodríguez Badel.

El resultado es “la generación de los trofeos”, individuos sobrevalorados que se creen perfectos porque fueron premiados hasta por lo más mínimo. Chamorro-Premuzic concluye que se sienten llamados a “ser los próximos Steve Jobs pero con el estilo de vida de Paris Hilton, a pesar de que esperan trabajar mucho menos que ella”.

 

La suerte del inseguro, el seguro la desea

Quienes dudan de sus habilidades...

1. Se preparan y entrenan paramejorar. Trabajan más duro para alcanzar sus metas porque identifican sus puntos débiles. “Si por ejemplo crees que te equivocarás al pronunciar un discurso, practica. Y cuando llegue el momento sé honesto, cuenta que estás nervioso y continúa. El auditorio te preferirá antes que a un narcisista arrogante que cree sabérselas todas”, reflexiona el experto TomásChamorro-Premuzic.

2. Evitan decepciones pues no tienen falsas expectativas y consiguen un mejor balance entre aspiraciones y logros.

3. Son mejores compañeros porque no todo gira en torno a ellos sino que se interesan en los demás.

4. No se endeudan con facilidad, evitan las peleas, las apuestas y cualquier conducta riesgosa.

 

5. Admiten sus errores con humildad y reconocen las virtudes de los demás, por lo que son apreciados en suentorno laboral.

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