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Los secretos: el nuevo poder de las celebridades

Lila Ochoa

Los secretos: el nuevo poder de las celebridades

Parece que la vida de los famosos es una contradicción total, cuando empiezan hacen todo lo posible por obsesionar al público, pero ante el exceso de atención comienzan a guardar secretos.

El día que el mundo se enteró de la muerte de David Bowie la sorpresa fue total, pues absolutamente nadie estaba enterado de su cáncer incurable de hígado. Su íntimo amigo, el productor Brio Eno, con quien trabajó en su último álbum, Outside, recibió un correo donde Bowie decía “gracias por los buenos tiempos”. Esa fue su despedida. Solamente algunos de sus amigos cercanos estaban enterados de su verdadero estado. Hasta el último momento el legendario cantante intentó seguir una vida normal, escribiendo canciones y asistiendo de vez en cuando a algunos eventos.

Por otro lado, el año pasado Sandra Bullock adoptó su segundo hijo y logró guardar el secreto para contarlo en una exclusiva en la revista People. A los 51 años decidió volver a ser madre, de una pequeña de tres años. La llamó Laila. Según afirmó la actriz en la entrevista a People, Sandra le dijo claro a Bryan, su novio, que ella estaba buscando un hombre con el que poder criar a sus niños. Parece que Bryan aceptó el pacto y se ha convertido en un papá dedicado y cariñoso.

Cuando Bruce Jenner, el padrastro de las Kardashian, decidió transformarse en mujer, no sólo protegió su secreto de los paparazzi para revelarlo en una edición de Vanity Fair, la revista norteamericana que hace estrellas, sino que logró que nadie se enterara de su nuevo nombre, Caitlyn Jenner, hasta que este salió en la portada de la revista. Exatleta olímpico y actor, logró que la fotógrafa más famosa del mundo, Annie Leibovitz, hiciera la foto de portada con un corsé bien ajustado para marcar sus nuevas curvas. En la entrevista cuenta cómo su transformación no fue motivada por un deseo de vestirse como mujer. No era para él cuestión de apariencias, sino de tener un alma femenina en el cuerpo equivocado. Le cuenta a la revista, por ejemplo, las 10 horas de cirugía facial a la que se sometió. Hoy Caitlyn Jenner es considerada la transexual más famosa de Estados Unidos. En este caso puede ser que le hayan pagado una suma altísima por la exclusiva o lo más probable que es que quería convertirse en estrella para competir con su parentela.

Angelina Jolie manejó el tema de su doble mastectomía en total secreto hasta que ella misma lo anunció en el New York Times. No era cuestión de venderle la historia a una revista, se trataba de tener el poder de contar su historia a su manera. Actriz, directora de cine y filántropa, Jolie escribió un editorial en las páginas de uno de los periódicos más leídos. Contó cómo después de un examen de sangre que mostraba señales de cáncer, decidió someterse a esa cirugía tan drástica. Angelina es portadora de una mutación en el gen BRCA1. Esto incrementa el riesgo de cáncer de seno y de ovario, por eso se decidió por esas cirugías tan radicales. Su madre murió a los 38 años de cáncer de ovario y ante esa sentencia de muerte, ella resolvió actuar y sólo le contó al mundo cuando ya se había recuperado.

Con los matrimonios está pasando lo mismo. Lo que está de moda es no permitir a los fotógrafos hacer fotos y negociar exclusividades. Pero no sólo se trata de esconder enfermedades, nacimientos o matrimonios; en este mundo de redes sociales, de chismes y de morbo, hasta el lanzamiento de un nuevo álbum resulta una ocasión para que el cantante logre un impacto mayor cuando mantiene el misterio, como sucedió con la colaboración entre Myley Cyrus con Flamming Lips.

Otro caso reciente es el de la escritora italiana que usa el seudónimo Elena Ferrante. Ha vendido millones de libros sin revelar su identidad, sin dar entrevistas y sin permitir que le hagan fotos. Sólo se sabe que vive en Nápoles, nadie está seguro de si es hombre o mujer. La editorial se ha sumado a la conspiración para mantener en secreto a la autora. Parece que la fórmula para tener éxito es el misterio.

Como las revistas y periódicos cada vez tienen menos plata para pagarles a sus fuentes, el negocio de los chismes está cayendo en picada. La situación actual es tan extrema, que ahora todos aquellos involucrados con Hollywood están obligados a firmar un acuerdo de confidencialidad: las niñeras, los jardineros que transportan las plantas, los que recogen la basura. Todos tienen que firmar un documento que incluye una cláusula por una suma alta de dinero por daños y perjuicios si alguien abre la boca. El abogado George Gilbert, especializado en temas de entretenimiento, dice que sus acuerdos van más allá de un tiempo concreto, son a perpetuidad.

Estos documentos se extienden a los amigos de la celebridad. Por ejemplo, Justin Bieber hizo que todos los invitados a una de sus fiestas firmaran un papel que el que dice que si revelaban algo de lo sucedido esa noche, estaban obligados a pagar la modesta suma de US$3.000.000.

Parece que la vida de los famosos es una contradicción total, pues cuando empiezan hacen todo lo posible por obsesionar al público. Pero el resultado de ese exceso de atención y las ganas del público de enterarse hasta de los más pequeños detalles han producido un reacción violenta. Ahora toda persona que quiere ser famosa sabe que el poder está en el secreto, como los actores y actrices de los 30 y 40, que estaban rodeados de un aura de misterio y era difícil, si no imposible, enterarse de su vida personal. Hasta en Francia, por ejemplo, estaba prohibido inmiscuirse en la vida privada de sus gobernantes. Tanto es así, que sólo se supo que Miterrand tenía una amante y una hija el día de su entierro. Claro que esos eran tiempos pasados, pues con Hollande y Julie Gayet ya no hubo ese respeto por la vida privada.

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