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Maestros Patronistas, la historia detrás de los arquitectos de la moda

Revista FUCSIA

Maestros Patronistas, la historia detrás de los arquitectos de la moda Maestros Patronistas, la historia detrás de los arquitectos de la moda

Gracias a este proyecto, nos hemos adentrado en los talleres de los diseñadores para encontrarnos esas historias inspiradoras, de quienes hacen posible que una idea de diseño se vuelva realidad.

Como el “arquitecto de la moda”, así han definido muchos la valiosa e irremplazable labor de los patronistas, los genios del papel y las medidas. Esa capacidad de trasladar bocetos a construcciones planas y luego permitir la confección de un tesoro tridimensional es un don.

Mira el video: Shingo Sato: los secretos de un gran patronista

Su función en la fascinante industria de la moda es vital, pero pocos conocen la disciplina que requiere esta actividad.
Por esta razón, FUCSIA y Club Colombia, apoyados por la LCI Bogotá e Inexmoda, se han unido para fortalecer la formación de estos hacedores de moda con el proyecto Maestros patronistas, en el cual quince maestros con experiencia en la industria tomarán un taller intensivo con el patronista japonés Shingo Sato y luego tendrán un acompañamiento de expertos durante cuatro meses, para mostrar el proyecto final en un gran museo en Colombiamoda 2015.

Como parte de esta iniciativa, FUCSIA ha querido publicar una serie de artículos en los cuales nos adentremos en la maestría de traducir las ideas del diseñador en patrones. Para esto visitamos varios talleres que nos permitieran desentrañar el verdadero proceso de creación de una prenda.

Este recorrido comienza con Hernando. Creció viendo a su papá patronar y confeccionar sastrería formal en Bogotá. La máquina de coser, las tijeras y los retazos hacían parte de la decoración de su hogar. La importancia del oficio fue clara desde su niñez y por eso mismo le pidió que le enseñara todo para seguir sus pasos, “aprendí de mi papá, que era de los sastres antiguos”.

A pesar de que su formación fue orientada hacia la ropa masculina, hoy en día es el patronista principal de una de las casas de moda femenina más sofisticadas del país: Leal Daccarett. Él mismo expresa que siempre sintió mayor interés por la ropa de mujer, y cuenta que lo que más disfruta de su trabajo con Francisco Leal y Karen Daccarett es la aparición constante de retos y diseños fuera de lo común: “me gusta que lleguen propuestas nuevas, y con esfuerzo, perfección y atención al detalle aseguramos prendas de calidad para la satisfacción del cliente”.

Los diseñadores, por su parte, confiesan que encontrar a Hernando ha sido una de las bendiciones de su carrera. Después de muchos avisos clasificados y extenuantes pruebas, llegó al estudio de la pareja un hombre sencillo, disciplinado y enamorado de su profesión. Como expone Karen: “de los que ya no quedan. En Colombia ya nadie estudia para ser patronista, y no nos hemos preocupado por mostrarle a las nuevas generaciones que este puede llegar a ser hasta más importante que el mismo diseñador. […] Hernando lleva con nosotros lo que tiene el taller, y sin él la marca no tendría su sello”. Él es un maestro patronista y ya es parte de la familia Leal Daccarett.

En otro lugar de la ciudad, un iluminado y atiborrado taller tiene, además de patrones, dos nuevas historias. Marta, pausada y rigurosa, y Consuelo, sonriente y metódica, son quienes hacen realidad esos sueños y fantasías provenientes de la mente de Manuela Álvarez. La primera, quien es también parte del equipo de la reconocida diseñadora paisa Olga Piedrahita, es de las pocas del gremio que tiene una formación profesional.

A pesar de no ser la ocupación de su mamá, creció viéndola coser, preparando los anhelados vestidos de navidad para la familia. Al graduarse del colegio ingresó a un instituto que ofrecía la carrera de diseño de modas, pero no la terminó por el repentino cierre del plantel, y después de un par de años comenzó de nuevo en la escuela de Arturo Tejada, “donde recibí formación de patronaje industrial”, cuenta. Trabajó en varios talleres, aprendió y perfeccionó sus habilidades, luego se independizó y tuvo clientes propios, y hace diez años tomó el llamado de la alta moda local gracias a Olga Piedrahita. Esta experiencia la sacó de su zona de confort en varias ocasiones y la obligó a patronar ilusiones en seda sobre cuerpos delicadamente descubiertos: “Nunca olvidaré el primer vestido que hice con Olga. Era de espalda descubierta para una mujer embarazada. Tenía que encontrar la forma de hacer lucir su cuerpo, mantenerla cómoda y no arruinar la finísima seda que teníamos. Sufrí, no dormí dibujando patrones en mi cabeza y en el papel, pero gracias a Dios lo llevé a buen puerto y tuvimos una clienta bellísima y muy satisfecha con mi trabajo”.

Luego llegó la joven diseñadora Manuela a trabajar en el taller, quien unos años después cuando recibió el apoyo de FUCSIA para presentar su primera colección en Colombiamoda, no dudó en pedirle ayuda a “Martius”, como la llama de cariño, para enfrentar este gran desafío. Desde ese momento son inseparables, pués la precisión de esta bogotana es vital en la construcción de prendas perfectas.

La historia de Consuelo es distinta. A pesar de crecer rompiendo su ropa para obtener retazos que le sirvieran para vestir a sus muñecas, su entrada al mundo de las agujas y los carretes fue casualidad. Se casó y fue madre muy joven, sin haber cumplido 20 años tuvo que enfrentar la vida sola, salir adelante y criar a un hijo con sus propios medios. Aquí llega uno de los tantos ángeles que han aparecido en su vida. Le dan la oportunidad de trabajar en una fábrica de confección de ropa femenina, y ella escoge como herramienta la máquina de coser. La diseñadora encargada la apadrina: “ella se dedicó a enseñarme todo lo que podía hacer con la máquina. Empecé con planas sobre papel, luego a poner cremalleras y, ya con el tiempo, coser se volvió parte de mí”. Desde entonces, le entregó su vida a practicar y volverse una experta hasta que llegó el cierre de la empresa.

Luego, en otra compañía, es ilustrada minuciosamente en el arte del patronaje, “me pusieron de tarea traer el patrón de cada prenda y en varias tallas todos los días durante un mes. También me enseñaron a sacar patrones sobre medidas, lo que más me ha servido hoy en día”, cuenta. Ya con todo el aprendizaje en sus manos se independiza y comienza a trabajar a domicilio. Así levantó una familia de dos hijos, que crecieron viendo hilos y escuchando el pedal de la máquina día y noche. Por su amistad con Marta es invitada a apoyar el desarrollo de la colección de Manuela Álvarez para la pasarela FUCSIA en Colombiamoda y, desde entonces, es la mano derecha de esta joven diseñadora.

Es la experta en esos famosos “costillares” que se han convertido en el ADN de MAZ. Su paciencia, buen ojo y arrolladora alegría impregnan no solo el taller, sino las mismas prendas a las que les da vida. Le apasiona su trabajo e insiste en la importancia de amar lo que se hace para disfrutarlo y salir adelante: “si toca repetirlo pues se repite, tiene que quedar perfecto”. Ella es un absoluto ejemplo de temple y perseverancia que nos muestra la belleza de esta profesión y de sus protagonistas.

Para Manuela, Francisco y Karen estos personajes no solamente son los pilares de sus talleres, sino además de su equilibrio. Reconocen que personas con su talento y compromiso hacen que hoy hablemos de una industria de la moda en Colombia.

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