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Manuelita Sáenz (Quito, 1797-Paita, 1856)

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Hija natural del español Simón Sáenz y Vergara y de la quiteña Joaquina Aizpuru, se casó con el comerciante inglés James Thorne, con quien llevó una vida acomodada en Lima. Su existencia tomó un giro inesperado cuando conoció, en junio de 1822, a Simón Bolívar, en un baile de gala en Quito. Entonces se convirtió en su sombra: fue la última mujer con la que El Libertador tuvo un amor continuo desde la muerte de su esposa, María Teresa del Toro, 20 años antes; fue su confidente, cuidó y salvaguardó sus archivos, protegió su vida y volvió suyas sus ideas políticas.

Lo siguió a Lima, donde se movió en los más exclusivos círculos. Fue incorporada oficialmente al Estado Mayor de Bolívar con el grado de Coronela, por lo que vistió casaca azul, con vueltas y cuello rojo. En la Batalla de Ayacucho siguió a El Libertador a prudente distancia. Lo acompañó a Bogotá, adonde arribaron en 1827. En aquel entonces, el francés Jean-Baptiste Boussingault la describió: “Tendría 29 ó 30 años cuando la conocí en toda su belleza. Algo gruesa, ojos negros, mirada indecisa, tez sonrosada sobre fondo blanco, cabellos negros, artísticamente peinados, y los más bellos dedos del mundo (sic); era alegre, conversaba poco, fumaba con gracia. Poseía un secreto encanto para hacerse amar”.
 
En la Quinta de Bolívar fue quizá donde vivió sus mayores alegrías con El Libertador. Lo cuidó de las conspiraciones que sus enemigos fraguaron en su contra. Un primer atentado ocurrió en un baile de máscaras y, otro, la ‘noche septembrina’ (25 de septiembre de 1828). Por su papel definitivo de esa noche, Bolívar la llamó “La Libertadora de El Libertador”.

A la muerte de Bolívar, fue atacada sin piedad por sus enemigos. El primero de enero de 1834, Santander ordenó su destierro. Tras intentar asilarse en Guayaquil, terminó refugiándose en Paita, en el desierto peruano. Vivió pobre e inválida sus últimos años, con la compañía de Nathán y Jonathás, sus fieles criadas, y el arcón en el que guardaba las cartas de El Libertador. El 23 de noviembre de 1856, falleció víctima de difteria. En la entrada de la pequeña casa donde vivía, podía leerse un aviso que decía: “Tobacco. English Spoken. Manuela Sáenz”.

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