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De dónde viene nuestra ¿belleza colombiana?

Revista FUCSIA

De dónde viene nuestra ¿belleza colombiana? Foto: ALEJANDRO ANNICHARICO / PEDRO RUIZ

Durante 15 años FUCSIA ha sido testigo de la diversidad que caracteriza la belleza de las mujeres de estas tierras. Justamente, esto nos alentó a tratar de entender de dónde viene nuestra raza y hacer una mapa, un breve recuento de un país triétnico.

Es difícil pensar en un solo tipo de belleza colombiana. Entre los treinta y dos departamentos que tiene el país, hay mezclas de genes afroamericanos, indígenas y europeos, que dan cuenta de una amplia historia de migraciones en distintos periodos de la historia reciente.

No tenemos un solo fenotipo, como tampoco tenemos una sola raza; y si la belleza es, como indica la Real Academia Española, la "propiedad de las cosas que hace amarlas", estas propiedades se materializan tanto en la mujer de piel oscura que tiende sus redes de pesca en el Chocó, como en la rubia de ojos claros que en la calle llaman "mona, monita" y que podría ser tomada por norteamericana o alemana.

La herencia genética de cada una, sin embargo, es fácil de adivinar. Además de la mirada, que casi nunca es traicionera, están los apellidos, que debido a las tradiciones católicas bien arraigadas en Colombia se han seguido alternando dependiendo de los cruces que se dan en el matrimonio. Así, cada apellido representa un lugar en el mundo y cada lugar una consecuencia física.


Foto: Alejandro Annicharico

Esto es cierto para cada uno de los fenotipos que hoy se encuentran en el país, menos para los afroamericanos, que representan el 10% de la población actual, según estadísticas del DANE.

Lo anterior se explica debido a que los afros, al ser traídos como esclavos en el siglo XVI, tuvieron que adoptar los apellidos de sus amos, quienes eran en su mayoría colonizadores españoles. Por los años 1500, el 90% de los nativos murieron debido a enfermedades provenientes de Europa. La escasez de mano de obra indígena hizo que los colonizadores empezaran a importar alrededor de cuatro mil esclavos al año. Aquellos que no trabajaron en el servicio doméstico fueron llevados a las zonas mineras, la mayoría de las cuales se encontraba en Chocó.

Esto creó, como bien lo dice Mauricio Camargo, genetista de la Universidad de Antioquia, "una imposición geográfica que explica por qué el ADN de los afros en Colombia es casi idéntico al de comunidades que aún existen en países como Costa de Marfil, Nigeria o Congo". El aislamiento también se presentó en pueblos a los que huyeron los negros cimarrones que lograban escapar de la esclavitud, como el famoso Palenque de San Basilio.

Pero antes de que llegaran los europeos y los africanos, estuvieron los nativos, quienes se asentaron desde la época precolombina, que empezó en el 15.000 a. de C.

Estas tres razas aún sobreviven en nuestro territorio, conforman nuestra identidad, y se encuentran, como se indica en un estudio publicado en la revista The Open Neurology Journal, en el que participó la Universidad de Antioquia, repartidas así: los nativos están sobre todo en la Amazonia; los europeos en las zonas urbanas, especialmente en departamentos de la Región Andina como Boyacá, Quindío, Cundinamarca, Tolima, Risaralda, Antioquia, Caldas, Santander y Norte de Santander, y los afros siguen concentrados en las costas Pacífica y Caribe.


Foto: Alejandro Annicharico

"La geografía ha fragmentado al país, y como consecuencia tenemos una sociedad dividida que ha regionalizado la raza y que ha puesto a los negros en una parte, a los mulatos en otra, a los indígenas en otra. Esta sociedad ha creado regiones desequilibradas y a los ciudadanos les ha dado categorías", contestó en 2007 el fundador del Instituto de Genética de la Universidad Nacional, Emilio Yunis, en una entrevista concedida a la Universidad de Bucaramanga. Con esta respuesta, Yunis dio a entender que, muy a pesar de que somos un país multirracial, también somos un territorio segregado.

Esta segregación explica, por ejemplo, por qué los nativos son los que con mayor ímpetu han conservado su linaje, como se demuestra en un segundo estudio publicado por la revista Plos One. "Los indígenas son poblaciones que están poco contaminadas desde el punto de vista genético", explica Mauricio Camargo. "Ellos tuvieron que recurrir a zonas de difícil acceso, montañas y selvas, para preservar su raza, al verse amenazados por las enfermedades y guerras que trajeron los europeos. Los estudios han mostrado que mientras hay poblaciones nativas que tienen genes africanos y europeos, como la Chibcha, están aquellas que son completamente puras, como la Emberá. El hecho de que existan comunidades indígenas que son mixtas genéticamente indica que hubo un importante cruce de nativos con distintas etnias. Sin embargo, este intercambio fue menguando conforme se asentaron las razas en el territorio colombiano".

En este segundo estudio también se entregan datos curiosos. En ejemplos concretos: se afirma que el mayor número de nativos no contaminados en Colombia se encuentra en Pasto, y se explica que la razón de que haya al menos 87 etnias indígenas en el país es consecuencia de la colonización paulatina que hicieron los pobladores del noreste de Asia sobre América en la época precolombina, quienes se asentaron primero en el norte y después en el sur.

Camargo también aportó a FUCSIA su conocimiento sobre cómo se ubicaron las poblaciones europeas que entraron a Colombia. Uno de los grandes puertos migratorios en la Primera y Segunda Guerra Mundial fue Barranquilla, donde llegaron habitantes de países como Francia, Italia, Alemania y España, quienes instauraron clubes privados que a su vez fomentaron la estratificación.

Una ciudad decisiva en este fenómeno fue Medellín: "En Antioquia, sobre todo en su parte central, ocurrió una cosa muy particular. Como esta es una zona montañosa, los primeros inmigrantes españoles que llegaron en el siglo XV estuvieron semiaislados por casi dos siglos. Esto hizo que se conservara un alto componente de ADN europeo. Los cruzamientos fueron pocos, no como en la Costa Atlántica, que es la zona de mayor diversidad racial en Colombia.


Foto: Alejandro Annicharico

Así, era común que las abuelas paisas dijeran que Antioquia era blanca, conservadora y católica. Dentro de nuestra historia reciente, los únicos extranjeros que no practicaron lo que en genética se conoce como “emparejamiento selectivo", es decir, que se asentaron y cruzaron sin ningún prejuicio, fueron los libaneses que llegaron a La Guajira y Córdoba.

Pero, ¿qué pasará ahora que las nuevas tecnologías nos hacen estar más conectados, no solo a través de las redes sociales sino también a través de precios asequibles en las aerolíneas? ¿Qué pasará ahora que estamos presenciando importantes migraciones de parte de ciudadanos venezolanos o españoles que, debido a las condiciones económicas y políticas de sus países, han decidido probar suerte en Colombia?

Según Camargo, estamos predispuestos a seguirnos diversificando, muy a pesar de la segregación racial que hasta ahora nos ha caracterizado. Y qué suerte para nosotros, porque eso significa que la belleza que nos identifica se seguirá fusionando, que en el futuro apreciaremos tanto a la mona como a la morena como a la trigueña, que ya no nos importará decir de dónde viene tal o cual raza, que sentiremos con más ahínco la necesidad de amar y respetar la diferencia.

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