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Matrimonios sin sexo

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Matrimonios sin sexo

Hay parejas que dicen amarse sin que haya relaciones sexuales de por medio. ¿Qué las diferencia de un par de amigos o de hermanos? ¿Pueden ser felices?

Que el sexo mejora con los años porque hay mayor conocimiento entre los esposos, es una afirmación respaldada por varias estadísticas; en unas se afirma que el 80 por ciento de las parejas estables le siguen poniendo picante a su relación pese a ser septuagenarias, y en otras que el 70 por ciento tiene relaciones íntimas una vez por semana. No faltan también las que apuntan que al acercarse a los 50 la vida sexual es más atrevida y desinhibida. Las preguntas son, entonces: ¿Quiénes participan en estas encuestas? ¿No será más bien que los que lo hacen responden desde el deseo y no de la verdad? Estar en un matrimonio célibe es, hoy día, un gran tabú, una realidad que muchos prefieren no ventilar: da vergüenza reconocer que todos se divierten menos uno, porque el imaginario es que los vecinos tienen fiestas salvajes en la cama... o en el baño, la cocina y encima de la mesa del comedor.

En la sociedad actual una vida sexual activa es sinónimo de juventud y éxito, y esa percepción se vende en los comerciales de perfumes y hasta en los de pinturas para el hogar. “La mayoría de los medios reflejan una idea irreal: los amantes hacen contacto visual, tienen un mínimo de jugueteo preliminar, van derecho a la acción y logran orgasmos simultáneos. Creo que sería de bastante ayuda que no hubiera tanta discrepancia entre lo que se nos muestra en el cine y lo que leemos versus lo que sucede en nuestros dormitorios”, explicó a FUCSIA la terapista de parejas Sue Newsome, quien advierte que compararse con encuentros del tipo 50 sombras de Grey puede ser doloroso, pues hace que algunos terminen sintiéndose “inferiores e incompetentes”.

Si de cifras se trata, existen unas que revelan una versión menos ardiente. Gransnet, una página web para mayores de 50, encontró que una de cada cuatro parejas se describía como “inactiva sexualmente” y el 57 por ciento de los entrevistados aseguró que se sentían plenos pese a esta carencia. El 98 por ciento consideró más importante la confianza, la comunicación y la amistad que la pasión a la hora de garantizar la duración de la unión. Sin embargo, no es un asunto exclusivo de cierta edad. Una investigación publicada por el Journal of Marriage and Family determinó que el 16 por ciento de las relaciones entre personas de 35 a 45 años son de poca o nula actividad debajo de las cobijas. En Japón hay tal preocupación que nombraron al fenómeno el “síndrome del celibato”, pues los está afectando demográficamente: en 2012 las alarmas se prendieron cuando las ventas de pañales para la incontinencia de adultos superaron a los de bebés.

El sexo tiene fama de ser el pegamento que garantiza la conexión física, emocional y espiritual entre los que conforman un vínculo, pero hay quienes creen que puede ser más un detonador de conflictos. Después de todo, no siempre hay compatibilidad y hablar de ello no es cosa fácil: significaría “abrir la caja de Pandora”. De hecho, la columnista británica Tracey Cox reflexionó alguna vez sobre cómo las mujeres tienen romances de película con hombres que las vuelven locas, aunque prefieren casarse con el cariñoso e inteligente que les ofrezca estabilidad. Así mismo, la socióloga Catherine Hakim estableció que la receta para la felicidad es lograr un matrimonio duradero, tranquilo y affaires que cubran la cuota de sexo.

Los expertos estipulan que en la categoría de parejas célibes clasifican las que tengan menos de diez relaciones íntimas al año. Al respecto consideran justo aclarar que todas pasan por ciclos: así como se viven temporadas de luna de miel, llegan las de abstinencia. Por eso, quienes por ejemplo se estrenan como padres y llevan varios meses sin nada de nada no deberían angustiarse en exceso ante su falta de ganas. “La llegada de los hijos, así como el estrés en general, trastearse de casa, una situación laboral difícil, además de una enfermedad o los efectos secundarios de un medicamento son factores que inciden en la sexualidad”, comenta Newsome.

La baja libido se asocia en muchos casos a la edad y en las mujeres a la llegada de la menopausia. En los hombres, estudios señalan que con la madurez uno de cada cinco presenta una disminución en el deseo sexual como consecuencia de la caída en los niveles de testosterona, y que uno de cada diez sufre de disfunción eréctil o eyaculación precoz.

La sexóloga Luisa Torres manifiesta que tampoco puede desconocerse que no a todos les importa el tema de la misma manera: hay seres humanos poco sexuales y también los hay asexuados. “Es una orientación como tantas otras que hoy reconocemos”. Aun así opina que cuando se producen cambios en la intimidad de una pareja en gran medida estos obedecen al ritmo de vida actual. “La falta de tiempo es crucial en este aspecto. Lo veo en consulta cuando les pregunto a mis pacientes por su rutina: madrugan a trabajar, vuelven tarde a casa cansados y siguen conectados a las nuevas tecnologías. Tener un momento especial con la pareja pasa al último plano, porque dan la relación por sentada”.

En un artículo del tema, la periodista británica Christa D’Souza, colaboradora del periódico The Guardian, bromea acerca de que cuando se ha convivido “15 o 20 años con el mismo individuo perfectamente atractivo, viéndolo caminar desnudo unas 5 millones de veces”, lo único que parece apropiado es andar tomados de las manos. “Por algo los niños vomitan ante la idea de que sus padres hagan el amor”. Y cita al autor Alain de Botton que en su libro Cómo pensar más en el sexo recuerda que “no fue sino después del siglo XVIII que la idea de los matrimonios basados en el amor se afianzó. La apreciación de que el sexo es la piedra angular de una unión apareció muy, muy tarde”.

Algunos afirman que están tan satisfechos con la complicidad que han logrado con su compañero, con los gustos que comparten y con lo que han construido a lo largo de su camino juntos que el sexo es lo de menos. El afecto supera el deseo. Pero, ¿qué diferencia estas relaciones de una buena amistad?, se pregunta la psicóloga Lorena Polanía, coautora del libro ¿Dos para ser felices? “Somos seres sexuales y el erotismo es fundamental. Apostaría que alguno está insatisfecho y puede buscar lo que necesita por fuera”. No es casualidad que la queja más consultada en Google en lo referente a parejas estables sea “matrimonio sin sexo”, muy por encima de “matrimonio infeliz”. Por eso, Newsome agrega que no puede ser una decisión unilateral. Si bien la falta de este ingrediente no necesariamente implica un problema, se convierte en uno cuando se le ignora y no existe un acuerdo explícito. Ambos sufrirán: uno se sentirá frustrado, humillado y poco deseado, y el otro presionado. “Cuando dos personas deciden comprometerse a estar juntas y empiezan a trabajar en equipo para crear la vida que desean, este proceso puede apaciguar la llama del deseo. De todos modos creo firmemente que no se tiene que aceptar que el mejor sexo solo se experimente al comienzo de la relación y que nunca volverá a ser tan bueno. Es imperativo que tengan diálogos honestos y que resistan la tentación de conformarse con la mediocridad”.

¿Cuántas veces es suficiente?

El tabloide británico Daily Mail publicó los resultados de una investigación según la cual tener relaciones sexuales una vez por semana es la medida perfecta. Sin embargo, esa pregunta solo puede responderla cada pareja. Cuando los dos involucrados se dan cuenta de que están teniendo menos de lo que quisieran, deben considerar los siguientes aspectos:

1. Encontrar las razonesAunque puede haber personas que se sientan felices en un celibato de mutuo acuerdo, habrá quienes deban tener una conversación franca sobre algún trauma, cierta dificultad o que, incluso, necesiten consultar con un especialista para descubrir si hay algún factor bioquímico que explique su poco erotismo. Vale la pena preguntarse si solo se dejó de desear a la pareja, pero existe el anhelo de vivir otras aventuras.

2. La pareja es lo primero Se equivocan quienes piensan que por el solo hecho de convivir tendrán garantizadas las relaciones sexuales. ¿Un matapasiones? Los expertos han establecido que la llama del enamoramiento no suele arder más allá de los 3 años. Suena a cliché pero es necesario que recurran a los planes que disfrutaban cuando eran novios. Que los hijos no sean siempre la excusa para no hacerlo.

3. Explorar distintas formas de intimidadEn la lista de pendientes, tener relaciones sexuales a veces se vuelve una tarea más que se va relegando ante lo urgente, hasta que deja de formar parte de la rutina. Reconectarse no es fácil: cuanto menos sexo haya menos testosterona habrá y por consiguiente menos ganas. La meta no siempre tiene que ser llegar a la penetración. Arruncharse, consentirse, bañarse juntos son actos de conexión. Sin embargo, hay personas que le huyen a una caricia o un beso porque piensan que son un medio para llegar a un fin que no desean.

4. El sexo no es un arma de chantaje A muchas mujeres les ocurre que llevan cualquier problema en la relación al plano sexual, en lugar de expresar abiertamente su insatisfacción. “En ocasiones buscan castigar a su compañero negándose a la intimidad sin ser conscientes de que se están castigando a sí mismas, porque no se tiene sexo por el otro sino por la propia satisfacción”, opina la psicóloga Lorena Polanía.

5. Ser realistas Las parejas deben hablar sobre sus expectativas –que tienden a ser muy altas–. En ese sentido lo recomendable es aterrizarlas, determinar si están abiertas a experimentar, conocer las fantasías de cada quien y no simplemente basarse en estereotipos de personajes ficticios cuyo único objetivo es terminar sudando en la cama.

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