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El poder en rosa Foto: Ingimage

En las páginas de las revistas de moda, socialité o entretenimiento, aparece con frecuencia el adjetivo “poderosa” junto a la palabra “mujer”. ¿Quiénes son las mujeres poderosas y en qué reside que lo sean? Por Julia Londoño Bozzi

La empresa Mattel anunció hace poco el nacimiento de la Barbie Emprendedora, una muñequita rubia y perfecta, como las demás de su tipo, pero que esta vez, además de zapatos de tacón que hacen juego con la cartera, viene con accesorios como un smartphone y una tablet. Todo lo que una mujer necesita hoy en día para no ser solamente una cara bonita…

Las fotos de Anna Wintour, Kim Kardashian o JLo ilustran esos artículos publicados en revistas sobre el poder femenino, pero, ¿qué es ser una mujer poderosa y de dónde viene su poder?; ¿qué tipos de poder puede ostentar una mujer?

Más que cualquier hombre poderoso, una mujer poderosa se enfrenta al escarnio público y a la mirada sospechosa que escudriña cada uno de sus gestos –como se escudriñan los de los hombres poderosos– además de someterse a la “escaneada” de cada cosa que se pone, como se examina la pinta de cualquier mujer del mundo.

Pero vale decir aquí que hay cierto tipo de mujeres poderosas que, como decía mi abuelo, francamente parecen hombres, “hasta se visten con pantalones y sastres para parecer hombres”. Son mujeres que osaron meterse a desempeñar cargos que eran tradicionalmente masculinos, en sectores como el empresarial o el financiero; son abogadas, gerentes de banco o altas ejecutivas. El poder de estas mujeres viene de creerse hombres, de manera que no se sorprendan si se visten como Diane Keaton.

Se necesitan pantalones para sentarse en esas sillas grandes y abullonadas de presidente de compañía o gerente de negocio. Se necesitan pantalones para mandar a los empleados. Así que estas mujeres de looks masculinizados solo están mostrando por fuera el cambio que se espera vivan por dentro. Eso se llama coherencia, por lo cual no importa si en vez de revistas de moda esas mujeres leen Soho, hay que dejarlas explorar su lado masculino y, a lo mejor, hasta les gustan las mujeres.

Si se quedan solas, “bien hecho”, ¿para qué quieren ser hombres y después dicen que quieren a un hombre?; que se decidan, pues no se puede tener todo al tiempo. Y que no salgan después, a los 40 años, diciendo que quieren hijos..., los hijos son para las mujeres de falda.

En cambio, existe otro tipo de mujeres poderosas, las sexi-mandonas, que gobiernan sectores en los que tradicionalmente se han desempeñado otras mujeres, como la cocina, la industria de la moda o la belleza; entonces son chefs y no cocineras, empresarias de bisutería y no artesanas, mercadean cremas para adelgazar y no solo las usan, o diseñadoras de vestidos de baño y ropa interior en vez de ser costureras. A todas ellas las critican con frecuencia otras mujeres, porque son poderosas solo de la manera en que los hombres les dan permiso de serlo. Son muchas las modelos y exreinas de belleza a las que se les concede ser dueñas de negocios, siempre y cuando no dejen de modelar en ropa interior.

Es como si se les advirtiera: “vendan cremas y aretes o pónganle precio a las recetas de la abuela pero, por favor, sigan apareciendo churras en los desfiles de playa. Les perdonamos que sean independientes económicamente, siempre y cuando sigan a dieta”.

El poder de estas mujeres viene de la explotación de su belleza como herramienta para triunfar. “Típico”, dicen algunas de sus congéneres; “mi mamá hacía los mismos brownies pero no los vendía tan caros”, apuntan otras. Deseadas por hombres y por mujeres, estas emprendedoras saben que todas queremos comprar sus bronceadores para vernos como ellas y gustarles más ellos.

Y así, el poder se convierte para muchas mujeres en una trampa, este sirve para arrebatarles los trabajos a hombres, intimidar a sus posibles parejas y competir con sus supuestas “amigas”. El poder les vale a muchas mujeres para ser unas “machotas” que niegan su femineidad o unas tontas responsables de fortalecer el cliché de que una mujer bonita lo alcanza todo a punta de escote y falda.

No hay pierde, el poder femenino, señoras y señores, siempre ofende a alguien. Si no, pregúntenle a los poderosos y poderosas de Mattel, que han enfrentado tanta controversia con su Barbie Emprendedora. Y eso que viene con tablet.

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