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Natalia Vodianova, la cenicienta moderna

Revista FUCSIA

Natalia Vodianova, la cenicienta moderna Foto: AFP

Es una de las caras más cotizadas en el mundo de la moda y su historia de éxito tiene todos los ingredientes de una versión de un cuento de hadas: de vendedora ambulante pasó a ser imagen de marcas como Calvin Klein y Gucci, y su príncipe azul es Antoine Arnault, heredero del imperio LVMH.

A sus 32 años, Natalia Vodianova ha alcanzado el estatus de la “Supernova de la moda”. El título no solo se debe a un afortunado juego de palabras que rima con su apellido sino a que sin duda ella es toda una “explosión estelar”: un día estaba vendiendo frutas en las calles de una ciudad rusa, a 25 grados centígrados bajo cero, y al otro ya había ganado un contrato millonario con Calvin Klein.

Según los listados de Forbes es una de las mejor pagadas de la industria, y en 2012 esa revista registró que sus ganancias eran cercanas a los 9 millones de dólares. Por si fuera poco, hace tres años, luego de un mediático divorcio, empezó una relación con el hijo de Bernard Arnault, fundador del conglomerado de lujo LVMH, valorado en aproximadamente 40.500 millones de dólares, que cataloga a Arnault como uno de los hombres más ricos de Europa.

Ella y Antoine, que a su vez es la cabeza de la marca Berluti, acaban de tener un bebé y son reconocidos como una de las parejas más poderosas del mundo de la moda. Natalia es además una filántropa consagrada: no siguió el patrón de otras figuras que esperan el declive de sus carreras para dedicar más tiempo a la caridad: desde los 22 creó la Naked Heart Foundation, dedicada a las necesidades de los niños de su país. Sin duda un cuento de hadas con un desenlace feliz. El año pasado, por ejemplo, la modelo recibió el Inspiration Award, honor que otorga la diseñadora Diane von Fürstenberg a “mujeres de extraordinario valor en medio de la adversidad” y que en otras categorías han obtenido, entre otras, Íngrid Betancourt y Oprah Winfrey.

Vodianova supo darle un vuelco a su destino. Cuando tenía 2 años su papá abandonó el hogar luego de enlistarse en el ejército ruso, antes del colapso de la Unión Soviética. Su mamá se vio en la necesidad de asumir más de tres trabajos, incluido el de aseadora en el colegio de su niña, a quien molestaban por ser en extremo pobre y flaca. Luego tuvo una serie de padrastros alcohólicos y maltratadores que hicieron su situación aún más desesperante. Pero le llegó la felicidad de tener dos hermanas, pese a que la mayor nació con parálisis cerebral y autismo, por lo que Natalia se entregó de lleno a sus cuidados. Los médicos se referían a la niña como un “vegetal” y vaticinaban que no superaría los 10 años, aunque hoy tiene 26.

Para colaborar con los gastos de la casa, Natalia empezó a vender frutas en una especie de mercado negro dominado por la mafia, en las calles más peligrosas de su natal Nizhny Nóvgorod. Su belleza estaba oculta detrás de las prominentes ojeras, producto de sus jornadas de 12 horas de trabajo. En aquel entonces su abuela, una mujer estricta, golpeada por la Segunda Guerra Mundial, se convirtió en su primer ícono del estilo, pues se encargó de enseñarle modales, coserle vestidos y prohibirle que se depilara las cejas con la convicción de que eran su mayor atributo.

Cuando su mamá volvió a involucrarse con otro mal tipo, Natalia, ya de 16 años, decidió irse a vivir con una amiga con quien continuó atendiendo su puesto ambulante. Su novio de aquella época asistía a una escuela de modelaje e invirtió sus ahorros en la matrícula de la joven, pese a la incredulidad de esta: “No tenía tiempo para soñar”, comentó alguna vez. Sin embargo, por el primer show en el que participó ganó 50 dólares, más de lo que lograba trabajando como vendedora en un mes, y tuvo la oportunidad de presentarse ante un agente que estaba en busca de nuevos rostros. “Había como 100 niñas en fila y este hombre las miraba una por una. Eso me pareció humillante, me recordó cuando la gente revisaba las frutas para ver si tenían algo podrido”, contó a la revista Vanity Fair. Natalia decidió marcharse y esa altivez, mezclada con inocencia y sensualidad, llamó la atención del cazatalentos que la llevó a probar suerte en Moscú, antes de que las puertas de París se abrieran para ella. Su agencia incluso pagó la deuda que su mamá tenía con la mafia.

Al poco tiempo no solo conquistaba las pasarelas sino el corazón de un aristócrata inglés de 31 años, llamado Justin Portman. Al cabo de cinco meses ya esperaban al primero de sus tres hijos. Natalia escasamente había superado la mayoría de edad y solo dos semanas después de dar a luz estaba desfilando en 40 pasarelas entre Londres, Nueva York, Milán y París. Marc Jacobs y Gucci la buscaron para sus campañas y a los 21 años Calvin Klein, quien comparó su glamour con el de Jacqueline Kennedy Onassis, hizo de ella su musa. Ha seguido sumando contratos con L’Oréal, Guerlain, Louis Vuitton, ha diseñado colecciones para marcas de accesorios y ropa interior y además incursionó en el cine: es la hechizante Medusa de Furia de titanes. Lógicamente su éxito benefició a su familia, y a aquel exnovio que la convenció de modelar le agradeció con un Mercedes.

En 2004, la masacre en la escuela rusa de Beslán, en la que perdieron la vida cerca de 200 niños, la impulsó a lanzar su Naked Heart Foundation, que ha construido más de 120 parques, en su mayoría en territorio ruso. “Por haber crecido en la pobreza, Natalia entiende la importancia del juego y las devastadoras consecuencias de la privación de una necesidad tan básica, que no es un lujo en la infancia, pues a quienes han sufrido un trauma o viven en situaciones difíciles les brinda el desarrollo del pensamiento positivo y la oportunidad de escapar de la violencia y la desesperación.

El hecho de haber cuidado de una hermana con necesidades especiales, sin contar con un lugar seguro para llevarla a dar sus paseos, la motivó a crear instalaciones para menores con distintas capacidades y a desarrollar un nuevo programa con el objetivo de facilitarles a sus familias el acceso gratuito de servicios y el apoyo de especialistas”, explicó a FUCSIA Margarita Sachkova, portavoz de esta iniciativa. Vodianova no solo cambió el rumbo de su propia vida. Así es como el brillo de la “Supernova” se hace más evidente.

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