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Pharrell Williams, el nuevo dueño de la felicidad

Pharrell Williams, el nuevo dueño de la felicidad Pharrell Williams, el nuevo dueño de la felicidad

No solo es un exitoso productor y cantante. También es dueño de un estilo particular y de una marca de ropa encargada de crear hits que se los rapan de su tienda. Música, moda y arte, la trinidad que invoca un hombre que vuelve oro todo lo que toca.

¿Qué es la felicidad? Un sentimiento, una emoción que sacude el cuerpo y se exhala en forma de sonrisas. Un nuevo par de zapatos. Un beso, un orgasmo, un día soleado. ¿Qué es la felicidad? Este emoticón: “”. “El estado de ánimo que se complace en la posesión de un bien”. Tener salud. Algo para comer y un lugar donde dormir. Un invento. ¿Qué es la felicidad? Es… una canción de Pharrell Williams. Happy: “Because I’m happy/Clap along if you feel like a room without a roof/Because I’m happy/Clap along if you feel like happiness is the truth”. Quizás la canción de este músico nacido en Virginia Beach, en Estados Unidos, sí sea la verdadera felicidad.

Lanzada en noviembre de 2013 como parte del soundtrack de la película animada Mi villano favorito 2, y posteriormente ilustrada y envenenada con uno de los videos más interesantes e interactivos producidos al menos en los últimos dos años –que pretendía ser el primer video musical de 24 horas en el mundo, mostrando, en una plataforma virtual llamada 24hoursofhappy.com, mucha gente feliz cantando y bailando–, la canción se convirtió en una sensación planetaria.



El track, una mezcla rítmica llena de gospel y aplausos, es una suerte de libro de autosuperación, un salmo espiritual sustancioso, corto, bailable y sabroso; algo que soñarían con alcanzar Paulo Coelho o Deepak Chopra, una realidad que casi saboreó en los años noventa Bobby McFerrin con su Dont Worry, Be Happy!, pero que nunca alcanzó los niveles de este hit maquinado por Pharrell, que fue el número uno durante varias semanas y vendió más de 5,5 millones de copias solamente en Estados Unidos. Happy.

Hijo de una profesora y un maestro de obra, Williams desarrolló desde pequeño una gran habilidad musical, sobre todo a través de la percusión y el piano. Auténtico y siempre confiado en sus propios criterios, este chico, amante de los sonidos de J Dilla, Michael Jackson, Marvin Gaye y Stevie Wonder, fundaría a sus 19 años, junto con Chad Hugo, su amigo saxofonista, la banda The Neptunes, desde la cual, poco tiempo después, estaría creando algunos de los éxitos radiales más importantes de artistas como Nelly y Jay Z.

Para el año 2003, a sus 30 años, Williams y Hugo, dándole salida y desborde creativo a sus ideas musicales y sus sonidos llenos de beats secuenciales y falsetes, serían los generadores del 43 por ciento de todas las canciones que sonaban en las estaciones radiales norteamericanas. Pharrell es el responsable de los susurros lascivos de Britney Spears en Boys; la voz dulce que acompañaba el sonido vertiginoso de Snoop Dogg en Beautiful; el dueño del corito en Frontin’, de Jay Z; el amo de la batería en Señorita, de Justin Timberlake, y el chaperón de Madonna en Give It To Me. Que Pharrell produzca o cante una canción de algún artista significa que este ha alcanzado lo más alto de su carrera o que será el nuevo sonido caliente del pop o el R&B mundial.

“Era el chico detrás o junto a la estrella, más que la estrella misma. Mis años de formación fueron junto a Jay Z, Justin Timberlake y todos esos reyes. Aprendí de los maestros en la música y en el arte”, le confesó Pharrell a principios de este año a la periodista Lynn Hirschberg en una entrevista para W Magazine, advirtiendo que el suyo había sido un trabajo de escudero, de esa suerte de Sancho Panza que acompañaba a los músicos y talentos prodigiosos a hacer verdad sus propias locuras. “Pharrell es una persona muy cool, centrada y con los pies en la tierra, que se toma su tiempo para pensar y para hablar con la gente. Es un tipo humilde y definitivamente un hombre de avanzada, capaz de sentar tendencias, toda una influencia no solamente para la música y el arte en general, sino para la moda”, advierte Richard Lara, gerente de la tienda de ropa que tiene el cantante en Nueva York y que conoce de cerca al “moreno de oro”.



Sus lecciones, bien aprendidas en el mundo de la música, pronto lo llevaron a una nueva obsesión: traducir sus beats particulares a vestidos y atuendos igualmente excepcionales. Creó así su propia marca de ropa llamada Billionarie Boys Club en 2004, junto al diseñador japonés Nigo, para idear piezas que ayuda a diseñar y a las que aporta conceptos creativos.

“Pharrel da las ideas a los diseñadores y si se enamora de una prenda pide que se la diseñen para usarla. De hecho, una de las chaquetas que más funciona en la tienda fue concebida por él, tomando como referencia una que tenía del creador belga Martin Margiela”, cuenta Lara. Sus incursiones en el mundo de las formas y el color hecho ropa lo han llevado a colaborar con una larga lista de diseñadores y marcas que van desde la street wear a la haute couture. Desde gafas creadas junto a Marc Jacobs, joyas para Louis Vuitton, perfumes para Comme des Garçon, pasando por líneas enteras de ropa diseñadas junto a Mark McNairy, hasta llegar a colaboraciones con Adidas y Uniqlo.

“Su estilo, sin embargo, permanece ecléctico y pulido. No podría definirlo como street wear. Él se pone lo que sea y es capaz de mezclar los universos más formales con los más callejeros, tiene mucho estilo, uno propio, lo que lo ha convertido definitivamente en un trendsetter (pionero)”, puntualiza Lara.

Pero la moda no solo ha sido la responsable de unos cuantos millones de más en su abultada cuenta, sino que precisamente fue una elección estilística, la escogencia de un sombrero, lo que terminó de catapultarlo como un ícono. El accesorio que le compró Pharrell a Vivienne Westwood varios años atrás en Londres y que había usado en ciertas ocasiones, incluso en shows televisivos, se convirtió en signo del “nuevo Pharrell”.




El gorro, que apareció por primera vez en la colección otoño/invierno de la diseñadora inglesa en 1982, inspirado en los sombreros de copa alta usados por las cholas peruanas, adquiría el nombre de “sombrero búfalo” debido a que fue presentado por la diseñadora en un desfile llamado Buffalo Girls (Nostalgia of Mud). Durante la ceremonia de los Grammy, el sombrero de Pharrell (que incluso tiene su propio Twitter @Pharrelshat) generaría, por encima de su actuación y sus premios, el ruido necesario para que fuera coronado, finalmente, como el nuevo chico a seguir en materia de moda. El muchacho petizo y de ojos rasgados dejaría de ser un talentoso acompañante y comenzaría a ser el protagonista de la historia.

“El público, los fanáticos, los consumidores, las audiencias, elevan a estos personajes a la grandeza al aceptar sus productos como una señal de algo especial. Y el tema depende, simplemente, del hecho de estar en el lugar adecuado en el momento adecuado de la historia”, responde Ellis Cashmore, profesor de cultura, medios y deportes de la Universidad de Staffordshire y autor de varios libros, entre ellos The Black Culture Industry, a la pregunta de si Pharrell se ha convertido en un ícono de nuestro tiempo.

“Él tiene sus dedos metidos en muchas tortas, eso significa que ha expandido sus intereses deliberadamente hacia la moda, la música y otras áreas relacionadas, un comportamiento que lo ha llevado a ser nombrado como un hombre del Renacimiento (expresión americana para referirse a una persona con múltiples talentos o conocimientos) –explica Cashmore y agrega–: Es miembro de lo que yo he llamado la ‘Segunda Generación del hip hop’. Antes de que los artistas afroamericanos fueran estafados por la industria de la música, predominantemente blanca, e incluso antes de que hubiesen montado su propios sellos disqueros y de haber estafado con estos a los artistas negros, estuvo Russell Simmons –el dueño de Def Jam Recording– quien cambió el discurso: en lugar de confiar en empresas de blancos, creó sus propias compañías y diversificó su negocio hacia la ropa, la producción y las películas. En otras palabras, cambió la industria y otros siguieron su ejemplo”.

Los artistas negros decidieron entonces que si querían ser exitosos no debían confiar únicamente en el canto, la composición, la producción o cualquier creación artística única, sino practicar la mayor cantidad posible de todas estas. “Pharrell, como muchos otros después de Simmons, ha hecho esto. Así que si eres negro en Estados Unidos y quieres ser exitoso en el negocio de la música, tienes que ser un hombre del Renacimiento”, concluye el profesor Chasmore. Pero para hacerle justicia, más que este rimbombante título, hay uno que de verdad se le ajusta: el de nuevo dueño de la palabra “felicidad”.

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