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Las blancas heridas de la plata

Revista FUCSIA

Las blancas heridas de la plata Foto: Camilo George

La platera Alexandra Agudelo, le abrió las puertas de su taller a Fucsia, para que el más lujoso universo de la moda conversara con sus objetos artesanales que han desafiado las maneras como se entendía este metal y que hoy son celebrados en el mundo.

Las heridas no hay que esconderlas, son los rastros de nuestra vida. Así como las arrugas de la piel delatan las alegrías y las tristezas, un quiebre en una vasija o una aspereza en la superficie de una joya hablan de los recorridos creativos de ese artefacto. Los errores y las grietas dejan de ser escondidos y se convierten en la celebración de lo puro, de lo aleatorio, de lo accidental. Esa convicción moviliza a Alexandra Agudelo, artesana de corazón que, lejos de las demandas de brillo y suavidad, perfección en la línea y acabados redondos que heredamos de la tradición de platería europea, decidió llevar este metal a un lugar insospechado, incómodo.

¿Por qué olvidamos de repente toda la tradición orfebre que alentó la vida ritual de nuestros antepasados indígenas?, ¿por qué fueron borrados de la memoria colectiva los orfebres de la Colonia que crearon con sus manos objetos para la evangelización? Esas no eran preguntas propias para una odontóloga que se había desempeñado toda la vida en el mundo de la publicidad; eran preguntas naturales y legítimas para la incipiente estudiante de la Escuela de Artes y Oficios Santo Domingo, que presenció cómo la plata pasaba de sólida a líquida en un crisol, para luego volver a tomar la forma de lo concreto, y quedó confundida y maravillada con esa especie de alquimia. Le dijo adiós a su pasado y tiñó su corazón con el color de la plata, un color que, descubriría con el tiempo, no es gris sino blanco.


foto: Camilo George/15

En sus primeros ejercicios como orfebre, y a pesar de que la academia la reprendió, empezó a liberar la plata del cobre, un metal con el que tradicionalmente se busca darle mayor dureza. Empezó un desafío numérico, químico. Usó primero plata ley 925, que tenía 92 partes de plata y el resto de cobre, luego subió el porcentaje. Ella quería retar el material, lograr maleabilidad, así que además pasó de usar plata 950 a 975. Se trataba de transgredir los límites hasta llegar a plata pura. Cuando un porcentaje tan alto de plata se somete a fuertes ráfagas de calor, las partículas emergen a la superficie y, lejos de lo esperado, aparece un color blancuzco, que normalmente la lija doma y doma hasta sacarle un brillo grisáceo. Ella se enamoró de la pureza de ese blanco.

Después, vio que esos bordes inmaculados y perfectos que todos los alumnos de su clase perseguían con tanto ahínco no eran más que la réplica de modelos conocidos. Alexandra, por el contrario, estaba encantada con las formas orgánicas, asimétricas e imposibles de prever que emergían del torno. Sin que nadie lo advirtiera, empezó a desarrollar piezas utilitarias en plata que desafiaban todo lo que se suponía debían tener. En lugar de buscar superficies planas y lisas, se hizo a un par de martillos y a esas láminas gruesas empezó a cincelarlas, a domarlas, a escribir con golpes un lenguaje que pronto los expertos en diseño, luego en arte, celebrarían.

En la Escuela de Artes y Oficios, los estudiantes tenían la oportunidad de mostrar las cosas que habían hecho en los talleres, y entre todos los objetos que Alexandra tenía dispuso con especial cuidado una pieza que se había dañado en el torno, pero que a sus ojos había creado un acabado único. Nadie le compró nada, solo su marido, que se llevó un par de mancornas para alentarla. Con los días, sin embargo, recibió una llamada particular. Lina Moreno, la primera dama de la nación de entonces, había decidido que esa vasija extraña, accidentada, era el regalo ideal para la Reina Sofía, de España. “Después de ese espaldarazo que me llenó de confianza, hicimos dos piezas más que mandamos al premio Lápiz de Acero, y sin que nadie lo sospechara, ni yo misma, nos lo ganamos y ahí empezamos a volar”, cuenta Alexandra.


foto: Camilo George/15

Luego vino una vitrina de exhibición en el marco de Expoartesanías y ahí compradores anónimos empezaron a reconocer el valor de sus desafíos. Un valor que trascendería fronteras y que la llevaría -gracias a los elogiosos comentarios de Jorge Lizarazo- a oídos de la galerista Cristina Grajales, quien se encargaría, desde Nueva York, de que sus productos encontraran otros ecos en el mundo.

En su taller, un universo de utensilios pesados y en el que el golpeteo del cincel parece marcar el pulso, Alexandra labra piezas para exposiciones y por encargo. Una sola vuelta del martillo sobre la lámina de metal puede durar una hora y media y un platón ancho puede requerir cientos de ellas. Ahí, en ese espacio en donde los objetos se tratan como joyas y la fuerza parece ser un mandato, las inspiraciones vienen insistentemente del Museo del Oro porque como ella misma confiesa, “los precolombinos fueron excelente orfebres”.

Esa tradición la combina con los saberes heredados de los artesanos de la Colonia
, un acervo que desapareció cuando se separaron el ”pensar“ del ”hacer“. Por eso, lo que ella persigue con pasión es que sus objetos hablen de nuestra cultura, que cuenten nuestra historia. “Solo en la medida en que recuerden el pasado se pueden volver universales. Estos son objetos cuya mayor especialidad es la huella ancestral que los habita”, confiesa la artista, que está comprometida con rescatar ese legado para que más plateros lo pulan, lo transformen y experimenten con él. Justamente este impulso la llevó a crear la exposición Tras la Celosía, que se muestra por estos días en el Museo Santa Clara de Bogotá.


foto: Camilo George/15

Alexandra Agudelo, quien parece feliz recreando una imagen de ella misma siendo ya una viejita y aún siendo una juiciosa platera, tiene entre sus retos lograr el color, enchapes en oro, esmaltes, oxidaciones, espátulas han sido sus pequeños triunfos sin que todavía consiga esos tonos de la pintura con los que sueña teñir la plata. Mientras tanto, y con el ímpetu de la que ha encontrado su destino, sigue explorando y dándole formas a la dureza de la plata como si se tratara de una cerámica... el color ya vendrá a sorprenderla.

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