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¿Quién dijo que 'fotogénica' es un piropo?

Julia Londoño Bozzi

¿Quién dijo que 'fotogénica' es un piropo? Foto: Ingimage

Las tías me dicen que soy fotogénica cuando ojean las fotos del bautizo o el matrimonio de alguien; las amigas me escriben pidiéndome que baje de Facebook alguna foto en la que creen haber salido feas y dicen: “Claro, como tu siempre sales linda”.

Me pasa todo el tiempo. La gente que solo me conoce a través de las fotos de las redes sociales me mira con recelo cuando me conoce “en vivo y en directo”, y al final dejan escapar algo así como “te ves diferente en las fotos”.

Una compañera de oficina se burla de mi carné empresarial porque aparentemente a la de la foto no le hace justicia la ‘yo’ de carne y hueso.

Miro mis fotos y me veo a mí misma, nada más ni nada menos. Ahí estoy, mirando al infinito con cara trascendental, en el río Ganges, allá salgo con cara de boba en una fiesta de hace tres años, en la otra estoy con el resto del equipo de mercadeo, con un look deportivo, tal vez un poco pálida.

Pero aparentemente, la que sale en las fotos no soy yo: es una mejor versión de mí, más simpática y sin duda más bonita.

Yo pensaba que, como todo el mundo, subía a las redes las fotos más o menos bonitas, pero parece que algunos creen que antes de subirlas las retoco, que poso con más prevenciones que Julio Iglesias (de quien dicen que se deja tomar fotos desde un solo ángulo) y que las cámaras y yo tenemos un pacto secreto.

Entro a Instagram y ahí está la impostora: noto que está casi siempre de frente, aunque no hay muchas selfies. Es sociable la de las fotos, a juzgar por la serie de caras que aparecen a izquierda y derecha, y le rehúye a las fotos de perfil, eso sí, porque no encontré una sola, pero en esencia se parece muchísimo a mí, podría jurar que esa soy yo.

Narizoncita, de ojos negros y chiquitos, pelo liso y cachetes generosos, ahí estamos en la Maratón de San Francisco con cara de frío, en Monserrate frunciendo el ceño por culpa del sol, y haciendo jeticas con boca de pescado y sonrisa fingida en la casa de cualquier amigo, lo normal. ¿Me vieron un domingo cualquiera con cara de gripa tomando café? Si creen que esa es más bonita que yo, estoy fregada.

Cejas despelucadas, frente amplia, cuello largo, orejas levemente más grandes de lo que quisiera, soy yo, soy yo, no seré regia pero tengo cara de buena onda, luzco un poco inocentona, pero me reconozco en la sonrisa repetida.

Excepto porque ustedes siguen insistiendo en que yo soy superfotogénica; no crean que no entiendo bien lo que me están diciendo, que ni crea que yo no soy esa, que ya quisiera ser así, que ¡a quién creo que engaño cuando me porto como si me viera como la de la foto!

Y encima de todo, cuando me dicen que soy fotogénica me miran como si fuera un piropo y tuviera que dar las gracias. Entiéndanlo de una vez, cuando a uno le dicen fotogénico le están diciendo pretencioso, impostor, lo están acusando de deshonesto y comparando con esas fotos de hamburguesas deliciosas que aparecen en los drive thrus y que siempre decepcionan, con el afiche divertido de una comedia malísima o con cualquier oferta de televentas. Farsante, me están diciendo en pocas palabras.

Así que no, fotogénica no es un piropo, saquen al adjetivo de la lista y dejen de decirlo con tono amable.

A punta de oírlo están por convencerme de que hay otra que no soy yo a la que debería tenerle celos, ya hasta cambié las fotos de mis perfiles de Facebook, Instagrarm y Twitter por fotos de caricaturas, así nadie me puede acusar de impostarme a mí misma.

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