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Policarpa Salavarrieta (Guaduas 1790-1796, Bogotá, 1817)

Policarpa Salavarrieta (Guaduas 1790-1796, Bogotá, 1817) Policarpa Salavarrieta
“¡Pueblo de Santa Fe! ¿Cómo permitís que muera una paisana vuestra e inocente? ¡Muero por defender los derechos de mi patria! ¡Dios eterno, ved esta injusticia!”, fueron las palabras que La Pola pronunció antes de recibir la descarga de los fusiles de los soldados realistas. Luego de un Consejo sumario, La Pola, junto a 15 compañeros, fue ejecutada el 14 de noviembre de 1817. Nacida en Guaduas, en el seno de una familia modesta, en 1802 perdió a sus padres y a dos hermanos en la peste de viruela. Aprendió el arte de la costura. Pero fue en Guaduas donde se unió a la insurgencia. A la capital llegó con su hermano Bibiano, con salvoconductos falsos. Por recomendación de los líderes llaneros fue alojada en la casa de Andrea Ricaurte y Lozano. En la ciudad, Policarpa ganó confianza en distintas casas de la élite, gracias a su simpatía y juventud.

El oficio de costurera le permitió desarrollar tareas de espionaje, escuchando conversaciones sobre movimientos de tropas y armamentos de los ejércitos realistas. Cumplió tareas clandestinas, reclutando soldados y recogiendo pertrechos para las tropas revolucionarias. En el ruedo de sus faldas trasladaba cartas, documentos y periódicos que informaban sobre los avances de los soldados. La delató la captura de Alejandro Sabaraín, quien guardaba una lista de realistas y patriotas que La Pola le había dado. Esto confirmó las sospechas de su participación en la fuga de varios presos de la cárcel, entre ellos, Ambrosio Almeyda.

Fue capturada en casa de Andrea Ricaurte y Lozano, y confinada en uno de los calabozos del Colegio Mayor del Rosario, convertido en cuartel militar. Es la más popular de nuestras heroínas. Su coraje y principios inclaudicables la convirtieron en un icono de la República. Aunque le ofrecieron perdonar su vida a cambio de que delatara a sus compañeros, prefirió el martirio. La Pola muy pronto se convirtió en leyenda, casi en un mito. La escena de su muerte es de las más ricas de nuestra iconografía. En el centro de Bogotá se conserva un busto en su nombre, en Guaduas hay una casa-museo, y hace 15 años, para el bicentenario de su nacimiento, su imagen revolucionaria fue estampada por el Banco de la República en los billetes de 10.000 pesos.

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