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Los senos deberían ser liberados

Revista FUCSIA

Los senos deberían ser liberados Los senos deberían ser liberados

¿Por qué los hombres pueden quitarse las camisas y las mujeres no? No debería darnos vergüenza. Bajo esa premisa, una fotógrafa británica invitó a muchas mujeres a mostrar su pecho y sus historias en un libro.

Nuestra cultura es ambivalente: por todos lados pueden verse fotos de tetas, pero en algunos círculos no está bien que una mujer amamante a su bebé en público”. “Recientemente mi hijo me preguntó: ‘¿Por qué los hombres pueden quitarse las camisas y las mujeres no?’. La única respuesta que se me ocurrió fue: ‘¿No es eso ridículo e injusto?’”. “Quiero que la gente me respete por ser una persona, no por tener partes de un cuerpo con las que quieren hacer cosas”. “Los senos son hermosos y simbolizan nuestra esencia como cuidadoras y creadoras. No deberían darnos vergüenza. Necesitan ser liberados”.

Esas frases fueron pronunciadas por mujeres anónimas entre los 19 y 101 años. Sus caras no se ven, y tampoco sus nombres son revelados. Lo único que se exhibe en el libro Bare Reality (Realidad desnuda) son sus pechos, tal y como son, sin borrar las cicatrices ni las líneas de la edad; un collage visual que en principio genera extrañeza, pues no se ven como los que imperan en los medios y a los que se han acostumbrado los ojos.

Durante dos años la fotógrafa británica Laura Dodsworth se dio a la tarea de capturar las imágenes de 100 torsos al natural y los relatos más íntimos de sus poseedoras: “Vemos senos por doquier, en revistas, en la televisión, en Internet… Sin embargo, los reales son tabú, escondidos debajo de la ropa y el brasier. Quedé fascinada con la dicotomía que hay entre cómo son presentados para el consumo público, versus cómo nos sentimos frente a ellos en privado”, explicó a FUCSIA la autora. “Cuando era joven no pensaba que los míos se ajustaran a los que encontraba en el cine y el porno. Es común que uno se sienta inseguro acerca de cómo luce, pero no creo que la apariencia haya estado bajo tanta presión como ahora. El arte siempre ha honrado a mujeres y hombres tomándose libertades para cumplir con los estándares de la época, solo que hoy en día el retoque está más extendido que nunca. Si incluso las modelos necesitan de Photoshop para ser ‘perfectas’, si ni siquiera ellas lucen como modelos, ¿qué puede esperarse para las demás?”.

En medio de esa variedad de formas, tamaños y tonalidades evidente en su obra, están los testimonios de personas tan diversas, desde la trabajadora social y la monja budista, hasta la bailarina erótica y algunos miembros de la comunidad transgénero, que revelaron cómo ha sido habitar sus cuerpos. “Los míos son chiquitos e insignificantes”, “Me apodaban ‘huevos fritos’”, “La manera en que las mujeres lucen en la pornografía afecta lo que los hombres esperan”, se quejan algunas de sus entrevistadas.

Otras protestan por todo lo contrario: “Tengo un gran par de melones”, “Hay vestidos hermosos de Dior, Versace… lo que sucede es que tienes que ser pequeña para que te queden bien”, “Las tetas grandes son vistas como algo increíble, cuando en realidad causan un dolor extremo”, “A mis 13 años ya era copa C y odiaba los comentarios. Era muy jovencita para manejar la situación”, “He estado probando las citas online y una vez conocí a un tipo que me dijo: ‘¿Por qué no mencionaste en tu perfil que tienes pechos grandes?’ Uno no le pediría a un hom bre que publicara fotos de su pene”.

Están las que se maravillan de la labor que cumplen los suyos: “Los senos son como bolas de cristal. Sabían que mi bebé estaba despierto y la leche empezaba a salir antes de que él hubiera gemido”. También las que no lograrán estar satisfechas: “Barbie es perfecta. Los hombres normalmente van detrás de las mujeres voluptuosas y quiero ser tan atractiva como sea posible”. Y las que finalmente se han convencido de que “los cuerpos lucen diferentes y deberían ser celebrados en lugar de conformarnos con una única imagen”.  

“Los senos no representan lo mismo para todos”
, señala Laura al referirse a las razones que la llevaron a realizar un proyecto que se enfocara en esta parte del cuerpo. “Su propósito primario es alimentar. A la vez, en la cultura occidental son considerados el atributo sexual más relevante, nuestra tarjeta de presentación al respecto.


'Bare reality'.

Para unas, simbolizan maternidad y para otras pueden ser zonas erógenas o causar frustraciones, inconvenientes y hasta problemas de salud. Lo que es claro para mí es que este proyecto es, en últimas, una búsqueda por encontrar lo que significa ser mujer. Son catalizadores de la conversación acerca de la experiencia de nuestra feminidad”.

Incluso, la fotógrafa entrevistó a una judía centenaria que a través de su busto le dio un repaso a la historia. Del susto, por culpa de Hitler, dejó de producir leche para amamantar a su hija, y luego, a los 52 años, le detectaron una masa mamaria: “En esa época no hacían biopsias; si existía un bulto, había que quitarlo todo. Y resultó que era benigno. Pude tomar acciones legales porque me desfiguraron, pero a mi esposo no le importó. ‘¿Dejarías de quererme si perdiera una pierna?’, me dijo. ‘Claro que no’, le respondí. Tuvimos un matrimonio feliz”.  

Para la fotógrafa, las palabras de las víctimas de cáncer de seno fueron especialmente conmovedoras,
por lo cual las ganancias de la venta de la publicación serán destinadas a una fundación que trabaja en la prevención de esta enfermedad. “Tus pechos pueden matarte y dar vida. Cuando mi madre murió y cuando tuve un bebé descubrí que tenían un propósito”, le contó una de sus protagonistas. “Perdí la confianza desde la mastectomía. No me siento como una verdadera mujer”, le admitió otra de ellas.  

Laura reconoce que además del hecho de ser mujer, fotógrafa y feminista, su propia experiencia la motivó a realizar este trabajo. Aunque confiesa que su padre fue una influencia positiva en su formación, lo describe como un hombre con problemas de adicción al sexo. “En el carro tenía un cojín rosa de satín con la imagen de una chica sexy, sonriente, con pechos enormes; un tótem de la feminidad idealizada. Esa fue para mí una poderosa y temprana introducción al rol de la mujer, que la cultura siguió reforzando a medida que crecía”.


Laura Dodsworth

Tener una charla tan honesta con 100 extrañas no solo la ayudó a entenderse sino a aceptarse y quererse más. “Hasta mis senos son más erógenos de lo que solían ser. He podido definir lo que es ser mujer en mis propios términos”. Ya con ese logro personal su ejercicio habría valido la pena. Aun así, conocer el impacto que Bare Reality ha tenido en sus congéneres le demostró que son muchas las que necesitan mirarse cómodamente en espejos más reales: “Mientras más mujeres cuenten sus historias de cómo se sienten, tanto las maravillosas como las difíciles, habrá un diálogo más abierto”, le expresó una de sus retratadas.  

La artista advierte que “no se trata de dejar de apreciar la belleza. Por qué no habríamos de hacerlo, si es la naturaleza. Lo que necesitamos es expandir nuestra idea de lo que es hermoso”, concluye. “Así es como lucimos y así es como nos sentimos”. 

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