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Refinadas transgresiones

Revista FUCSIA

Refinadas transgresiones Foto: AFP

Estos son los diseñadores que marcan los nuevos destinos del lujo en el mundo. Lejos de los patrones del pasado, no están tan complacidos con las normas y suelen sentar críticas posiciones sobre lo tradicional y lo clásico. Aunque hoy uno de sus vestidos cueste una cantidad indecible de dinero, sus vidas son más bien estrafalarias y divertidas. Aquí, algunas pistas para entender el lujo en la moda de hoy.

Hedi Slimane y la moda según un rockstar

El David Bowie de la moda, un hombre que camina entre los límites y que mezcla medios de expresión como la escritura y la fotografía, es hoy quien maneja los destinos de Saint Laurent, la casa que acogió y comprendió su insolencia.

Fue acaso el sonido desafiante del rock el que invitó a los chicos a vestir de maneras que transgredieran lo canónico. O fue quizá la ropa y la actitud vertida sobre ella la que llevó a la gente a querer hacer sonidos que afectan con poder, fuerza y velocidad los latidos del corazón. Para Hedi Slimane, uno de los más potentes diseñadores franceses de las últimas décadas, no existe un orden entre estos dos universos. Moda y música hablan un mismo lenguaje, existen en una relación simbiótica a través de la cual se devela el ADN propio de la cultura popular. Una cultura de la cual Slimane se ha convertido en ícono, en sinónimo, en rockstar.

Diseñador y fotógrafo, Slimane se ha abierto camino en la vida a punta de ingenio y talento, entendiendo el destino como una suerte de espectáculo que él mismo crea y que no acontece sino se produce. Estudiante de Artes en el École du Louvre y sastre empírico desde los 16 años, Hedi quiso ser un reportero en campo contando aquellas historias que dispara la realidad. La vida, sin embargo, no lo llevaría a usar el papel de un periódico como medio de expresión, sino que la moda y la fotografía serían sus herramientas de comunicación.

Como director de Dior Homme, la línea masculina de la firma francesa, entre 2000 y 2007 Slimane llevó la extensión de marca a lugares de uso sin precedentes y con esto definió el estilo de toda una generación: jeans negros y skinny, las corbatas negras, las chaquetas de cuero cortas. A través de las prendas y de las campañas de la marca no solo sugirió que los cortes más anchos, propios de los 90, habían quedado atrás, sino que además convirtió su trabajo en una suerte de cosmogonía, tal y como lo dice Austin Considine, escritora de The New York Times: “Slimane se hizo conocido porque redefinió la silueta propia de los hombres y la recreó en el mundo del fashion y de la publicidad”.

Después reinventaría su propia vida y la comenzaría a contar en blanco y negro. La fotografía fue entonces el siguiente acto estético de Slimane, quien haciendo gala de su versatilidad y capacidad artística crearía alrededor de sí mismo la mitología de un fotógrafo que retrata en grises el espíritu, la ropa y los rostros de unos cuantos outsiders que han escogido la música y la poesía como su forma de vida. Pete Doherty, Amy Winehouse, Lady Gaga, Phoenix, The Libertines, Kate Moss y Frances Bean Cobain son algunos de los nombres que han brillado bajo su lente.

Así, siguiendo el espíritu y la condición camaleónica de David Bowie, una de sus grandes inspiraciones, se convirtió en un hombre de frontera, en un disidente que es capaz de caminar por varios senderos a la vez: la moda, la fotografía, lo masculino, lo femenino y lo andrógeno, lo juvenil y lo maduro. Apuestas con las que juega libremente como director creativo de una casa que durante décadas ha sido sinónimo de transformación y hasta de subversión: Saint Laurent.


Foto: Veronica Morales Angulo



Mary Katrantzou, la caleidoscópica

Entre palabras tratamos de catalogar universos particulares, vidas expresadas entre telas y tinturas, pero quizá, finalmente, no lo logramos. El léxico no es lo suficientemente amplio como para describir fielmente los pequeños alephs de Mary Katrantzou.

¿Cómo definir un estilo? ¿Es posible hacerlo? El mundo confluyendo en un instante, cien y una historias intersectándose. Vida, viajes y pasajes del creador llegando a un solo punto y yuxtaponiéndose allí. ¿Ecléctico?: el tag no alcanza. ¿Diverso?: la palabra no hace justicia al proceso que vive.

Un vestido. Una historia. Como si fueran páginas, pequeños cuentos ensamblados en un relato mayor, cada vestido y cada prenda dentro de una colección trata de contar a través de la tela, el corte y el color una historia particular que al final deja entrever los caminos mentales, los gustos y las reflexiones de Mary Katrantzou, diseñadora griega que emigró a los Estados Unidos a los 20 años para estudiar Arquitectura, solo para después comprar un tiquete de regreso al Viejo Continente y graduarse de la prestigiosa Central Saint Martins. Allí, en una escuela que es una suerte de Meca para las nuevas luminarias del mundo de la moda y del diseño, profesores, compañeros y eventuales compradores se dieron cuenta del talento de esta chica para crear patrones y diseñar prints. Estampados pensados en un principio para ser usados en telas que decoraban interiores de casas y habitaciones, pero que después vistieron y decoraron el primer habitáculo de todo ser: el cuerpo.

Princesa de los estampados. Ese fue el apellido que le dieron diversas publicaciones a esta mujer, que anunciaba a partir de su técnica y su apuesta que la suya sería una historia que el mundo de la moda recordaría.

¿Qué historia? Una en la que la cerámica y la porcelana, los huevos Fabergé y el tribalismo de las más diversas latitudes se juntan. Un relato que entre imágenes surreales, figurativas o completamente abstractas trata de generar y jugar con aquel concepto del Trompe l’oeil, las ilusiones ópticas y el engaño al ojo.

Ecléctica, disonante y asimétrica, de repente Katrantzou compone dentro de sus mundos surreales simetrías, melodías y orden, todo enmarcado entre vestidos de jersey, con múltiples capas de tela que se convierten en lienzos en donde finalmente los estampados son protagonistas.

Una labor poderosa que la ha llevado a trabajar para marcas como Topshop, Longchamp y Adidas, con la cual ha estado colaborando con sus diseños de ropa y calzado. Una construcción estética y artística que ha motivado comparaciones con grandes nombres de la escena, como Alexander McQueen y Alexander Wang, apellidos que Katrantzou admira, pero de los cuales quiere marcar una distancia, pues lo suyo en esencia no busca parecerse a nada.


Foto: Veronica Morales Angulo


Olivier Rousteing. Una nueva visión de la moda

Balmain desafió toda regla y contrató como director creativo a un jovencito de 25 años que está sacudiendo al mundo con su talento. Esta es su historia.

Ten éxito, sé rico, lógralo rápido, no demores el paso, no te detengas, cambia, triunfa.

Los que pertenecen a la generación de los millennials no quieren tener nada que ver con la espera, la paciencia, el mañana. Como parte de una generación fundamentada en conceptos como la World Wide Web, las startups y el crowdfunding, han sido lanzados a un puro presente que tiene que convertirse en próspero futuro. Y… lo están logrando. Cierran contratos millonarios a los 16 años, manejan audiencias globales con 22, son las cabezas creativas de empresas multinacionales a los 25. Olivier Rousteing es uno de ellos. Un millennial con talento, que habla con desparpajo y dirige con maestría y espíritu avant garde una de las casas de moda más tradicionales de Francia como lo es Balmain.

Con 29 años y proveniente de Bordeaux, Rousteing tiene una hoja de vida con la que muchos tan solo podrían soñar. A los 18 comenzó a trabajar en Roberto Cavalli y a los 25 ya era el director creativo de la casa Balmain, un logro con el cual incluso superó a Yves Saint Laurent, en términos de edad, y que lo convirtió en uno de los directores más jóvenes de una casa francesa de moda.

Si bien estos éxitos tienen mucho de providencial, su talento y capacidad son las herramientas que le han permitido escalar a tal velocidad. “Mi trabajo no es solo diseñar prendas, es también darle una nueva visión a la moda”, le dijo Rousteing, en 2014, a la publicación W Magazine.

Una visión que incluye el sexo como un elemento importante que dispensa fantasías, que entiende la pasarela como un lugar de catarsis y de expresión en donde cada prenda refleja los estados anímicos y vitales de los diseñadores, y que concibe la moda como un sistema, además de estético, terapéutico. Una visión que se desprende además de las ataduras del género y le apuesta al puro deleite de las formas, de los fits y de los colores. Una visión que por último incluye un amor profundo por el cuerpo, de la mujer y del hombre, indistintamente, que lo entiende como un espacio donde se puede ejercer el poder de la creación.

Es, precisamente, a través de esas visiones del oficio que Rousteing ha desarrollado algunas de sus más poderosas colecciones, en las cuales los vestidos estructurados, geométricos, con hombreras y colores neutros han puesto de manifiesto su genio. Armaduras para sus mujeres, a quienes considera unas guerreras, alfiles en pie de lucha dispuestos a poner en jaque a cualquiera, seres desafiantes que buscan lo que quieren y que encuentran en su vestido un elemento que los empodera. Una apuesta que, como se podría esperar, ha resultado extremadamente seductora para mujeres del espectáculo como Rihanna y Kim Kardashian, quienes son unas de sus más asiduas compradoras.


Foto: Veronica Morales Angulo


Conoce al resto de diseñadores que marcan los nuevos destinos del lujo en el mundo:

Roksanda Ilincic y Iris Van Herpen

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